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Turistas en Vaca Muerta: ¿desorden programado?

Marcelo Impembai* / Msc .M.Alejandra Gazzera **

Durante este verano pasado, un turista de Buenos Aires junto a su familia procedente de Villa Crespo se dirige en auto hacia la cordillera neuquina en un recorrido que incluye San Martín de los Andes y Villa La Angostura. A la altura de la ciudad de Neuquén, decide seguir de largo y hacer una escala en Añelo, atraído por el “milagro de Vaca Muerta”.

Comienza a andar por una ruta patagónica que corre sobre la meseta, mientras el GPS sobre el parabrisas marca rumbo noroeste. Deja atrás barrios de casas con patios pequeños y departamentos como cubos de material, sin saber que es el reflejo de las sucesivas olas migratorias que tuvo esta ciudad desde los años 70 en adelante, con un auge notable después de cada crisis de los 80, 90 y, más cercana, del 2001.

Esa tarde, el sol golpea sin encanto ni piedad sobre el pavimento deformado, por el paso de innumerables vehículos de todo tipo. El desarrollo de los denominados no convencionales ha aumento exponencialmente el caudal del tránsito.

Los rayos disuelven conciencias, parabrisas y los borceguíes de un sufrido y joven policía de la provincia de Neuquén, que pasando la localidad de Vista Alegre le hace una seña para que se detenga. Solo le faltaba el cupón actualizado del seguro, y con recomendaciones del caso deja seguir a la familia porteña. No sabían que ese era el límite de una frontera imaginaria. Sería el único y último control sobre el descontrol general que más adelante encontraría.

El que se desata diariamente, sobre una ruta saturada de transportes, camiones, camionetas y autos a altas velocidades, con maniobras siempre al límite y arriesgadas, que van tratando de ganar tiempo.

Al ritmo del fracking

Ese es el costo más preciado del fracking, el tiempo. El tiempo es un bien preciado, sobre un territorio atado a la búsqueda y captura del petróleo escondido entre las rocas a tres mil metros de profundidad.

En todo el recorrido de cien kilómetros, ninguna autoridad que revise, inspeccione o vigile una forma de conducir peligrosa y alienante. Es el ingreso a un mundo controlado por las empresas petroleras. La circulación desordenada y caótica es una condición necesaria. Hay que transportar todo y de todo, en el mínimo tiempo posible. Arena, agua, maquinaria pesada y seres humanos que van o vuelven de trabajar. Un entramado de caminos, una circulación obligatoria para la industria, una aventura para particulares desinformados de este caos organizado.

Una gigantesca e invisible centrifugadora parece dar vueltas frenéticamente, al ritmo que marca una danza llamada Vaca Muerta.

El desorientado y sorprendido turista ve por su espejo retrovisor alguna trompa de una trafic que se le pega detrás de su auto, midiendo arriesgadamente en cada curva las posibilidades de sobrepasarlo. Siempre con las ventanillas corridas, llevando trabajadores petroleros dormitando o yendo a buscarlos cuando finalizaron su turno. El tránsito se va convirtiendo en una carrera contra los turnos de trabajo o las jornadas de descanso. La velocidad la impone el valor del flete de camiones o de las trafics con su carga humana.

Como una rara e imprevista anticipación a la ciudad de Añelo, aparecen las primeras casas precarias sobre terrenos tomados a la barda. Luego un “parking” con los esqueletos de metal de unos vagones abandonados cuyos laterales dicen “Subte de Buenos Aires”.

El viento y un polvo en suspensión reciben a este grupo familiar, que se abate sobre un pueblo desierto a esa hora de la tarde, solo transitado y barrido por la promesa de un tesoro escondido. Casas bajas hundidas debajo del nivel de un pavimento que aún no llegó, y construcciones precarias. Algunos carteles de alojamientos, casas de comida con una oferta repetida de empanadas, pizzas y milanesas. Llegan a la única estación de servicio en el centro del pueblo. Una larga cola, y cuando pregunta por los sanitarios le señala su ubicación, pero le aclaran que no hay agua, por un corte desde el día anterior. Comercios ofreciendo artículos de deporte, electrodomésticos o pasajes en bus, entremezclados sin mucho orden. Algo que escasea por Añelo.

El tránsito sobre calles de tierra no cesa en ningún momento, un movimiento permanente y casi frenético, para los pobladores de Añelo, que sueñan con quedarse con una porción pequeña e insignificante de esa vaca moribunda que todos están tratando de ordeñar antes de nacer.

Dan una vuelta por lo que piensan es el centro cívico. En el centro, una plaza donde abunda el hormigón. Enfrente, una sede municipal en una casilla prefabricada de madera, de un color gris despintado.

“No hay lugar”

Al volver a retomar la ruta, ven a la izquierda un edificio “moderno” y que desentona con el resto. Un cartel en su frente anuncia el casino. Enfrente dos hoteles de una mayor jerarquía con estacionamiento propio. Llegan al primero, que mira desde lo alto de una loma con sus amplios ventanales, y banderas de Argentina e Italia en el frente. Les llama la atención la cantidad de tráileres a un costado. De esos que abundan en Añelo. Son como unas enormes cajas rectangulares de chapa, con una abertura de puerta y otra a modo de ventana. A ninguno le falta su antena de Direct TV o aire acondicionado.

A los por entonces cansados y transpirados turistas, cuando llegan hasta el mostrador llenos de tierra, una joven y amable recepcionista les anuncia que no hay lugar. El establecimiento se encuentra completo durante los próximos treinta días. Con caras de asombro se enteran que la ocupación es en ese momento del cien por ciento, todos con personal jerárquico petrolero. Los trabajadores ocupan los innumerables tráileres próximos y hacen uso del salón comedor.

En Añelo no existe estacionalidad, no hay temporadas bajas o altas. En realidad, todo el año es alta. Las empresas se encargan de reservar en forma permanente sus habitaciones ante la falta de viviendas.

La misma suerte corren con el otro establecimiento. Dos recepcionistas sonrientes les dan la misma respuesta que en el caso anterior. Además, les aclaran que en esa época del año les va a resultar muy difícil conseguir algún lugar disponible para alojarse.

Desanimados, solo les queda dirigirse a Cutral Co. La última alternativa es Zapala, ya avanzada la noche.

El modelo de desarrollo marcado por el ritmo y las necesidades de la actividad y las empresas petroleras encuentran a Añelo sin preparación ni herramientas.

Imaginemos por unos momentos a aquellos turistas atraídos por la prensa que tiene Vaca Muerta, y llegan hasta Añelo y se enfrentan a esta experiencia aquí descripta, repetida continuamente. Cabe preguntarnos si algún estamento estatal desea hacer de esta una ciudad turística, para visitar y continuar a otro destino, o pasar algunos días. Y la segunda pregunta necesaria es ¿cómo y de qué manera trabajar para fomentarla como destino turístico? ¿Hay posibilidades? ¿Estamos a tiempo?

Añelo tiene sustanciales problemas sociales, ambientales, de infraestructura y planificación, antes de ni siquiera pensarse turística.

Los empresarios hoteleros no van a dar importancia a los turistas, si con el hotel vacío las petroleras les pagan igual. Como se mencionara antes, se largó una suerte de “maratón” al denominado desarrollo.

Pero es un modelo por lo menos cuestionable, este desarrollo marcado por el ritmo y las necesidades de la actividad y las empresas petroleras. Lo encuentran a Añelo sin preparación y sin herramientas. Es una ola que va a dejar mal parada a esta ciudad de crianceros y chacareros en peligro de extinción.

El turismo no puede sumarse a este desorden programado. Ni pensarse en la preparación que necesitan los taxistas, mozos, personal de hotelería, comercios, artesanos y otros tantos prestadores de servicios.

¿Alguien se planteó siquiera lo que significa atender a una diversidad tan compleja y heterogénea de turistas? Necesidades sobran, entre ellas la capacitación tanto del personal como también de los gerentes y propietarios, un diagnóstico de infraestructura indispensable y finalmente una evaluación del equipamiento existente y el necesario.

Un tema final es si la actividad petrolera extractiva por medio de la fractura hidráulica -fracking- es complementaria y compatible con el turismo.

*Doctor en Filosofía y Letras (UBA), orientación Antropología; magister en Teorías y Políticas de la Recreación y licenciado en Turismo FATU-UNCo

**Magister en Marketing de Servicios; licenciada en Turismo FATU-UNCo; directora del Centro de Estudios Ceciet-FATU.

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