Inicio Sociedad Levantan una casa y construyen una mirada diferente de los otros

Levantan una casa y construyen una mirada diferente de los otros

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Azucena Moreira tiene 31 años y estuvo contenida más de la mitad de su vida en diferentes instituciones por una situación familiar y social irremediable. “Sufrió marginalidad y exclusión social, violencia institucional y familiar”, explica Andrea Marcado, trabajadora social del hospital López Lima. Para remediar eso, y reinsertarla en la sociedad, un equipo de gente solidaria y profesionales trabaja junto a ella.

Uno de los principales objetivos que se pusieron quienes intervienen desde Salud Pública fue lograr que después de tantos años en instituciones viva sola y hace un año lo lograron. Ahora, el equipo trabaja para que obtenga su casa propia.

Es por esto que el Municipio le otorgó el terreno en Chacra Monte y un grupo de soldados solidarios de cuarto año del colegio técnico CET N°1 pusieron manos a la obra para construirle un hogar. “Se encargaron de realizar las medidas y conexiones técnicas del terreno”, indicó Fabián Torres, psicólogo social. Durante el ciclo lectivo, todos los viernes por dos horas trabajaron de albañiles y amasaron el barro.

Vecinos del barrio Malvinas y de J. J. Gómez también colaboran “ad honorem” con la construcción de la vivienda. Actualmente, la casa está casi terminada, solo falta ultimar detalles.

Un equipo interdisciplinario de cinco personas es el que lleva adelante la inclusión social de Azucena.

“Es como enseñarle vivir a un niño en una comunidad, las normas que rigen en la sociedad y que debemos respetar”, explicó Andrea Marcado, trabajadora social del hospital López Lima.

Azucena actualmente no tiene relación, a pesar de muchos intentos, con su madre. Creció con su padre ausente y tiene hermanos y hermanas con quienes tampoco pudo concretar vínculos. Parte del equipo de trabajo detalló que intentan enseñarle desde lo más básico a lo más complejo.

“Ya maneja algunas maneras de comunicarse bien, sabe respetar los tiempos de nosotros, busca la pensión sola y la mayoría de las viviendas en las que ha vivido, las buscó sola”, cuenta Andrea.

Ella estuvo diez años internada en Buenos Aires, como consecuencia de su mala conducta en una institución local. Al volver, continuó con tratamiento en el nosocomio de Roca y en noviembre del año pasado le dieron el alta. El equipo interdisciplinario está trabajando junto a ella hace cuatro años.

Es por eso que, entre tantas idas y vueltas, el psicólogo social Fabián Torres celebró la iniciativa que sienta las bases de una vida normal para Azucena. A su vez, destacó que esto permite que la sociedad se entere del trabajo que se hace desde Salud Mental y “que quien sufre alguna patología mental no es peligrosa”, dijo, e hizo hincapié en la idea de que se deben tratar “como personas comunes, no tiene que haber patología de por medio”.

Se debe trabajar en equipo

Cada vez son más los profesionales que trabajan para romper con teorías erróneas sobre las personas que padecen alguna patología mental. Incluso parte de la sociedad colabora para una óptima reinserción social. Cabe decir que esta ayuda se demanda desde Salud Mental bajo normativas que contemplan el compromiso social frente a determinados casos.

Fomentar el trato igualitario es uno de los objetivos de profesionales que perciben y trabajan para terminar con la discriminación que sufren algunos pacientes. Ellos desempeñan su labor bajo la ley nacional 26657 de adicciones y salud mental y la ley provincial 2440 de promoción social y sanitaria de las personas con padecimiento mental.

Ambas apuntan a la inclusión social de las personas con patologías mentales, a través del acompañamiento en la vida cotidiana con equipos interdisciplinarios, junto con el trabajo intersectorial. Esta dinámica contemplada en las leyes incluye socialmente a las personas en la vida comunitaria y social.

En la normativa se determina que en los casos como el de Azucena se trata de un problema social y no solamente de salud mental. Por este motivo es que el equipo acudió a la comunidad de Roca para mejorar la calidad de vida de la paciente.

Faltan recursos

Andrea especificó que es un trabajo interdisciplinario y en relación constante con otras instituciones como el Poder Judicial, la Defensoría del Pueblo, Educación, el Municipio y la comunidad en general que ha aportado mucho a la causa.

En relación a los tratos dentro de las instituciones, aseguran que faltan recursos para que los y las profesionales puedan llevar adelante los tratamientos que suelen ser muy largos.

“Veo que los operarios tienen muchas ganas de trabajar, pero muchas veces lo hacen sin recursos, solo por su compromiso personal con los pacientes. De hecho, nosotros utilizamos recursos propios para movilizarnos, por ejemplo, y con los aportes de la sociedad logramos estas cosas”, contó el psicólogo Torres.

Sus acompañantes contaron que Azucena cada día está más contenta con su casa, incluso ya comienza a planificar espacios para su perro Bruno y tiene relación con vecinos y vecinas del barrio.

Y el esfuerzo dio sus frutos. Actualmente las dosis de medicamentos se las han reducido y su conducta ha mejorado en el tiempo. En noviembre del año pasado le dieron el alta del hospital y los profesionales han notado grandes cambios en su desarrollo social.

“Ya generó sus propios vínculos, busca sus alquileres, conoce cómo anunciarse en el Poder Judicial y reconoce quién es su defensora”, detallaron los dos muy convencidos del avance.

Estudiantes de cuarto año del CET N°1 recibieron la propuesta para trabajar en la vivienda para Azucena y aceptaron sin dudar. Javier Martín, su profesor, les dejó una inquietud “¿qué podían aportar a este acto solidario?”, contó.

Desde sus formaciones llegaron a la conclusión que, por cuestiones de tiempo y probabilidades, lo más efectivo era presentar el proyecto y poder guiar a Fabián y a su equipo con la documentación del terreno.

“Cuando llegamos vimos un terreno amplio y muchas cosas para hacer, muchos interrogantes para responder. Empezamos yendo los días sábados; hasta que el proyecto se aprobó”, expresaron Lautaro y Franco.

Los estudiantes se encargaron que cubrir las necesidades técnicas frente a la realidad que se les presentaba. Por ejemplo, contemplaron las conexiones y medidores de luz, agua y gas en el lugar.

“Esta experiencia le da sentido a lo que ellos vienen estudiando en el colegio, además mi objetivo es poder conectarlos con nuestro contexto social”, comentó el docente. Destacó además que se sumaron al proyecto sin quejas y que se turnaban para asistir al lugar.

Los alumnos afirmaron que esta fue “la oportunidad, de volcar nuestro conocimiento, los valores que el profesor nos inculcó respeto individual y grupal, valor al prójimo y entregar conocimiento”.

Por otra parte, afirmaron que la experiencia no sólo reafirmó conceptos sobre la construcción sino que aprendieron a manipular el barro en esta práctica.

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