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Tamara Di Tella, entre el adiós a su imperio del método pilates y el duelo por la muerte de su marido: “Hablo con Torcuato todo el tiempo”

En una de sus primeras apariciones públicas tras la muerte de su esposo en 2016, Tamara Di Tella le abrió las puertas de su casa a Infobae
En una de sus primeras apariciones públicas tras la muerte de su esposo en 2016, Tamara Di Tella le abrió las puertas de su casa a Infobae (Adrian Escandar/)

-El primer año estuve tan deprimida que no me podía levantar de la cama, ni siquiera para ir al baño. El segundo año escribí el libro y ahora estoy (se conmueve)… En este tercer año que estoy saliendo. Mentira, no se sale nunca pero bueno, estoy tratando de salir.

La mujer que por mucho tiempo fue referente del mundo de la vida sana vivió 40 años con el hombre que durante décadas fue sinónimo de vanguardia, de estudios sociológicos, de ciencia política y cultura. Se conocieron cuando ella, todavía dedicada a la vida académica -mucho antes de saber qué significaba la palabra “pilates”-, buscaba un mentor para su tesis doctoral.

Cuatro décadas más tarde, ya sin él, que murió en 2016, Tamara retomó de alguna su espíritu de investigadora y decidió hacer una semblanza de Torcuato Di Tella. El hombre del Instituto Di Tella, de los estudios sobre el populismo, el que renegaba cuando lo asociaban con SIAM la fábrica de su padre; el que fue secretario de Cultura y dijo que todo le parecía “un circo”. Y también su esposo.

“En el mismo instante en que dejó de respirar supe que lo que más iba a extrañar eran sus ideas y sus ocurrencias, siempre agudas, siempre inteligentes, siempre cultas. ¿Con qué iría a salir? ¿Qué iba a decir ahora? Cualquier cosa generaba un comentario inesperado, una interpretación a contracorriente, de esas que lo dejan a uno pensando. Era muy estimulante ver cómo funcionaba su mente y qué idea nueva iba a lanzar. Torcuato me hacía reír”, escribió.

Tamara Chichilnisky de Di Tella nació en Buenos Aires en 1948 e hizo sus estudios en ciencia política en la Universidad de Stanford, Estados Unidos, y en la London School of Economics, en Inglaterra
Tamara Chichilnisky de Di Tella nació en Buenos Aires en 1948 e hizo sus estudios en ciencia política en la Universidad de Stanford, Estados Unidos, y en la London School of Economics, en Inglaterra (Adrian Escandar/)

Con un ejemplar del reciente Mis cuarenta años con Torcuato Di Tella (Editorial Biblos), Tamara Di Tella recibe a Infobae en su casa del barrio porteño de Palermo. Y esboza una sonrisa.

-¿Se puede elaborar un duelo por escrito?

-Cada uno lo hace como puede. A mí escribir un libro sobre su vida me ayudó. Fue muy difícil, lloré, a veces se caían las lágrimas sobre el teclado. Pero me hizo bien, creo que me hizo bien. Mi hija quería escribir el libro en realidad. Pero como ella está terminando su tesis y no puede con las dos cosas. También había un profesor de la Universidad de Roma, Pascuale Serra, que quería hacerlo,y llegó a entrevistar a Torcuato por tres meses. Pero al final no lo hizo, me di cuenta de que él iba a tardar mucho y decidí escribirlo yo misma, porque además como lo conozco yo, a él y a su obra, no lo conoce nadie. Yo fui alumna de él.

-¿Cómo fue aquel primer encuentro?

-Yo quería que él fuera el director de mi tesis doctoral, yo venía desde Estados Unidos, de Stanford. ¡Y así lo conocí! Y terminamos casándonos y teniendo dos hijos. La tesis la escribí y siempre estuve muy pegada al trabajo de él, iba mucho a sus charlas. Siempre digo que la tarada que estaba sentada en la primera fila era yo (risas).

"Mis cuarenta años con Torcuato Di Tella. Vida e ideas de un pensador irreverente" es el libro en el que Tamara recorre el trabajo más destacado y la intimidad de su esposo, con quien tuvo dos hijos: Carolina y Sebastián
“Mis cuarenta años con Torcuato Di Tella. Vida e ideas de un pensador irreverente” es el libro en el que Tamara recorre el trabajo más destacado y la intimidad de su esposo, con quien tuvo dos hijos: Carolina y Sebastián (Adrian Escandar/)

-¿Por qué esa palabra? ¿Por qué “tarada”?

– Es una forma de decir, la que estaba ahí era yo. Bueno, es cierto que no queda muy bien decir eso. Pero la que estaba era yo. Llegamos a un punto en el que no solamente lo leía, sino que además lo escuchaba. Entonces él empezaba a decir una frase y yo sabía cómo terminaba, de tanto escucharlo. Especialmente lo escuché en Europa y Estados Unidos. También en Japón y otros países. Algo gracioso que también pasaba: cuando él terminaba de escribir un artículo siempre me lo entregaba y me decía esta frase: “Tomá, quiero saber qué opina el vulgo”.

-¿Para él vos, formada en Stanford y en la London School of Economics, eras “el vulgo”?

-No, me lo decía en chiste porque no se aguantaba la boutade ¿Sabés lo que es una boutade? Es para shockear al otro. Él tenía esta cosa de humor ácido, muy británico, que siempre decía las cosas en este tono.

Tamara Di Tella reveló que durante la luna de miel con su marido pasaron la mayor parte del tiempo en una biblioteca
Tamara Di Tella reveló que durante la luna de miel con su marido pasaron la mayor parte del tiempo en una biblioteca (Adrian Escandar/)

-En el libro contás que la luna de miel la pasaron en una biblioteca. ¿Cómo fue eso?

-¡Sí! Yo estaba muy feliz porque él tenía que ir al instituto de Historia Social de Ámsterdam, en Holanda. Y ahí fue nuestra luna de miel. En esa época no había scanners ni fotocopiadoras, se sacaban películas que se llamaban microfiches. Por esos días su objetivo principal era traer toda la colección del diario La Vanguardia, de Juan B. Justo, que estaba allá. Era mucho material. Cómo terminó en Holanda no lo quiero ni preguntar, pero obviamente la Argentina lo vendió. Y es una parte muy importante de la historia argentina. Entonces ahí estábamos, sacando cada película. Trabajaba tan intensamente él que terminamos en el médico porque la luz que te da el microfiche te lastimaba los ojos. Y él trabajaba diez horas con esa letra chiquita.

-Y vos seguías yendo con él.

-Yo iba con él y me gustaba mucho y lo ayudaba pero en un punto mucho no se lo podía ayudar. Él era autopropulsado, pero yo estaba ahí y te juro que no cambiaría esa luna de miel por nada en el mundo.

-Hay una definición en el texto, donde hablás de una suerte de problema para él, que definís como “el estigma de la heladera” en relación con la empresa familiar de los Di Tella, Siam. ¿Cómo funcionaba esto?

-Si. Ese estigma es muy difícil de borrar. Porque, es increíble, en Argentina hay un culto a la heladera. Vos decís “Di Tella” y se acuerdan de la heladera y los automóviles.

-¿Y a él le pesaba eso?

-Le molestaba un poco. No podía ver ni una heladera ni un auto, ¡no le gustaban, te juro! No se relacionaba con eso para nada. Además era difícil explicar en el mundo académico de las mejores universidades del mundo donde él se movía que había una fábrica que hacía heladeras. Además tenía el problema de llamarse igual que su padre, eso generaba alguna confusión. De hecho él escribió un libro sobre su padre. Y queda muy claro ahí que una de las cosas que él aprendió de niño era a odiar esa parte de su familia (risas). De hecho era algo por lo que no tenía mucho respeto. Sí por el esfuerzo que había hecho el padre, ¡pero no en la cuestión de respetar una heladera! Verdaderamente se crea un mito a partir de la heladera.

Dos fotos emblemáticas en Roma: a la izquierda, con marco azul, la última foto juntos, después de 40 años de matrimonio. A la derecha, con marco ovalado, la primera imagen de la pareja
Dos fotos emblemáticas en Roma: a la izquierda, con marco azul, la última foto juntos, después de 40 años de matrimonio. A la derecha, con marco ovalado, la primera imagen de la pareja (Adrian Escandar/)

-¿Y vos qué hacías cuando se molestaba?

-Yo vengo de una familia de intelectuales, todos profesores universitarios. Entonces toda esa parte del comercio del padre, por más exitoso que fuera, no me generaba tanta admiración. En cambio sí admiraba que Torcuato fuera un profesor muy reconocido en el mundo entero y que había escrito tantos libros y tantas teorías como la teoría del populismo, que fue una teoría muy impactante.

-¿Cómo ves hoy el hecho de que se esté hablando tanto y se esté usando con mucha frecuencia el término “populismo”?

-Te voy a decir una cosa muy importante. El populismo de hoy no tiene nada que ver con cómo lo usaba él, la palabra hoy se puso de moda. Pero se desfiguró, se perdió el significado de la famosa teoría del populismo de Torcuato Di Tella. Hoy en día, cualquier persona que no te gusta es un populista, el portero que te mira mal y dicen “es un populista”. Por ejemplo, es muy común oír que (Donald) Trump, presidente de Estados Unidos, es un populista. No, porque según la teoría de Di Tella, tan conocida en el mundo entero, lo primero que pasa en el populismo es que las clases medias altas llegan al poder y se ponen en contra del sistema. Eso es una cosa rara, hay explicaciones para eso, y esa es la cosa tan extraordinaria de la teoría del populismo de Torcuato Di Tella: la clase se pone en contra de sus propios intereses y se hace una solidaridad, una alianza, con las clases más bajas, algo que no corresponde a sus intereses. Bueno, eso Trump no lo hace, porque no se puso en contra el sistema ni tiene la menor intención de ponerse en contra al sistema capitalista, ¡jamás!

-¿Cómo viviste su etapa de funcionario público? Fue un tiempo secretario de Cultura, durante el mandato de Néstor Kirchner, y años después, en 2010, lo convocan para ser embajador.

-Él nunca quiso aceptar, y no tuvo otra alternativa más que aceptar porque el mismo día de la jura no conseguían a otro. Él ya le había dado el apoyo a Néstor Kirchner, que al principio era muy prometedor porque venía con el tema de la transversalidad. Decía: “Vamos a abrir el panorama, incorporar gente, abrir el panorama a más diversidad”. Por eso él le dio el apoyo, le ofrecieron el cargo, pero dijo que no repetidas veces. El día que finalmente aceptó, vinieron de un diario a hacerle una nota. Y ahí mismo dijo: “Yo me voy a hacer echar”. Cuando lo leí, le dije “¿Torcuato por qué hacerte echar? ¡Para eso renuncia!” y me dijo: “No, porque renunciar es quitarle el apoyo al gobierno, en cambio que te echen es responsabilidad tuya”. Él no tenía ese tipo de ego, ¿viste? De hecho te digo, uno de los días más felices que tuvimos en esa etapa de nuestra vida fue cuando lo echaron de la Secretaría de Cultura.

Torcuato Di Tella fue secretario de Cultura durante el gobierno de Néstor Kirchner. En 2010, fue convocado para ocupar el cargo de embajador en Italia
Torcuato Di Tella fue secretario de Cultura durante el gobierno de Néstor Kirchner. En 2010, fue convocado para ocupar el cargo de embajador en Italia

-¿Cómo vivieron ese momento? Hubo mucha controversia por sus dichos. (N. de la R.: en una entrevista con la revista TXT definió a la Secretaría de Cultura a su mando como un “circo”: “Necesito monos, jirafas, enanos y elefantes. No puedo quejarme si hay estiércol en el piso porque con tantos animales es imposible”, entre varias definiciones polémicas).

-Torcuato estaba muy contento, teníamos a los periodistas por todos lados. La teoría del circo acá shockeó porque no hay mucha cultura cívica ni mucha práctica en discursos académicos. En un lugar como Oxford hubiera pasado sin mucho escándalo, es un lugar común, por supuesto que la democracia es un circo, porque es un sistema que incorpora todos los sectores y cada uno está en contra del otro y hay que hacer un balance para ver “ahora te doy esto a vos, le saco al otro”. ¡Acá fue una cosa terrible cuando dijo eso! ¡Terrible! No tenemos mucha experiencia en democracia, eso es lo que pasa. Si tuviéramos más experiencia en democracia esa frase hubiera pasado más desapercibida, o como algo más común. Por supuesto que la democracia es un circo. ¿Qué otra cosa es la democracia que funciona más que un circo?

-En la segunda oportunidad, lo convocan para ser el embajador en Italia.

-Eso sí le gustó. A él le encantó. Porque no representaba a un gobierno. Él iba a Europa a representar a su país independientemente del gobierno. Y además, él volvía a sus orígenes y cerraba un círculo divino. Porque el padre llegó de 13 años, chiquito, de Italia a acá, una Italia muy pobre que dejaba ir a sus ciudadanos porque no tenía cómo alimentarlos. Y Torcuato, que es la primera generación, vuelve a Italia. Ese chico de 13 años que vino, después vuelve el hijo de 80 ¡cuando justo se cumplen 100 años del primer viaje! Es muy interesante, es poético. Yo lo veo poético.

En los años '90, Tamara tuvo una carrera destacada como empresaria con su cadena internacional de franquicias Tamara Di Tella Pilates y Tangolates. Además, tuvo columnas en distintos medios de comunicación, donde escribió sobre métodos de fitness, spa y salud, entre otros
En los años ’90, Tamara tuvo una carrera destacada como empresaria con su cadena internacional de franquicias Tamara Di Tella Pilates y Tangolates. Además, tuvo columnas en distintos medios de comunicación, donde escribió sobre métodos de fitness, spa y salud, entre otros (Adrian Escandar/)

Adiós a la empresa

Mezcla de ejercicio físico y mental, el llamado método Pilates es un sistema creado a principios del siglo XX por el experto Joseph Hubertus Pilates, que lo ideó basándose en su conocimiento de distintas especialidades como la gimnasia, la traumatología y el yoga.

En los años ‘90, cuando el fitness no pasaba de métodos más bien tradicionales en la Argentina, con gimnasios abarrotados y personas fanáticas por lo que entonces se denominaba “hacer fierros”, Tamara Di Tella apostó a traer al país aquel curioso método más amable con el cuerpo que había conocido hacía muchos años cuando vivía en el exterior. Así fue que empezó un negocio que se transformó en una verdadera marca internacional (que luego se potenció todavía más con la creación del Tangolates, la fusión entre pilates y tango argentino). Y así fue que Tamara Di Tella se convirtió, durante casi dos décadas, en sinónimo de vida sana. Tuvo columnas en distintas revistas y programas de radio y hasta fue pionera del mundo de los blogs a comienzos de los años 2000. En uno de sus particulares segmentos tenía un memorable correo sentimental que respondía, en videos caseros, junto con su empleada doméstica, la inefable Teresa.

Los años de la alumna aplicada de sociología y ciencia política habían quedado atrás.

-En paralelo a todo esto, ¿vos dejaste para siempre tu vida académica? Una vez que escribís la tesis ¿la dejaste ahí?

– Sí. Y me dedico a la empresa. ¡Grave error de mi vida! (risas)

-¿Por qué?

-Es una larga historia, pero me dedico a partir de 1990 a ser empresaria de un rubro que nada que ver, con el spa y después con pilates. Yo creo que porque no quería ser una sombra. Entonces yo me separé, me dediqué a lo mío para hacer algo con mi vida que no fuera estar a su sombra. Porque si yo me quedaba en el mundo académico siempre iba a ser la sombra de Torcuato Di Tella, como la mujer de Rodin. ¿Sabías que era muy buena escultora?

-No.

-Sí, muy buena escultora. Pero como mujer de Rodin, ¿qué iba a hacer ella después de El beso? También la mujer de Einstein era muy buena física, una académica muy importante, pero al lado de él no tenía ninguna posibilidad. Entonces yo, en sociología y ciencias políticas a pesar de que estudié en las mejores universidades del mundo, al lado de Torcuato yo iba a ser siempre su sombra. Entonces quise hacer algo por mí misma.

-Es curioso que lo que marcás como un error porque desde afuera se vio como una empresa muy exitosa.

-Sí, en realidad no era mucho en la Argentina, era más en el extranjero. Me fue llevando la vida hacia ahí y no pensé. Yo la verdad que iba más por el lado de la salud y después terminé en eso que puse muy de moda.

Para Di Tella, haberse dedicado a tener empresas dedicadas al fitness fue "un gran error"
Para Di Tella, haberse dedicado a tener empresas dedicadas al fitness fue “un gran error” (Adrian Escandar/)

-¿Tus allegados se sorprendieron por esa faceta tuya?

-Sí, habrán dicho “¡qué le pasó a Tamara!”. Qué sé yo, la vida me fue llevando por ahí, no es que yo lo elegí así. Se puso muy de moda y, bueno, antes de que me quise dar cuenta ya estaba.

-¿Torcuato qué decía de este mundo vinculado con lo físico?

-Él me apoyó muchísimo y es una cosa que que hasta el día de hoy no se lo perdono. Porque yo no tendría que haber hecho eso. Mirando para atrás yo me doy cuenta de que fue un error, de que no me hizo feliz. Me provocó mucha mala sangre, muchos problemas, me quitó años de vida innecesariamente. Una vez lo llevé a una convención de pilates en Europa, y cuando vio a toda esta gente trabajando con el cuerpo, dijo: “¿Qué va a hacer esta gente cuando sea vieja?” (risas). En él no había espíritu de crítica , él no criticaba nunca. Esa era una característica de él, nunca lo escuché criticar, ni quejarse, jamás

-Viniendo del mundo de la sociología y de este otro costado. ¿Cómo ves los movimientos feministas de hoy? Vos fuiste una mujer que estudió y después emprendió una tarea al frente de aquella gran empresa.

-Sí. Torcuato no era muy feminista. Pensaba que el feminismo estaba bien, pero pensaba más bien en el feminismo de los años ‘20, eso sí es feminismo. Me refiero a las sufragistas saliendo a pedir el voto. Esa era gente muy inteligente, muy formada. Ahora se desvirtuó un poquito, y se convirtió en una cosa que no entiendo. Pero está bien, todo evoluciona. Él no era muy feminista y yo tampoco lo soy.

Los objetos personales de Torcuato Di Tella: sus característicos anteojos, un celular muy sencillo y su reloj
Los objetos personales de Torcuato Di Tella: sus característicos anteojos, un celular muy sencillo y su reloj (Adrian Escandar/)

-¿Te referís a “feminista” en los términos actuales?

-(Interrumpe) Una vez me dijo Gloria Steimen, una de las fundadoras, del movimiento feminista en California, que ella había cometido un gran error, que le puso un peso muy grande a las mujeres, porque ahora tenían que ser madres, amas de casa, esposa y además trabajar y estudiar. ¡Era demasiada presión sobre ellas! No funcionó.

-¿Quiénes son hoy tus interlocutores, con quienes hablas de estos temas, que ahora que no está Torcuato?

-Mirá, no tengo muchos interlocutores reales viables (risas). Porque yo suelo pensar un poco diferente, igual que le ocurría a él. Entonces no tengo demasiados, pero tampoco me interesa tanto estar discutiendo ¿Para qué? Yo viví muchos años en Europa y en Estados Unidos, tengo otra formación. Y, ojo, creo que la Argentina va a llegar. Yo soy optimista como era él. Torcuato no creía en el excepcionalismo argentino. ¿Qué quiere decir esto? Que la Argentina no es excepcional, como dicen algunos eso de “¡ay, estas cosas que solamente pasan en Argentina!”. Las cosas que pasan acá le pasan a todos los países que están en este nivel punto de desarrollo económico y social, y punto. ¿Quién hubiera dicho que China se iba a convertir en un país capitalista? ¿Los chinos? Vietnam es el país más capitalista del mundo. El partido comunista italiano, ahora es un partido democrático cooperando con el centro. ¡Hay evoluciones!

-¿Qué esperás para tus próximos años?

-Envejecer en paz, tranquila, en un país que nos ofrezca garantías y que no salte de una cosa a la otra cosa. Y pasarla bien. Que era lo que me pedía Torcuato y yo no tenía tiempo porque trabajaba mucho.

-Ahora dejaste de trabajar.

-¡Ay, sí! Totalmente, me jubilé, me retiré y ahora quiero disfrutar de mis últimos años.

"Espero envejecer en paz, tranquila, en un país que nos ofrezca garantías y que no salte de una cosa a la otra cosa. Y pasarla bien. Que era lo que me pedía Torcuato y yo no tenía tiempo porque trabajaba mucho", sostiene Tamara Di Tella
“Espero envejecer en paz, tranquila, en un país que nos ofrezca garantías y que no salte de una cosa a la otra cosa. Y pasarla bien. Que era lo que me pedía Torcuato y yo no tenía tiempo porque trabajaba mucho”, sostiene Tamara Di Tella (Adrian Escandar/)

-¿Y qué hacés?

-Viajo mucho. El año pasado estuve en Israel durante casi seis meses y este año voy a ir a Corea y casi todo Asia. Voy a estar un mes en Seúl, un mes en Kuala Lumpur que es en malasia, un mes en Beijing y un mes en Bangkok, Tailandia.

-¿Seguís con esa idea de Torcuato, de viajar que es algo distinto de “hacer turismo”?

-¡Sí! ¡Y lo llevo conmigo, eh! Viajamos juntos, te juro que viajamos juntos. ¡No te rías, eh! Yo lo llevo acá (se señala el pecho) y viajamos juntos. Y yo no voy de turista. Yo no sé lo que es el turismo ni me interesa. Yo voy a vivir a un país, no voy a hoteles.

Hasta su último día, Torcuato Di Tella anotó sus compromisos en simples agendas de papel, que se conservan en su escritorio
Hasta su último día, Torcuato Di Tella anotó sus compromisos en simples agendas de papel, que se conservan en su escritorio (Adrian Escandar/)

-Ese es tu proyecto ahora.

-Sí, viajo mucho, viajamos juntos… Porque yo tampoco creo en estas cosas pero que las hay, las hay y yo te juro que lo llevo acá y vamos a todos lados y hablo todo el tiempo con él. Todo el tiempo hablo con él, todo el tiempo.

-¿Internamente?

-No, qué internamente, ¡hablo sola! (risas). Yo sigo hablando con él, a veces para mí y otras para afuera, qué sé yo. Hay que sacar el bicho para afuera. Aparte es muy fácil hablar con él: yo sé qué es lo que me va a contestar y va a hacer lo que siempre hizo, que es escuchar. Era muy buen escuchador, escuchaba con una expresión en la cara que yo nunca vi, como si nada más pasara en la vida aparte de lo que vos estabas diciendo. Yo no veo a nadie haciendo eso ahora, la gente te interrumpe, habla de sus cosas.

Fotos: Adrián Escandar

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