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La historia de “Gondo”, el norteamericano que cambió la cabeza de Manu Ginóbili y lo convenció que podía ser una estrella de la NBA

El gigante Gondrezick ante la atenta mirada de Ginóbili en Estudiantes de Bahía

El destino parece poner algunas huellas ligeras, casi imperceptibles, durante el camino. Unas migajas que van guiando el trayecto rumbo al punto final. Sería imposible sino encontrar una explicación para la sensible intromisión del norteamericano Grant Gondrezick en el camino de Emanuel Ginóbli.

El gigante blanco fue el hombre que impulsó el click inicial en la cabeza de “Manu”. El primer indicio para la transformación de ese flaquito con más sueños que certezas en la estrella que logró retirar su camiseta en la NBA. Así lo remarcó él mismo hace nueve años atrás durante una charla TED en la que expuso la ruta que lo transformó en un “distinto” del deporte.

“Había vestigios o cosas que indicaban que me podía llegar a transformar en un muy buen jugador de Liga Nacional, pero nada más. Al año siguiente vuelvo a Bahía Blanca. Hay un momento clave en ese año, que es una charla con un extranjero que jugaba conmigo y había estado dos o tres años en la NBA. Me sentó y me dijo: ‘Te tenés que ir a los Estados Unidos, a estudiar en una Universidad en Estados Unidos, que si vos vas y estás cuatro años ahí terminás en la NBA‘. Yo lo miré como diciendo ‘imposible’, este quiere ser mi amigo o algo, y me lo dice para motivarme o hacerme poner bien”, rememoró y lo posicionó como el núcleo de su transformación.

“Gondo” había llegado en 1996 a Bahía Blanca para accionar sus últimos cartuchos como deportista profesional. Sus casi dos metros y la evidente calidad lo transformaron en una atracción para los fanáticos, que todavía recuerdan de buena manera su escueto paso por la Liga Nacional. La inercia del mundo, al parecer, simplemente lo necesitaba para empujar a “Manu” hacia el Olimpo de las leyendas. En esa época, era apenas el hermano de Sepo y Leandro que había deambulado sin demasiado éxito en Andino de La Rioja.

“Grant había sido un ex NBA, un alero de 1,96 metros, muy fuerte, muy guapo, muy aguerrido para jugar. Este muchacho, que no tenía nada de tonto y contaba con gran experiencia en el basquetbol internacional y en la NBA, empezó a darse cuenta también que los pibes que tenía ese equipo eran cosa seria, importante. Especialmente Manu. Él empezó un poco a insistir en que Manu se fuera a un College americano. Decía que si Manu tenía la posibilidad de entrar ahí, le iba a abrir las puertas para algo muy importante. Y empezó a insistir mucho con eso; ¡y encima Grant era pesado!”, relató a Infobae hace unos años el “Zeta” Rodríguez, entrenador de aquel equipo bahiense.

Según detalló el periodista Diego Morini en el libro “Manu, el héroe”, el hombre que había sido elegido por los Phoenix Suns en el draft de 1986 y sólo había jugado allí durante una temporada, valorizó los atributos del joven Ginóbili: “Tenés las piernas de un jugador NBA. Si te vas a una Universidad norteamericana, en cuatro años estas jugando en la NBA”.

“Manu era el que más nos sorprendía de lo que hacía pero nunca me hubiera imaginado a dónde llegó. En esa época era impensado ir a la NBA, no lo teníamos en la cabeza. Después sí vimos muchos argentinos en la NBA, se abrió la posibilidad, pero en esa época era bastante difícil. Se había hablado en su momento del “Loco” Montenegro o el “Gigante” González y “Pepe” Sánchez había hecho toda la etapa del básquet universitario, pero nada más”, explicó Rodríguez a este medio sobre el escenario de mediados de los 90 y lo inesperado que fue todo el boom que se desató una década más tarde.

Todo lo ocurrido conspira para pensar que esta situación fue una intromisión adrede del destino. Por entonces, el errante equipo de Bahía había probado con otros norteamericanos como Zachary Allison, Willie Glass y Stacey Williams. Grant fue otra de las tantas fichas con sus pergaminos repartidos entre los Suns, el breve paso por Los Angeles Clippers y su trayectoria en equipos de menor valía en Estados Unidos y algunas ligas europeas.

Apenas duró 16 partidos en Estudiantes y protagonizó una anécdota que todavía se recuerda en el mundo del basquet doméstico: amenazó con no jugar uno de los encuentros a raíz de una deuda en dólares que mantenían los directivos con él. El entrenador logró convencerlo, Gondrezick entró a la cancha y fue clave en la victoria sobre Deportivo Roca que ayudó a evitar el descenso: anotó 42 puntos y bajó 15 rebotes, según informes del diario bahiense La Nueva.

LA AGITADA HISTORIA QUE RODEA AL IMPULSOR DE GINÓBILI

Durante su etapa universitaria en el College (@PeppBasketball)
Durante su etapa universitaria en el College (@PeppBasketball)

El escolta, que vino con más de tres décadas al país para compartir el puesto con el joven “Manu”, irrumpió en la escena del básquet universitario en el Pepperdine University, donde anotó más de 900 puntos a mediados de la década del 80.

Su familia se unificó bajo la anaranjada. Glen, su hermano, también fue NBA durante seis años repartidos entre los Nicks y los Nuggets; mientras que su hija Kysre se desempeña en el West Virginia Mountaineers. Sin embargo, la proyección deportiva que podía presentar Grant se nubló entre sus problemas legales y de adicción.

El primer síntoma se dio bien rápido. El año de su debut en los Suns quedó envuelto en una acusación por delitos relaciones con drogas junto con dos compañeros, entre ellos el seis veces All-Star Walter Davis, según los reportes del New York Times de 1987. El escándalo tomó una magnitud nacional y el Chicago Tribune lo definió como el “WalterGate”.

Hubo noches en las que me fui a la cama y me quedé mirando el techo. Vi cómo salía y bajaba el sol durante muchos días preguntándome qué demonios me iba a pasar. Había días que no quería ver mañana”, le dijo por entonces al Los Angeles Times en una etapa compleja que hasta contó con un capítulo dramático cuando su hermano Glen se disparó el pecho en un supuesto intento de suicidio pero salvó su vida de milagro.

La situación lo expulsó de la NBA y debió recluirse durante una temporada en el Caen francés, más allá de que negoció la pena con la Justicia y simplemente debió pagar una multa tras ser encontrado culpable de manipular a un testigo.

Regresó a Los Angeles Clippers al año siguiente, pero los conflictos irrumpieron, el fantasma de las adicciones siguió sobrevolando su imagen y dijo adiós para siempre al gran show del basquet. Su carrera se recicló en el Miami Tropics de las ligas menores gracias al reconocido John Lucas II, por entonces coach de esa franquicia: “Es como un padre, un amigo y una inspiración. John Lucas me salvó la vida“.

El gigante blanco rebotó entre la disciplina de segundo orden en su nación y las ligas belga, italiana, francesa y española, más allá de aquella excursión argentina con sus excentricidades a cuestas.

Gondrezick desarrolló la etapa final de su carrera en Estudiantes de Bahía Blanca (@PeppBasketball)
Gondrezick desarrolló la etapa final de su carrera en Estudiantes de Bahía Blanca (@PeppBasketball)

“Gondrezick estaba de vuelta y a él le convenía que Ginóbili fuera el que se encargara de absorber la mayor cantidad de ataques. De esa manera sabía que toda la atención de la marca del rival iba a estar puesta en Manu. Y cuando se provocaban distracciones, él tenía más posibilidades para jugar libre y meter sus 15 puntitos por partido“, definió Zeta Rodríguez su paso por Bahía Blanca en el libro sobre Manu.

Lo cierto es que las escuetas noticias vinculadas a “Gondo” casi siempre estuvieron asociadas a escándalos. En agosto del 2009, ya en el puesto de entrenador de jóvenes en una secundaria, debió afrontar una nueva acusación y se declaró culpable en un caso de fraude hipotecario que involucró la venta de 24 viviendas en Houston.

“Nunca en mi vida he tratado de defraudar a nadie. Todos los que me conoce saben que no soy yo”, explicó en una entrevista al Herald Palladium, advirtiendo que su papel era pequeño en el negocio y no tenía las herramientas para estafar a nadie desde allí.

Su nombre, asociado a los sobresaltos, los conflictos y las acusaciones escabrosas, al fin y al cabo se transformó en un factor clave de la NBA. En aquel que vio el brillo del diamante en bruto antes que nadie. El que logró percibir en Ginóbili a la leyenda que integró uno de los tríos más recordados en la historia de ese deporte.

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