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La agenda parlamentaria brilló por su ausencia

(Foto: Comunicacion Senado)El clima de crispación y desasosiego que marcó el discurso del presidente Mauricio Macri en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación es solo un inquietante anticipo de un año electoral de connotaciones dramáticas.
La escena del recinto colmado de legisladores, de uno y otro lado, dispuestos a expresarse con gritos, insultos, abucheos, aplausos y risotadas irónicas, puso en acto la profundidad de la grieta que hoy hace imposible, ya no solo la búsqueda de algún punto de acuerdo o consenso, sino que mostró como inviable el solo gesto de escucharse con otros de manera desprejuiciada.
La tensión cortó el aire desde el vamos. Macri se posicionó en una encendida defensa de su gestión dejando en claro que no contempla ninguna posibilidad de cambio ni ajuste en el rumbo elegido y parte importante de la oposición se identificó en las bancas bajo carteles con la consigna #hayotrocamino.
La enumeración de sus logros se contrapone a un contexto de..

(Foto: Comunicacion Senado)

El clima de crispación y desasosiego que marcó el discurso del presidente Mauricio Macri en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación es solo un inquietante anticipo de un año electoral de connotaciones dramáticas.

La escena del recinto colmado de legisladores, de uno y otro lado, dispuestos a expresarse con gritos, insultos, abucheos, aplausos y risotadas irónicas, puso en acto la profundidad de la grieta que hoy hace imposible, ya no solo la búsqueda de algún punto de acuerdo o consenso, sino que mostró como inviable el solo gesto de escucharse con otros de manera desprejuiciada.

La tensión cortó el aire desde el vamos. Macri se posicionó en una encendida defensa de su gestión dejando en claro que no contempla ninguna posibilidad de cambio ni ajuste en el rumbo elegido y parte importante de la oposición se identificó en las bancas bajo carteles con la consigna #hayotrocamino.

La enumeración de sus logros se contrapone a un contexto de deterioro económico que convierte en inviable buena parte de las iniciativas que el optimismo macrista pretende impulsar.

La escena transcurrió inquietante. Las diferencias irreconciliables se expresaron de manera rotunda en la mera imagen o corporalidad.

El Presidente habló imprimiendo a su palabra una intensidad propia de un discurso de campaña. Acicateado por la tribuna, el tono escaló a barricada. Les habló a los suyos. Entre encendido, enojado y molesto desplegó todos sus argumentos remitiendo al 2015, un punto de partida para las comparaciones que no lo favorece precisamente, pero que deja en claro para todos y todas cuáles serán los ejes de la contienda electoral.

La confrontación con el pasado como única estrategia hacia octubre habla más del fracaso para instalar un relato, una mística propia, un convencimiento inspirador, que de un cambio cultural profundo que no parece haber arrancado. El populismo en todas y cada una de sus variantes sigue al acecho y recargado.

Al jefe de Estado se lo vio encendido como nunca antes. Si el alto voltaje con que desembarcó en el Parlamento obedece a una estrategia de marketing o delata un estado de ánimo genuino de Mauricio Macri, no quedó del todo claro. En cualquier caso, el patético descontrol institucional que se puso en evidencias en la Asamblea, que incluyó una imperdonable falla de seguridad que aportó confusión y desmadre con la provocadora participación de una legisladora que nunca llegó a ocupar su banca, fue sumando temperatura para el desconcierto en la inmensa mayoría de los argentinos que la mira por TV y presencia la teatralidad expuesta por una dirigencia que ofrece todo menos contención frente a la fragilidad de la situación económica y social con la que nos medimos a diario.

El anuncio más importante, y tal vez el único trascendente, de toda la pieza: el incremento del 46% para la Asignación Universal por Hijo, quedó diluido en su impacto, frente a la apabullante puesta en escena que terminó significando la sesión.

El Presidente reconoció las dificultades económicas, pero insistió en su convencimiento de que estamos mejor que en el comienzo de su gestión. Algo que la inmensa mayoría, incluido el 30% que lo sigue apoyando, no alcanza a percibir.

"Es cierto que la pobreza está volviendo a los niveles del pasado" dijo. Para agregar: "El país está mejor parado que en 2015 porque salió del pantano".

Nunca logró Macri explicar cómo empalma los logros y los beneficios de su gestión con la calidad de vida de los sectores sobre cuya mesa pasa arrasando la devaluación y su consecuencia más inmediata y devastadora: el alza del precio de los alimentos de primera necesidad.

Puede que la referencia a la infraestructura de agua corriente y cloacas refresque y aligere el peso de lo real, pero hablar de la posibilidad de un primer viaje en avión como parte de los beneficios suena demasiado liviano para este momento de apremiantes urgencias.

La apelación a un avance en las cuestiones de género y protección de las niñas, el tema que abrió la agenda 2018, también sonó desfasado a apenas horas de que todo el país se estremeciera frente al suplicio que vivió en Tucumán un nena de 11 años sometida a una micro cesárea luego de sostenidas dilaciones del sistema para liberarla del ultraje de una violación y del alarmante crecimiento de los casos de femicidios y embarazos en la primera adolescencia como consecuencia de abusos intrafamiliares del último año.

Si alguno de los legisladores esperaba una agenda parlamentaria para enfrentar las dificultades del momento o planear algo nuevo en el mediano plazo, hoy no la encontró. Sin casi iniciativas para lo que le resta de mandato, Macri hizo un repaso de su gestión y puso primera hacia el mes de octubre del que aún nos separa una impiadosa eternidad.

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