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Secuestro de periodistas extranjeros: una iniciativa “personal” del Batallón 601 durante la guerra de Malvinas

“Galtieri pide disculpas a las víctimas de los secuestros”, tituló un periódico escocés sobre este caso.

En mayo de 1982 unos 400 corresponsales de medios internacionales se encontraban en Buenos Aires para cubrir la Guerra de las Malvinas: el intento de invasión que las fuerzas armadas, que además ejercían su última dictadura sobre el país, hicieron a las islas históricamente reclamadas al Reino Unido.

Los periodistas inspiraban una gran gama de sospechas a los militares en el poder: de ser espías a poner en peligro la seguridad nacional, de afear la imagen argentina en el exterior a ser pro-británicos. Y muchos vivían con temor la tarea que les habían asignado. Hacían bien, según uno de los documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, ya que los integrantes del Batallón de Inteligencia 601 tomaron iniciativas “personales” contra algunos, como secuestrarlos.

Durante la invasión a las islas Malvinas de la dictadura, impulsada por Leopoldo Galtieri, unos 400 corresponsales extranjeros llegaron a Buenos Aires. (Adrián Escandar)
Durante la invasión a las islas Malvinas de la dictadura, impulsada por Leopoldo Galtieri, unos 400 corresponsales extranjeros llegaron a Buenos Aires. (Adrián Escandar)

Y, como entre bueyes no hay cornadas, el agente que redactó el cable advirtió que se estaba haciendo una “investigación casual”. El cierre del texto sintetizó: “Lo que esta información implica es que en la actualidad no se desarrolla ningún intento serio de identificar y castigar a las personas responsables por el secuestro de los periodistas. No está claro si el liderazgo del Ejército o el presidente [Leopoldo Galtieri] tienen conciencia de la naturaleza casual de la investigación que se desarrolla”.

Los casos a los que alude el cable, enviado el 26 de mayo con los encabezamientos “Delicado” y “Situación: Falklands” sucedieron en la primera quincena de mayo.

La CIA advirtió sobre la escasa seriedad (la “investigación casual”) con que las autoridades argentinas encararon el secuestro, seguido de golpiza, robo y vejación, de los corresponsales.
La CIA advirtió sobre la escasa seriedad (la “investigación casual”) con que las autoridades argentinas encararon el secuestro, seguido de golpiza, robo y vejación, de los corresponsales.

El día 11, Christopher Jones, de Metromedia-Canal 5, de Nueva York, fue secuestrado en el centro de Buenos Aires por tres hombres que lo forzaron dentro de un Ford Falcon. “Estaba absolutamente convencido de que eran policías”, dijo, “porque estaban más interesados den mis notas que en mi dinero, que sólo me sacaron tres horas más tarde“, declaró en aquel momento a la agencia UPI.

Durante todo ese tiempo Jones fue golpeado dentro del vehículo; le preguntaron si alguien pagaría USD 10.000 por su rescate y le advirtieron que lo matarían. Por fin lo arrojaron, sin sus equipos ni su ropa, en una avenida en las afueras de Buenos Aires.

Leopoldo Galtieri (Ejército) junto con los otro dos miembros de la Junta Militar en 1982: Basilio Lami Dozo (Fuerza Aérea) y Jorge Anaya (Marina).
Leopoldo Galtieri (Ejército) junto con los otro dos miembros de la Junta Militar en 1982: Basilio Lami Dozo (Fuerza Aérea) y Jorge Anaya (Marina).

El día 13 tres periodistas de la cadena privada de televisión británica Thames fueron secuestrados, a punta de pistolas calibre .45, cerca del Ministerio de Relaciones Exteriores. El modus operandi fue idéntico: horas más tarde, Julian Manyon, Ted Adcock y Trevor Hunter aparecieron desnudos, aliviados del peso de sus equipos y su dinero, cerca de la localidad bonaerense de Pilar. “Si lo que buscaban era asustarnos, lo consiguieron”, dijo Manyon.

Los tres secuestrados fueron invitados a comer en la Casa del Gobierno, pero la recepción de Galtieri y su ministro del Interior, Alfredo Saint-Jean, no los tranquilizó. “Vamos a ponerles custodia especial”, le prometieron los militares. “No, muchas gracias”, declinaron la ocasión de —temían— volver a ver a sus secuestradores.

El cable observó que difícilmente se obtuvieran datos de los sospechosos, ya que los interrogarían sus colegas y amigos.
El cable observó que difícilmente se obtuvieran datos de los sospechosos, ya que los interrogarían sus colegas y amigos.

Mientras los comunicados oficiales hablaban de “fuerzas espúreas de origen incierto”, la CIA informaba a distintos organismos del gobierno estadounidense: “El presidente Leopoldo Galtieri está interesado personalmente en la investigación de los secuestros que lleva adelante la sesión de seguridad interna del SIE [Servicio de Inteligencia del Ejército]”.

Sin pensar que se tratara de una conjetura, el cable detalló: “El liderazgo del ejército cree que las acciones fueron realizadas por miembros del elemento de guerra psicológica del Batallón de Inteligencia 601, el brazo operativo del SIE. El SIE espera poder arrestar a dos de los secuestradores durante el fin de semana del 15 y el 16 de mayo, y el SIE tratará de hacerlos identificar a las otras personas involucradas”.

Julian Manyon se retiró tras una larga carrera de periodista que incluyó su secuestro en Buenos Aires. (Cortesía Julian Manyon/ITV)
Julian Manyon se retiró tras una larga carrera de periodista que incluyó su secuestro en Buenos Aires. (Cortesía Julian Manyon/ITV)

Una esperanza infundada, valoró el autor del reporte: “Si se arresta a los sospechosos, será difícil sacarles confesiones, porque las personas que los van a interrogar son sus amigos y sus colegas, y y se puede presumir que serán menos que celosos en su búsqueda de los hechos. Muchas personas en el batallón 601 conocen los nombres de los involucrados en los secuestros, pero el ‘código de honor’ del batallón 601 no les permitirá dar información sobre sus amigos”.

Más aún, algunos en el SIE creían que parte del personal no investiga seriamente en absoluto, y aquellos que intentan hacerlo son considerados ajenos y no logran la cooperación de sus colegas”.

El documento analizó la posibilidad de que se tratara de un emprendimiento “personal” de miembros del 601 con sentimientos”antibritánicos y antiestadounidenses” ante Malvinas.
El documento analizó la posibilidad de que se tratara de un emprendimiento “personal” de miembros del 601 con sentimientos”antibritánicos y antiestadounidenses” ante Malvinas.

Porque, en el fondo, los represores del 601 se sentían patriotas al punto de creer que la hora les demandaba una acción privada: “Dentro del SIE se especula que las personas involucradas lo hicieron por su respuesta personal antibritánica y antiestadounidense al problema de las Islas Falkland”.

El documento desclasificado en el último paquete que Estados Unidos entregó a Argentina el 12 de abril de 2019 cerró con una hipótesis: “Tampoco hay información disponible sobre si los niveles superiores del batallón 601 autorizaron los secuestros; si hubo tal autorización, se especula, podría haber sido a fin de desestabilizar a Galtieri por sus presuntas concesiones a los británicos o para forzar la ruptura de las conversaciones con los británicos en la Organización de las Naciones Unidas”.

Ian Mather, Tony Primer y Simon Winchester, arrestados en 1982. (Cortesía Simon Winchester/CPJ)
Ian Mather, Tony Primer y Simon Winchester, arrestados en 1982. (Cortesía Simon Winchester/CPJ)

Además de estos secuestros, que la CIA consideró no planeados sino “simples objetivos que se presentaron como una oportunidad”, ese mismo mayo de 1982 fueron expulsados los periodistas Frod Ivar, del diario Dagebelt, y Holtz Hippe, de Vie Dens Gan, junto el estadounidense Holger Johnson, de Newsweek, acusados de poner en peligro la seguridad nacional.

También otros tres británicos, Simon Winchester, de The Sunday Times, y Anthony Prime e Ian Mather, de The Observer, habían sido detenidos en abril en el aeropuerto de Río Grande. Acusados de espionaje, terminaron encarcelados en la prisión de Ushuaia hasta el 14 de junio, cuando Galtieri y sus pares se rindieron, y así terminó la guerra.

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