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Paolo Menghini: “Las familias de las víctimas de Once estamos esperando que Julio De Vido sea condenado”

Las cámaras de seguridad lo mostraban subiendo al tren en la estación de San Antonio de Padua. Se lo veía corriendo por el andén, un poco después de las 7 de la mañana, para alcanzar la formación del Sarmiento. Quería llegar puntual a su trabajo en un call center en el microcentro. Ese sueldo le permitía mantener a su pequeña hija, Guadalupe.
Una hora y treinta y dos minutos más tarde Lucas Menghini Rey, de 19 años, estaba muerto. El ferrocarril en el que viajaba con otros 1200 pasajeros chocó al entrar al Andén 2 de la termina de Once.
Era el 22 de febrero de 2012. Entre el horror y los hierros retorcidos quedaron las primeras cifras: 5o víctimas fatales, más de 700 heridos.
Durante dos días su familia creyó que Lucas podía estar con vida. No lo habían encontrado en el tren y un testigo había dicho que había visto cómo era atendido y llevado en una camilla. Con desesperación sus padres, María Luján Rey y Pablo Menghini, lo buscaron en hospitales, clínicas privadas y la morgue. Pero el..

Las cámaras de seguridad lo mostraban subiendo al tren en la estación de San Antonio de Padua. Se lo veía corriendo por el andén, un poco después de las 7 de la mañana, para alcanzar la formación del Sarmiento. Quería llegar puntual a su trabajo en un call center en el microcentro. Ese sueldo le permitía mantener a su pequeña hija, Guadalupe.

Una hora y treinta y dos minutos más tarde Lucas Menghini Rey, de 19 años, estaba muerto. El ferrocarril en el que viajaba con otros 1200 pasajeros chocó al entrar al Andén 2 de la termina de Once.

Era el 22 de febrero de 2012. Entre el horror y los hierros retorcidos quedaron las primeras cifras: 5o víctimas fatales, más de 700 heridos.

Durante dos días su familia creyó que Lucas podía estar con vida. No lo habían encontrado en el tren y un testigo había dicho que había visto cómo era atendido y llevado en una camilla. Con desesperación sus padres, María Luján Rey y Pablo Menghini, lo buscaron en hospitales, clínicas privadas y la morgue. Pero el 24 de ese mes, en el fuelle entre el tercer y cuarto vagón, los perros de la Policía hallaron su cuerpo.

Las víctimas, entonces, se convirtieron en 51 (los familiares piden que se sume uno más, ya que una de las mujeres fallecidas estaba embarazada).

Pasaron siete años y Paolo Menghini, papá de Lucas, recordó con emoción a su hijo y habló de impunidad, corrupción, funcionarios responsables y el rol de la justicia.

Frente a Infobae dijo que cree que "las grandes tragedias argentinas van dejando una marca en el inconsciente colectivo para que no se repitan".

El primer juicio oral por la tragedia de Once terminó en noviembre de 2015 con condenas firmes que se dieron a conocer en mayo de 2018. En ese sentido, Menghini aseguró que los familiares de las víctimas están a la espera de que "Julio de Vido, condenado por administración fraudulenta de bienes del estado, también sea condenado por el estrago culposo", delito por el cual fue fue absuelto en la primera instancia.

La corrupción también lo desvela: "Deseo que la política se autoregule y quienes cometen delitos en la función pública tengan penas mayores que el ciudadano común", afirmó.

Lucas tenía 19 años y fue la última persona encontrada en el tren

-¿Cómo se vive cada años cuando se acerca el 22 de febrero?

-Se remueven muchos recuerdos. Antes del 22 empiezo a recapitular qué estábamos haciendo esos últimos días, cuáles eran los planes de Lucas… Me acuerdo que por esos días se había comprado un sintetizador de los 80, y habíamos conseguido una persona para que lo arreglara. Estaba muy entusiasmado grabando sus canciones para su primer disco. Todo el tiempo es un flashback de esos momentos como de la última vez que cenamos juntos con él y su hija. A la vez, se juntan con los preparativos de cada acto y se juegan muchas cosas desde lo emocional y desde lo intelectual.

-¿En qué sentido?

-En los términos de pensar qué se va a hacer y decir. Se mezclan con los sentimientos. A siete años es una gimnasia aprendida a medias que voy tratando de llevar porque es muy movilizante internamente.

-¿Qué contenidos fueron cambiando año tras año en los mensajes que se dan en cada homenaje?

-Hay una base que sostenemos de manera horizontal que es la confianza en la justicia desde un lugar crítico. No una confianza de "lo dejo librado porque todo va a andar bien sin que yo mire". Hemos estado muy presentes siempre. Lo que ha ido cambiando a lo largo de los años fue que los procesos judiciales fueron tomando velocidad o ralentizando en el esclarecimiento de lo que había sucedido. Y lo que fuimos haciendo tuvo que ver básicamente con eso. Hasta que comenzó el proceso de 2014 fue un tiempo, cuando se fue desarrollando otro, y después de la sentencia fue otro.

-¿Cuáles son los desafíos que más se presentan?

-Es muy difícil trabajar internamente lo que te va pasando con todo un mundo que desconocíamos que es el del derecho. Yo soy periodista hace 25 años, entonces dentro del grupo de familiares -a excepción de mi hermano que es nuestro abogado que conocía ese mundo-, había que conocer la cuestión técnica y de tiempos difíciles de entender para los que no tienen que atravesar un proceso así.

-¿El tiempo judicial no acompaña al personal?

-Claro, porque la instrucción duró desde 2012 hasta comienzo de 2014, que empezó el primer juicio oral que terminó en noviembre de 2015. La resolución de Casación dejó condenas firmes en mayo de 2018, con lo cual los tiempos de Casación fueron superiores al desarrollo de todo el proceso oral y público.

-En realidad, hasta marzo de 2018 no sentía que había terminado nada.

-Cuando crees que termina algo, recomienza algo, porque los procesos judiciales en este país tienen las garantías de que el condenado pueda seguir presentando o accionando. Las condenas firmes de 2015 se hicieron efectivas con los condenados tras las rejas a fines de en 2018, así que tuvimos que esperar seis meses más. Cuando decís "ya están presos" empiezan los pedidos de prisión domiciliaria, que es con lo que estamos ahora. Estamos como un hamster dando vueltas en la rueda, la única diferencia es que él juega y nosotros no, y necesitamos que en algún momento eso se detenga.

-¿Qué es lo que les haría sentir a los familiares que se hizo justicia?

-En términos de los condenados de 2015, creemos que se ha hecho justicia y que están tras las rejas. Hemos hecho todo lo que estuvo a nuestro alcance para acompañar a la justicia. La que condenó fue la justicia, no nosotros. Está fundamentado y ahora están cumpliendo sus penas. Hay muchas presentaciones de prisión domiciliaria para quienes efectivamente sea necesario, como tres condenados que están en su casa porque el Servicio Penitenciario no puede ofrecerles las garantías a su salud y, de acuerdo a su edad y dolencias, nos parece justo que tenga que ser así.

-La vía de la venganza nunca fue la suya.

-Nunca quisimos venganza ni sentimos odio. Simplemente que las cosas no se repitan, porque a nosotros ya nos pasó y con todo el dolor del alma no queremos que eso le pase a nadie más.

-¿Cree que hay riesgos de que se vuelva a repetir una tragedia de esa magnitud?

-No lo sé, no pongo en manto de duda nada. Nosotros creemos que es muy importante que se escuche al usuario, al trabajador que es el que está arriba de los trenes todos los días, el que dice "mirá que falta tal cosa o tal otra". Es muy importante que eso suceda.

La tragedia de once dejó 52 muertos y más de 700 heridos (Reuters)
La tragedia de once dejó 52 muertos y más de 700 heridos (Reuters)

-¿Usa el tren?

-Circunstancialmente. La semana pasada estaba sin el auto y fui.

-¿Cómo es viajar en tren llevando el recuerdo de Lucas?

-No sé cómo es para los familiares que lo usan más asiduamente porque del grupo de familiares soy el único que vive en capital. Cuando voy para el oeste lo hago en auto así que circunstancialmente tomo el tren. Cada vez que me subo se me remueven un montón de cosas. Voy en el viaje pensando en esos trenes y me dedico a ver al usuario y cómo se comporta en función de eso.

-Y puntualmente la estación de Once, ¿qué le genera?

-Para nosotros la estación de Once es un lugar extremadamente sensible y especial. Siempre paso por el memorial de los corazones a tocar el de acrílico que tiene el apodo de Lucas, en el Andén 1. Es tan importante que esos trenes se cuiden y forma parte de toda una estructura que pasa por los funcionarios, trabajadores, el usuario también, y esa es la experiencia que se me dispara. Ni siquiera la elijo. Me sucede.

-¿Qué ves en el comportamiento de los usuarios?

-Veo que los cuidan, que el costo de esa mejora se siente en el inconsciente colectivo del usuario. Cualquiera que usa y ha usado a lo largo de los años el tren ha visto la degradación, el final de esa degradación y el costo que ha tenido. Sabe, en un efecto espejo, qué pudo haber sido él (la víctima de la tragedia). A algunos eso lo ha acercado. Psicológicamente sucede que cuando a alguien le pasa algo que te pudo haber pasado a vos, o sentís empatía o…

-… O la negación.

-Claro, un "no quiero ni pensar que pude haber sido yo". De hecho, pude haber sido yo (la víctima), que durante añares viajé en el tren Sarmiento y normalmente lo hacía en el primer vagón porque era por donde me dejaba el colectivo y me quedaba cómodo subir por la escalera. Y a lo largo de los años he enfrentado montones de esas situaciones, entonces obviamente no puedo tener distancia con eso, estoy muy involucrado desde todos los lugares. Pero siento que el usuario cuida y valora porque lo que costó hay que cuidarlo y sostenerlo para que ni siquiera exista la posibilidad de que se repita.

-Siempre menciona a la corrupción como el detonante de muchas tragedias, ¿en qué punto cree que se está con respecto a ella?

-Quiero creer que las grandes tragedias argentinas van dejando una marca en el inconsciente colectivo que lo hace trabajar en función para que eso no se repita. Cromañón es una marca para la sociedad, Once también. No son circunstancias, son hechos gravísimos que marcan la historia en dos. Me gustaría que la política tuviese un nivel de autocrítica mucho más grande, y que se pudiera trabajar en los delitos cometidos por funcionarios.

-¿Cómo sería esa idea?

-Que la sociedad entienda que las reglas están para cumplirlas, que la política entienda que las leyes están para cumplirlas y que son ciudadanos como nosotros pero que, al ser elegidos por el pueblo para determinada función, tienen una responsabilidad mayor que el ciudadano común. Siempre dijimos que ojalá algún día la política se autoregule y para quienes cometen delitos en la función pública las penas sean mayores que para el ciudadano común, porque están vulnerando no sólo las leyes sino la voluntad popular.

-¿Pero no cree que hemos evolucionado con respecto a la corrupción?

-Es un proceso muy largo. Las condenas a funcionarios públicos de Once han marcado un antes y después. No estoy en la conciencia individual pero quiero creer que esto ha sido muy ejemplificador. Cuando se habla de todas las causas que son de conocimiento público muchas veces pienso en la de Once, no es una cuestión cuantitativa, arrancó 52 vidas que se quedaron esa mañana en el Andén 2 ¿Qué me hablan de miles de millones y de qué causa es más grande? Quiero creer que se está evolucionando, pero los cambios van más rápidos en el pensamiento social que en el accionar de la política.

Los familiares de las 51 víctimas de la tragedia de Once, unidos siempre pidieron justicia (Maximiliano Luna)
Los familiares de las 51 víctimas de la tragedia de Once, unidos siempre pidieron justicia (Maximiliano Luna)

-¿Cuál es el mensaje de este año?

-Obviamente estamos a la espera de la confirmación de la Cámara de Casación a la condena a Julio De Vido.

-¿Para cuándo tendría que ser?

-Es un tiempo inasible el de las Cámaras de Casación, puede ser dentro de tres meses, seis o un año y medio. Sería muy importante que, así como pasó con Ricardo Jaime, Julio De Vido, que fue condenado por administración fraudulenta de bienes del Estado, también sea condenado por el estrago culposo con respecto a la tragedia por el cual fue absuelto en la primera instancia. Hacemos el mismo llamamiento de siempre: al diálogo entre las autoridades y los trabajadores para que las alertas, si es que existen, sean escuchadas.

-¿Alerta en cuanto a los sistemas de emergencia de los trenes?

-Un aviso y un alerta que no se escucha puede ser muy grave. Estamos esperando que los Poderes del estado tengan más respuestas para las víctimas de las que hay hoy. Sé que se está trabajando desde los poderes públicos del Congreso, instrumentando leyes que ponen a la víctima en un lugar mayor de protección del que había antes. Tiene que ver con un contexto nuevo que existe en el país de entender lo importante que es escuchar a la víctima. Pasó con nosotros, pasa con las víctimas de la violencia machista. Es poner a la víctima en el lugar del testimonio que aporte para que los cambios sociales se produzcan.

-Y no poner a la víctima en duda.

-Sí, en duda y en la exigencia. A veces a la víctima se la acompaña hasta que en algún punto se le empieza a exigir. Entonces no dejás de ser víctima nunca. Ponerse un poco en nuestro lugar, a ver si se aguanta lo que hemos pasado. O en el de tantas víctimas de violencia institucional, de gatillo fácil y de tantas cosas. Está bueno el cambio social que se está dando respecto de escuchar a la víctima y de darle el lugar para expresar lo que le pasa, siente, necesita y espera del Estado… que es cuidarnos, no más ni menos que eso. Que es lo que nos merecemos.

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