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La Dolfina no para de hacer historia: heptacampeón del Argentino Abierto de Polo de Palermo

La Dolfina no para de hacer historia: heptacampeón del Argentino Abierto de Polo de Palermo (Matías Callejo / AAP)
La Dolfina no para de hacer historia: heptacampeón del Argentino Abierto de Polo de Palermo (Matías Callejo / AAP) (Matias Callejo/)

En 2013 gritó “dale Campeón”. Un año después, ya se usó la palabra “bicampeón”. En 2015: “tricampeón”. Y en 2016 se empezó a complicar cuando llegó al “tetracampeón”. Un año después, en 2017, siguieron con la que cantaban los brasileros en el Mundial 2014: “¡Pentacampeón!”. Pero hay más: 2018, ¡Hexacampeón! Y lo que sigue, hay que buscarlo en Google: “¿Cómo se dice siete veces campeón?”. Y, más allá del término que utilicemos para definirlo, la respuesta es siempre la misma: La Dolfina campeón del 126 Argentino Abierto de Palermo por séptima vez consecutiva. Sí, ¡Heptacampeón! del torneo de polo más competitivo del planeta.

Y sí, el equipo de Adolfo Cambiaso, lo hizo de nuevo. Desde que decidió romper filas allá por 2011 con su anterior formación, el mejor jugador del mundo se propuso buscar al mejor back del planeta (Juan Martín Nero) y quizá a los mejores dos (David Pelón Stirling, el motor del equipo) y tres (Pablo McDonough) para armar este tremendo equipo de La Dolfina que sólo conoce una palabra: ganar.

Es que, sus números impresionan: los de Cañuelas llegaron a la final del Abierto con un sprint de 38 encuentros ganados y apenas uno perdido allá por 2012. Hoy ya pueden decir que jugaron 40 partidos en la Catedral del polo y apenas perdieron uno, con ocho títulos – ¡siete consecutivos!– en su haber. ¿De dónde sacan la motivación para seguir ganando? “Si vos jugás en Palermo no te queda otra que motivarte. Este es el torneo más importante de polo del mundo. Lo que pasa con La Dolfina es increíble, nunca lo hubiéramos soñado”, le dice David Stirling a Infobae. Y así fue.

El equipo de Adolfo Cambiaso escribe la historia del polo moderno. Consiguió su séptimo título al hilo (ocho de nueve jugados con esta formación) y el número trece desde su fundación (Matías Callejo / AAP)
El equipo de Adolfo Cambiaso escribe la historia del polo moderno. Consiguió su séptimo título al hilo (ocho de nueve jugados con esta formación) y el número trece desde su fundación (Matías Callejo / AAP) (Matias Callejo/)

A las 17 de este sábado nublado, las tribunas de la Cancha Uno de Liberador y Dorrego están repletas con más de quince mil personas. Se ven la caras La Dolfina y Ellerstina (los hermanos Facundo y Gonzalito Pieres, su primo Pablo alias Polito y Nicolás, el tercer hermano) igual que en once de las últimas trece finales. Como ocurre cada año, la Platea A hace fuerza por el batacazo aunque –también como casi siempre– va a terminar aplaudiendo a Adolfo Cambiaso. Enfrente, la Dorrego del lado de Libertador, repleta de uruguayos –motivados por el crédito charrúa, Pelón Stirling– que alientan a La Dolfina y los de la Z que se ubican más cerca de Cerviño.

¿El trámite del match? Un partido accidentado (con un par de caídas de Pelón, otra de McDonough y un tremendo golpe de Juan Martín Nero que vio como el cuarto clon de la histórica Cuartetera le pasaba por arriba) pero con un dominio de punta a punta de La Dolfina. Una para el futbolero: si tienen que elegir un equipo, los jugadores de La Dolfina se sienten identificados con el Barcelona. Y en ese esquema, Nero es el mejor Dani Alves posible; los del medio son Iniesta y Busquets y, obviamente, Adolfo Cambiaso no podría ser otro que Lionel Messi.

Fue un partido accidentado, con un par de caídas de Pelón, otra de McDonough y un tremendo golpe de Juan Martín Nero que vio como el cuarto clon de la histórica Cuartetera le pasaba por arriba
Fue un partido accidentado, con un par de caídas de Pelón, otra de McDonough y un tremendo golpe de Juan Martín Nero que vio como el cuarto clon de la histórica Cuartetera le pasaba por arriba (Franco Fafasuli/)

Aunque ayer, por momentos, fue un “Lionel” como en aquella final de Champions en Roma, jugando bien de 9, tanto que en muchas de sus anotaciones le tocó acompañar el final de la jugada. Vale decirlo, en esta tarde histórica, también jugó de back. De toda la cancha.

En el primer tramo, AC anotó cuatro de cinco goles para poner a su equipo cinco a uno. Y, más allá de un amague de Ellerstina por remontar (se puso a un punto) el primer tiempo terminó en un cómodo 9 a 5. En el chukker cinco, todo pintaba para paliza. Cambiaso seguía aprovechando contras y facturando al por mayor. Lo mismo que Pablo Mc Donough (que se quedaría con el MVP) y el partido pintaba para paliza con siete goles de distancia. Mientras en La Dolfina está todo claro, los primos hacen tripa y corazón para acomodarse lo mejor posible en la cancha. Lo primero es la familia, es cierto, aunque eso implique desperdiciar a un tremendo delantero como Polito Pieres para mandarlo al medio. “Tratamos de acomodarnos de la mejor manera y ellos vienen jugando así hace años”, marca la diferencia entre un equipo y otro, el capital de Ellerstina, Facu Pieres.

Pero en este clásico de clásicos (un espectáculo único en el mundo para el que cientos de millonarios programan sus vacaciones cada diciembre para visitar esta mítica cancha comparable con Wimbledon) las cosas nunca están dichas. Y en los últimos chukkers Ellerstina empezó a arrimar la bocha y terminan el sexto tiempo a tres goles de La Dolfina. Faltan tres minutos cuarenta para que se vaya el séptimo chukker y las tribunas se quedan sin respiración. Juan Manuel Nero lleva la bocha arriba de la Cuartetera 04 (sí, el clon de la famosa yegua de Adolfo Cambiaso que también desde ese lugar marca el timming de estos tiempos) cuando lo cruza Nico Pieres. Entonces la yegua se patina y no lo aplasta de milagro cuando sus cuatrocientos kilos vuelan por encima del back de La Dolfina que yace en el piso. Unos minutos después, Nero se va a bajar de la ambulancia para volver a la cancha pero enseguida se da cuenta que no puede seguir jugando.

Entonces se viene otra nota de color: el brasilero Rodrigo Ribeiro Andrade será el primer brasilero en jugar la final del Argentino Abierto de Palermo y hay tiempo para algo de jogo bonito. Cerca de la campana final, Adolfo Cambiaso habilita al carioca con un backhunder que pasa entre las patas de todos los caballos y Ribeiro anota su golazo en la final de Palermo. Acto seguido, el mejor jugador del mundo recupera la bola post throw in, la lleva durante 130 metros y, antes de anotar, tira una sutileza hacia atrás para que el brasilero marque el último gol del partido. El final es 16-12 y La Dolfina corre al palenque a celebrar como pocas veces. Se escuchan los redoblantes de una murga uruguaya, se canta “dale campeón” y se tirá champagne al techo. Es que, siete títulos consecutivos no es poca cosa. Y este equipo que en 2019 cumplió veinte años (y jugó 19 finales) no para de hacer historia.

EL COLECCIONISTA DE RÉCORDS

Cambiaso, el hombre récord: consiguió su título 16 y a fuerza de victorias se anima a desafiar a los mitos de la historia del polo
Cambiaso, el hombre récord: consiguió su título 16 y a fuerza de victorias se anima a desafiar a los mitos de la historia del polo (Franco Fafasuli/)

Hace nueve años, parecía impensado que Adolfo Cambiaso pensara siquiera en igualar alguno de los récords de Juancarlitos Harriott, máximo ganador del Argentino Abierto de Polo en 20 oportunidades. Pero ahora, el objetivo no parece utópico. Si La Dolfina jugó 19 de las últimas veinte finales y Cambiaso ya cuenta dieciséis (está a cuatro del récord del hombre de Coronel Suárez), por qué Cambiaso no podría alcanzar al máximo ganador de la historia.

Más allá de las comparaciones (injustas por la diferencia de épocas), desde hace más de veinte años que este hombre escribe la historia y hasta las reglas de este juego. Suena exagerado, pero en el exterior llegaron a poner ciertas restricciones para que los equipos en los que jugaba el crack de Cañuelas no sacaran tanta ventaja. Y, ya en su debut con 17 años, batió una marca de goles en un partido de Palermo (16 goles) que no fue superada durante doce años (recién en 2006, lo superaría Sebastián Merlos aunque ya con una carrera en sus espaldas).

Para algún desprevenido, hasta 1998, Adolfo Cambiaso era el niño mimado de Ellerstina (su rival de estas épocas) donde ganó tres veces Palermo. Tenía todo servido y la organización de polo más importante del mundo a su merced. Pero él siempre quiso un poco más y decidió fundar su propio club para convertirse en la peor pesadilla de su mentor, Gonzalo Pieres (padre).

Al primer bosquejo de La Dolfina le costaba ganar. Tenía al mejor player del mundo, llevaba los colores de Nueva Chicago y jugó cuatro finales aunque sólo se quedó con una. En aquellos tiempos, la obsesión de Adolfito era hacer del polo un deporte más popular. ¿Qué se le ocurrió? Llevar a la hinchada del Torito de Mataderos a la Catedral del polo. Todos recuerdan, la tarde de 2003 cuando las señoras de la Dorrego hicieron un piquete en medio del campo porque la barrabrava tenía comportamientos más propios del fútbol. La Dolfina ganó cinco Abiertos en diez años con distintas formaciones que rotaban en el medio, pero siempre mantenía a dos hombres: el de Cambiaso más su cuñado y, hasta entonces, amigo del alma, Bartolomé Castagnola. Todo cambió en 2011 cuando AC decidió patear el tablero para armar este dream team que reescribió la historia del polo moderno. Ya (casi) nunca más perdió.

Ahora, con su séptimo campeonato consecutivo en el bolso, La Dolfina queda cerca de los diez al hilo que consiguió el equipo de Juan Carlos Harriott, Coronel Suárez, entre el 72 y el 81: “Cuando empezamos ni soñábamos con algo así. La verdad es que estamos haciendo historia pero sería muy difícil llegar a esa marca”, cuenta Juan Martín Nero que además deja entrever que la formación continuaría jugando junta: “La verdad es que nos divertimos, estamos en un gran nivel y encima ganamos: sería una lástima separarse”.

A unos metros, Cambiaso celebra con la sonrisa ancha. ¿Si se anima al récord de Suárez? “No, yo estoy viejo. Tengo 44 años. Son 23 finales, no es fácil, es un largo camino. Capaz Poroto jugando para La Dolfina lo logre en el futuro. Yo no… pero por suerte tengo un grupo humano tremendo que me apoya y una mujer que me banca en todas”, dice, mano a mano con Infobae el mejor jugador del mundo.

-¿Cuando rearmaste el equipo hace nueve años creías que esto era posible?

-La verdad que ganamos ocho finales en nueve años, perdimos un partido de cuarenta. Ni en mis mejores sueños lo hubiera soñado. Es de locos todo esto y estamos haciendo historia, de eso no hay dudas.

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