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Macri y Alberto Fernández abrieron el diálogo: hay canales informales y también dudas

Buen inicio”. La calificación, en boca de un funcionario nacional, expresa valoración de la “razonable” conversación telefónica entre Mauricio Macri y Alberto Fernández, y las posteriores declaraciones públicas en el final de otro día de enorme tensión. El término “inicio” es un dato en sí mismo: expone que quedaron canales abiertos –formales e informales-, pero también denota dudas sobre el impacto de lo hecho hasta ahora y la necesidad apremiante de ampliar las señales frente a la tormenta de los mercados, es decir, de reducir la incertidumbre, centralmente política.

El día de ayer terminó con análisis en cada vereda sobre el difícil trámite para concretar la conversación entre el presidente y el candidato que quedó muy cerca de la Casa Rosada. Hubo incluso alguna última confusión por una entrevista a Alberto Fernández que, aclararon, había sido armada antes de recibir la invitación formal del Presidente y pareció un rechazo al mensaje. Eso fue corregido, pero no fue fácil lograr el deshielo tanto por cálculo político como por el peso de la pésima relación entre los dos protagonistas. Anoche, los resultados eran evaluados como un primer paso positivo por el gabinete ampliado de Macri y también lo habría sido de las conversaciones de Alberto Fernández con CFK.

En el Gobierno, en todas las oficinas políticas, está claro que la tarea de negociación con el círculo de Alberto Fernández tiene como eje y motor a Rogelio Frigerio. Hay otros contactos más indirectos por vía de canales de origen peronista y algunos de los socios radicales. Pero el peso recae en el ministro del Interior. En la otra vereda sobresale Eduardo “Wado” de Pedro, dirigente camporista destacado como negociador en el amplio circuito del PJ –lo dicen operadores de varios gobernadores- y también en medios del oficialismo.

Rogelio Frigerio (Gustavo Gavotti)
Rogelio Frigerio (Gustavo Gavotti)

Alberto Fernández habilitó de entrada ese canal y sumó en algún tramo a un hombre de su núcleo. Navega, desde el punto de vista político, entre dos aguas: la necesidad de mantener límites y críticas hacia el Gobierno –además de su sentimiento personal- y la sombra que podría alcanzarlo si queda enredado en posiciones que hagan más dramática la situación política. Eso buscó traducir en sus declaraciones. Dijo de diferentes formas y varias veces que el objetivo es garantizar la institucionalidad y aclaró siempre que el resorte de las decisiones de gobierno está en manos de Macri. Tono de virtual presidente electo y de apenas candidato, según el caso.

Por supuesto, reiteró además su posición frente al endeudamiento. Afirmó que su propuesta no puede de ningún modo ser entendida como un riesgo de default. En otras palabras, renegociar con el FMI, no romper. Como parte de otros gestos ya decididos lo había expuesto también hace un par de días Matías Kulfas, economista y destacado integrante de su núcleo. En la misma línea se destaca la participación de Emmanuel Alvarez Agis ayer mismo, en una charla con empresarios e inversores.

Álvarez Agis (Maximiliano Luna)
Álvarez Agis (Maximiliano Luna)

Tampoco en el Gobierno, golpeado por la derrota, fue sencillo encaminar los gestos para allanar el camino al contacto directo –no cara a cara, descartado desde la otra orilla-, especialmente después de la conferencia de prensa del lunes. Las disculpas públicas de ayer fueron un aporte de peso, además de un alivio para algunos funcionarios y para socios políticos. Dirigentes de la UCR ya habían hecho llegar su posición con reclamos de diálogo sin demoras, en medio de la escalada en continuado del dólar. Macri, a esa altura, iba abandonando el gesto inicial y buscaba acelerar el paquete de medidas anunciado ayer temprano.

El punto, con todo, sigue siendo cómo se amplía el juego para revertir el cuadro actual y es asegurado un tránsito razonable hacia octubre, transición original hacia una elección general y como producto de las primarias.
“Esto solo no alcanza”, resume un referente oficialista del largo recorrido político. Alude a que la garantía de gobernabilidad debe ser un proceso, no un único hecho como la conversación telefónica de ayer. Y sostiene que esa tarea no es únicamente un mensaje a los mercados, sino también una necesidad para la “economía real” y la vida diaria.

En la retroalimentación permanente entre economía y política, está claro que el disparador de la actual crisis es político. La economía ya venía en estado de debilidad y frío, pero el único elemento de quiebre entre la anterior semana y esta es la elección del domingo. Por supuesto, Alberto Fernández sale al cruce de la adjudicación de la incertidumbre política a su triunfo. Y ayer mismo hasta le enrostró al oficialismo haber dicho que su triunfo colocaría al país en el camino de Venezuela, un tema sensible para la propia interna de la convergencia peronista-kirchnerista.

Para Macri, revertir aunque sea parcialmente esta situación de “alta fragilidad” es vital y previa a pensar cualquier otra estrategia política con vistas a octubre. Y para Alberto Fernández sería central exhibir gestos como el de ayer para aventar cualquier fantasma desestabilizador. Ya hubo advertencias prudentes desde sus oficinas en esa dirección.

Se ha dicho: está abierto un escenario sin antecedentes, transición o no, cuando queda por delante un largo camino hasta la primera y tal vez definitiva vuelta. Larguísimo, si no se modera el arranque de enorme tensión que marca esta primera semana posterior a las PASO.

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