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Zubin Mehta, el director de orquesta indio de 83 años que hará temblar el Teatro Colón

Zubin Mehta y la Filarmonica de Israel
Zubin Mehta y la Filarmonica de Israel

En 1936 hubo dos acontecimientos que no guardaban ninguna relación entre sí. Arturo Toscanini dirigió, en Palestina, el concierto inaugural de una orquesta que había sido fundada allí, ese mismo año, por un violinista polaco llamado Bronislaw Huberman. Y lejos de ese lugar, en Bombay, nació el hijo de Mehli Mehta, un director de orquesta indio, cofundador de la Sinfónica de esa ciudad. Ambos, no obstante, estaban destinados a encontrarse. La orquesta, llamada al principio Filarmónica de Palestina y, más tarde, de Israel, se convirtió en una de las mejores del mundo. Y el niño nacido en Bombay, Zubin Mehta, acabó siendo  el director más fuertemente identificado con ella. 

La orquesta tuvo, desde ya, otros grandes conductores –Toscanini, Leonard Bernstein, Malcolm Sargent y Dmitri Mitroupulos, entre otros– y Zubin Mehta dirigió muchas otras grandes agrupaciones. Pero resulta casi imposible referirse a una sin el otro. Y ambos llegan hoy al Teatro Colón en su última gira conjunta y con una invitada de lujo, Martha Argerich, que esta noche será la solista en el Concierto para piano que Robert Schumann compuso en 1845. Una obra central del repertorio y que, como suele suceder en la historia del arte, se constituyó en un modelo a partir de su ruptura de los modelos. Un concierto que el propio autor caracterizó como “algo entre concierto, sinfonía y gran sonata”. 

Mehta, Argerich y la Filarmónica de Israel en el Concierto de Schumann, el año pasado en Tel Aviv

El programa de hoy a las 20, que el Colón transmitirá además a través de su canal de streaming, incluirá también el Concertino para orquesta de cuerdas de Ödön Pártos –un compositor húngaro, discípulo de Zoltan Kodaly,  nacionalizado israelí y miembro de la orquesta durante años– y la Sinfonía No. 6, en Fa mayor,  Op. 68 “Pastoral” de Ludwig van Beethoven.  Como parte de la misma gira habrá en el mismo teatro otras tres funciones de la Sinfónica de Israel con Mehta en el podio: mañana a las 17 se volverá a escuchar el Concertino de Pártos, junto con la muy poco frecuentada Sinfonía N° 3 de Franz Schubert y la Sinfonía Fantástica de Hector Berlioz; el lunes 29 el programa se conformará con la Sinfonía N° 1 de Gustav Mahler, y la bellísima Sinfonía Concertante de Franz-Joseph Haydn y el día siguiente repetirán  la Sinfonía N° 6 de Beethoven, junto con el Concierto para flauta en Re mayor de Carl Reinecke –con la participación como solista de Guy Eshed–, y La Valse de Maurice Ravel.​

Mehta condujo por primera vez la Filarmónica de Israel en 1961. Ese mismo año se hizo cargo de la Sinfónica de Montreal y en 1962 comenzó su relación musical con  la Filarmónica de Los Angeles y, también, debutó en Buenos Aires conduciendo la Sinfónica del Estado en la Facultad de Derecho. Ya había sido el director más joven en conducir las Filarmónicas de Berlín y de Viena. Tenía apenas 26 años y era una estrella. En 1972 volvió a Buenos Aires al frente de la Filarmónica de Israel, de la que era asesor musical desde 1968, y seis años después regresó conduciendo la Filarmónica de Nueva York, con la que volvió en 1982. En esa ocasión, además de actuar en el Colón lo hizo en el Luna Park, frente a 10.000 personas. Y en 1987 levantó la apuesta: tocó en la calle, en la intersección de Posadas y la 9 de julio. Ese frío 10 de agosto se reunieron para participar del rito unas 100.000 personas. Director Musical de la Filarmónica de Israel desde 1977, en 1981 se lo honró otorgándole el cargo con carácter de vitalicio. Tan detallista en lo musical como hábil en las relaciones públicas y tan afecto al trabajo meticuloso como a los grandes acontecimientos mediáticos, Mehta es, también, uno de los socios fundadores de esa marca llamada Tres Tenores y fue quien los condujo en Roma, la noche antes de la final del Mundial de 1990. 

Zubin Mehta y la Filarmonica de Israel
Zubin Mehta y la Filarmonica de Israel

La contradicción, sin embargo, tal vez sólo sea aparente. Y es que hay algo que hermana la inmensa carrera de Mehta como director “serio” y el gran éxito discográfico logrado con el show de Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras. Algo que, curiosamente, remitiría a una contradicción más. Él, precisamente quien puso al repertorio clásico y sus artistas (aunque no sus modalidades) por primera vez en el centro de la industra del disco, edificó su trayectoria por afuera del mercado discográfico. Si se compara su trayectoria con la cantidad de grabaciones que ha dejado la relación es casi irrisoria. De todos los grandes directores contemporáneos, contando los que ya estaban consagrados cuando él comenzó y aquellos que han surgido en las últimas décadas, él es, por lejos, quien menos grabaciones tiene. Sobre todo si se piensa que algunas de las orquestas que ha dirigido –Viena, Nueva York– han sido estrellas del disco. Eso sí, las poquísimas que hay, son fundamentales: la Turandot de Puccini con Joan Sutherland, Luciano Pavarotti y Montserrat Caballé, la Segunda de Mahler, con Christa Ludwig e Ileana Cotrubas junto con la Orquesta de la Opera Estatal de Viena, una Canción de la Tierra, del mismo autor, con Peter Seiffert, Thomas Hampson y la Filarmónica de Munich y, lejos del último lugar en importancia, las versiones de Gershwin que conformaron la banda de sonido del film Manhattan, de Woody Allen

Entre esos pocos discos, además, la mayoría –incluyendo el famoso de los 3 tenores– reproduce registros en vivo. En la Era del Disco, Zubin Mehta pasó por el costado de varias de sus modas –las integrales, por ejemplo–, dirigió lo que quiso y cuando quiso y, por añadidura, apenas entró a los estudios de grabación. Y, no obstante, cuando lo necesitó, supo usar al disco como nadie y se convirtió en el artista clásico más taquillero de la historia. Lo que queda claro, eventualmente, es que para él sin público no hay música. Y si hay mucho público, mejor. Es evidente, además, que para él está lejos de tratarse de un mero elemento decorativo y ha elegido participar –o ponerse literalmente al frente– de situaciones en que la música fue catalizadora de respuestas comunitarias  significativas frente a situaciones conmocionantes. Dirigió en campos de refugiados y se negó a hacerlo en Sudáfrica, como rechazo al apartheid. Condujo a la Filarmónica de Israel en Belén, durante la Guerra de los Seis Días y estuvo en Tel Aviv en plena Guerra del Golfo, dirigiendo con una máscara antigás colgada del cuello. Y en 1994 ocupó el podio en un concierto en las ruinas de la Biblioteca Nacional de Sarajevo, patrocinado por Naciones Unidas, en el que participaron José Carreras, Ruggero Raimondi, Cecilia Gasdin e Ildig Kamlosi.

Zubin Mehta y la Filarmonica de Israel
Zubin Mehta y la Filarmonica de Israel

Formado en Viena en las clases de Hans Swarowsky, donde fue compañero de Claudio Abbado y director musical de la Orquesta Filarmónica de Nueva York a partir de 1978, Mehta fue también director titular del Maggio Musicale Fiorentino desde 1985 y entre otros reconocimientos ha recibido el Nikisch-Ring, anillo de honor de la Filarmónica de Viena, es Ciudadano Ilustre de Florencia y Tel Aviv, en 1997 fue nombrado Miembro Honorario de la Opera Estatal de Viena y en 1999 recibió el Premio de la Paz y la Tolerancia en el Mundo otorgado por las Naciones Unidas. Y desde un año antes y hasta 2006 fue director general de Música de Baviera y director musical de la Ópera y la Orquesta de ese estado. Y se despide, con estas actuaciones, de la orquesta que, sin saberlo, nació junto con él, hace 83 años. 

* Zubin Mehta, Orquesta Filarmónica de Israel
Sábado 27, lunes 29 y martes 30 de julio, a las 20, y el domingo 28 de julio a las 17. Martha Argerich será la invitada solista del primer concierto.
Teatro Colón – Cerrito 628 – CABA
Streaming: www.teatrocolon.org.ar

 

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