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Los sueños de Fellini, más allá del cine: sus dibujos y sus fantásticas publicidades para la televisión

Federico Fellini, una obra de cine, matizada por dibujos y televisión
Federico Fellini, una obra de cine, matizada por dibujos y televisión

Antes de convertirse en uno de los más grandes cineastas de la historia, Federico Fellini soñaba con ser un gran dibujante. De sueños, se sabe, la obra del italiano rebosa. Sobre el final de su carrera, lo onírico regresó, pero esta vez para la pantalla chica, cuando realizó una serie de notables publicidades para televisión. Cinco en total y allí , una vez más, el territorio de lo alucinante, de lo irreal, de los temores y las fantasías, se manifiestan con maestría. A 100 años de su nacimiento, vale la pena rescatar esta tapa que, debido a su monstruosa obra fílmica, pasa desapercibida en reseñas y perfiles como datitos para rellenar un CV.

Mirar en retrospectiva ambos trabajos tiene su encanto. La obra de Fellini se abre en el papel y se cierra en televisión, pero el principio y el final están fuertemente unidos, formando una cinta de Moebius donde solo existe una cara, aunque parezcan dos.

Autorretratos: 1961, 1974, 1977 y 1993, con el Oscar honorífico
Autorretratos: 1961, 1974, 1977 y 1993, con el Oscar honorífico

Los primeros trazos del artista nacido en Rímini el 20 de enero de 1920 los realizó en su infancia, en eso no hay nada excepcional. Entre sus primeras obsesiones estéticas se encontraban las mujeres de pechos exuberantes y los hombres musculoso, imágenes que copiaba de revistas y que luego se replicarían en sus filmes, sobre todo en la autobiográfica Amarcord.

Fue a través de Il Corriere dei Picolli donde conoció los trabajos de Frederick Burr Opper, Alexander Raymond y George McManus, que lo ayudarían a conformar un estilo propio, con el que comenzaría una carrera en medios de comunicación, se explica en Federico Fellini, the completes films, de Chris Wiegand.

Realizaba caricaturas con el seudónimo Fellas y los enviaba el diario La Domenica del Corriere sin mucho éxito. Abandona sus estudios y abre un pequeño negocio de arte junto a un amigo, Demos Bonini: FEBO. Allí, en pareja, comienza a tener cierto reconocimiento local gracias a sus dibujos. Aunque su primer trabajo oficial rentado llegaría durante luego: fue caricaturista para el Cine Fulgor, en su pueblo, para el que realizaba los retratos de los actores para anunciar las películas en cartelera con el estilo de Nino Za, un renombrado artista de sketches de la época.

Sus actores: Anita Ekberg, Marcello Mastroiani y Sofia Loren
Sus actores: Anita Ekberg, Marcello Mastroiani y Sofia Loren

Amigos directores: Roberto Rossellini, Alberto Sordi, Vittorio De Sica y Aldo Fabrizzi
Amigos directores: Roberto Rossellini, Alberto Sordi, Vittorio De Sica y Aldo Fabrizzi

Durante 8 meses hace de Florencia su nuevo hogar. Apenas sobrevive con lo poco que gana en el periódico Il 420, una publicación semanal satírica, editada por Casa Editrice Nerbini, la editora que introdujo a importantes y famosos cómics en Italia como Mickey Mouse y que durante el fascismo pasaría a pertenecer a Mondadori.

Parte entonces a Roma, donde trabajó como mandadero en Il Popolo di Roma, aunque tener tiempo libre le sirvió para escribir argumentos y realizar historietas que vendía a Marc Aurelio. Allí, comenzaría, sin saberlo, su despegue hacia el cine, realizando gags y chistes para la radio.

Al poco tiempo conoció al actor de teatro Aldo Fabrizi, para quien escribió la L’Ultima Carozzella que compró un productor. Luego, el destino lo cruzaría con Roberto Rossellini, con quien trabajó en Roma, ciudad abierta y Paisá. Pero la historia de Fellini haciendo historia en el cine, es otra historia.

Tapa del libro "Fellini Working Drawings 1952-1982" junto a ilustraciones para las películas "Fellini I Clowns" y otra publicada en "El libro de los sueños"
Tapa del libro “Fellini Working Drawings 1952-1982” junto a ilustraciones para las películas “Fellini I Clowns” y otra publicada en “El libro de los sueños”

“Creo que si no fuera director de cine, nadie hablaría de mis dibujos Para mí es una actividad secundaria, marginal, periférica, que ha despertado el interés de los demás sólo porque he hecho algunas películas”, dijo en una entrevista. Años después de su muerte, que se produjo tras un ataque al corazón en 1993, muchos de esos garabatos fueron exhibidos en museos como el Guggenheim, junto a la obra de Pablo Picasso y Paul Cézanne, entre otros.

Si los trabajos de Fellini deberían ser presentados en un museo o no, esa es otra discusión. Lo que sí es notorio que sus composiciones tienen un corte expresionista, por momentos con reminiscencias a la figuración “degenerada” -de los dibujos sobre todo- de los alemanes como Otto Dix y George Grosz y con un dejo de la producción erótica de Picasso.

Y es que además de su época de historietas, Fellini continuó con su apetencia pictórica a lo largo de toda su carrera. Actores, escenarios, vestuarios, todo podía ser dibujado por su mano antes del comienzo de cualquier filmación. “¿Por qué dibujo los personajes de mis películas?¿Por qué bosquejo sus caras, sus narices, sus bigotes, sus corbatas, sus bolsos, su manera de cruzar las piernas y esbozo las personas que vienen a verme a la oficina? A lo mejor ya lo he dicho; es un manera de empezar a mirar la película en la cara, para ver qué tipo es, el intento de fijarme en algo, aunque sea minúsculo, incluso insignificante, pero que me parece que tiene que ver con la película y, de manera velada, me habla de ella”, comentó en una entrevista durante los ‘60.

Desde la izquierda: De "El jeque blanco" (Cabiria, Matilda y el tragafuego), "La strada" (vehículo de Zampano), y Satiricón (Vernacchio)
Desde la izquierda: De “El jeque blanco” (Cabiria, Matilda y el tragafuego), “La strada” (vehículo de Zampano), y Satiricón (Vernacchio)

Sus obras para la televisión

Cuando el director de La Dolce Vita se acercó a la pantalla chica ya había realizado sus filmes más importantes y se encontraba en un momento en que los elogios de la crítica lo habían abandonado. Sumergido en películas de presupuesto más acotado, pero en los que no renuncia a su estilo, estas piezas, cinco en total, se realizaron en 1984 y 1992, siendo estos su últimos trabajos detrás de cámara.

Con 64 años, Fellini realizó una precioso corto, porque es mucho más que una publicidad, para la aperitivo italiano Campari. ¡Oh, che bel paesaggio! (¡Oh, qué hermoso paisaje!) presenta un viaje en tren de larga distancia, en el que una mujer y un hombre (Victor Poletti) van cambiando los paisajes de corte surrealista de la ventana con un control remoto. Ella (Silvia Dionisio) se muestra disconforme con los escenarios de espíritu mítico que se van sucediendo y sonríe cuando él finalmente toma el control y la imagen que aparece es la del Campo di Miracoli (Campo de los Milagros) de Pisa, donde la botella de la bebida surge como un un tesoro milenario.

“¡Oh, qué hermoso paisaje!”: publicidad de Federico Fellini para Campari (1984) (Infobae)

Tullio Kezich, uno de sus más prolíficos biógrafos, escribió en Federico Fellini: su vida y su obra: “En solo un minuto, Fellini nos da un capítulo de la historia de la batalla entre hombres y mujeres, y hace referencia a la neurosis de la televisión, insinúa que estamos menospreciando los dones milagrosos de la naturaleza y la historia, y ofrece la esperanza de que pueda haber una pantalla que le devuelva la alegría. La pequeña historia es tan rápida como un tren y tiene un toque notablemente ligero”.

Ese mismo año, filmó Alta Societa (Alta Sociedad) para la empresa de pastas Barilla. La pieza, si no fuese del director, se hubiese perdido en los anales de las millones de comerciales que se han realizado en la historia, ya que no posee elementos sorprendentes, ni giros que puedan asociarse al italiano.

“Alta Sociedad”, publicidad de Federico Fellini para pastas Barilla (1984) (Infobae)

Básicamente, en un restaurante de gente adinerada, un mozo (Maurizio Mauri) le sugiere a una comensal (Greta Vaian) una serie de platos foráneos, algunos de ellos franceses, pero ella prefiere un plato de rigatoni.

Lo que une a ambos spots es que Fellini realizó los guiones y contó con la colaboración del director de fotografía Ennio Guarnieri y el director musical Nicola Piovani.

Finalmente, en 1991 filmó una trilogía de spots para el Banco de Roma, llamados Che Brutte Notti (Las malas noches), en las que el director se reconecta una vez más con aquellos dibujos que habían surgido de ensoñaciones y que luego serían fundamentales en su obra.

A lo largo de su vida, Fellini llevó adelante una suerte de diario personal de dibujos, conocido como Libro de los sueños, del cual surgieron las imágenes que inspiraron este tríptico que comparten la culpa por aventuras clandestinas extrama­trimoniales.

“Estos comerciales, emitidos al año siguiente, son particularmente interesantes, ya que encuentran su inspiración en varios sueños que Fellini había esbozado en los cuadernos de sus sueños durante su carrera”, escribió Peter Bondanella, profesor emérito de italiano, literatura comparada y estudios cinematográficos de la Universidad de Indiana, EE.UU., en The Films of Federico Fellini.

“El sueño del león en la bodega”, publicidad de Federico Fellini para el Banco De Roma (1992) (Infobae)

Estas pequeñas piezas de arte están centradas en las pesadillas de un hombre (Paolo Villaggio), quien enfrenta diferentes situaciones de conflicto que se representan a partir de una fuerte simbología que une a la niñez con la fantasía, el deseo y la masculinidad (perdida) como agente de identidad.

Todos los spots finalizan de la misma manera, el conflictuado se encuentra frente a su psicoanalista (Fernando Rey), quien le comenta que él solo puede ayudarlo en lo emocional, que para lo demás está el Banco de Roma.

En el primer episodio, El sueño del león en la bodega, el hombre aparece vestido con ropa de niño en una regresión al deseo por una seducir a una mujer holandesa, mayor que él, quien lo rechaza por su edad. El asegura que es un hombre importante, no un bambino, pero ella ríe y se marcha. Su lugar lo toma un león que sale de su encierro y que comienza a llorar.

“Sueño del túnel”, publicidad de Federico Fellini para el Banco De Roma (1992) (Infobae)

El segundo, Sueño del túnel, lo que comienza por un paseo maravilloso se termina abruptamente cuando el techo del conducto se desmorona como símbolo de los obstáculos que deben superarse para vivir mejor.

Finalmente, en Sueño de pic nic, una pareja (la actriz es Anna Falchi) comparte un almuerzo en el campo, pero todo cambia rápido: él pasa a ser una suerte de damisela en apuros, atado a una silla, en las vías del tren, mientras la máquina se acerca a toda velocidad y ella, sobre un árbol, disfruta de la escena.

“Sueño de pic nic”, publicidad de Federico Fellini para el Banco Di Roma (1992) (Infobae)

Estos fueron los últimos trabajos del italiano detrás de cámara, ya que murió al año siguiente, el 31 de octubre de 1993. “En la vida de Federico estos tres comerciales son una especie de veranito, el otoño dorado de un patriarca del cine que, por un momento, retoma las riendas de la creación”, sostuvo Kezich.

Ilustraciones: Gentileza Colección Fundación Federico Fellini

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