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Juegos improvisados en la calle, pupitres de madera y un truco para faltar al colegio: quién es este famoso conductor

Beto Casella en la foto escolarNombre completo: Bautista Casella
Edad de la foto: 6 u 8 años
Fecha de nacimiento: 29 de marzo de 1960
Barrio de la infancia: Haedo
Esta semana Beto Casella compartió sus recuerdos de la infancia con Telesehow. El conductor, que acaba de iniciar la temporada número 14 de Bendita en El Nueve, mostró las fotos que le sacaban cada año en la escuela Japón 153 de Villa Villa Luzuriaga en La Matanza, cuando tenía entre seis y ocho años y de una manera muy nostálgica comparó su niñéz con la de los chicos de ahora.
Hijo de italianos, su padre llegó solo a la Argentina y recién un año y medio después pudo traer al resto de la familia. Beto nació en Ramos Mejía aunque luego vivió en Haedo con su mamá, papá y hermanos.
Su plato preferido eran los fideos, por supuesto “amasados por la tana”: “Los hacía con una salsa irrepetible, en la que, por supuesto, había que mojar antes el pancito. Eran un ritual obligado. Si de adolescente querías quedarte un domingo en la cama..

Beto Casella en la foto escolar

Nombre completo: Bautista Casella

Edad de la foto: 6 u 8 años

Fecha de nacimiento: 29 de marzo de 1960

Barrio de la infancia: Haedo

Esta semana Beto Casella compartió sus recuerdos de la infancia con Telesehow. El conductor, que acaba de iniciar la temporada número 14 de Bendita en El Nueve, mostró las fotos que le sacaban cada año en la escuela Japón 153 de Villa Villa Luzuriaga en La Matanza, cuando tenía entre seis y ocho años y de una manera muy nostálgica comparó su niñéz con la de los chicos de ahora.

Hijo de italianos, su padre llegó solo a la Argentina y recién un año y medio después pudo traer al resto de la familia. Beto nació en Ramos Mejía aunque luego vivió en Haedo con su mamá, papá y hermanos.

Su plato preferido eran los fideos, por supuesto "amasados por la tana": "Los hacía con una salsa irrepetible, en la que, por supuesto, había que mojar antes el pancito. Eran un ritual obligado. Si de adolescente querías quedarte un domingo en la cama porque te habías acostado tarde el sábado , mi viejo la hacía simple : ¡nos levantaba a chancletazos !".

Beto Casella en la primaria
Beto Casella en la primaria

A la hora de lo dulce a veces el bolsillo no alcanzaba para golosinas muy caras, pero recuerda el chupetín Topolin con sorpresa y si su papá traía alfajores "era una fiesta".

"En nuestra época ni hubiéramos soñado con videojuegos. Para nosotros, el jueguito electrónico más sofisticado era una pista Scalextric, que tampoco era para todos, sino para el más pudiente", dijo y recordó que con sus amigos solía improvisar una pista en el asfalto que dibujaban con carbón o tiza y que a falta de autitos, utilizaban bolas de masilla con una cucharita "para mejorar la aerodinámica", mientras que las chicas jugaban al elástico.

Beto con su maestra
Beto con su maestra

Pero las diferencias no estaban solo en los juegos, a la hora de la escuela, el conductor recuerda que iba con portafolio negro de cuero con cierres metálicos ("si lo cuidabas te duraba de primero a séptimo grado") y que por supuesto, los cuadernos los forraban con papel telaraña azul, verde o colorado: "Minga de fotos de U2, Messi o Lali Espósito".

"Quiero ver una sola cabecita", rememoró el grito de la directora de la escuela pidiendo que tomaran distancia que, según recuerda, era igual al de Lita de Lazzari. En sus tiempos, ir a dirección como castigo por haberse portado mal, "era un drama".

"Estudiábamos con el Kapelusz, el Manual del Alumno Bonaerense, Historia con Cosmelli-Ibañez o Astolfi, Botánica con Dos Santos Lara y Educación Democrática con Alexandre", contó Beto que en esa época "ni hubiera soñado con que todos los datos estuvieran en una enciclopedia llamada Wikipedia".

Si de días escolares habla, no puede olvidarse de mencionar los pupitres, que eran de "madera madera" y con espacio para el tintero y de Platero y yo, libro que marcó a su generación y lo tiene "grabado a fuego de por vida".

Y aunque recuerda con cariño aquellos días, ¿quién no quiso faltar a la escuela para quedarse en casa? "Nos poníamos papel secante en los zapatos para que levante fiebre y faltar a clases", confesó y además contó que en su casa tenían una "curandera familiar" que iba a tirarles el cuerito cuando se empachaban, costumbre casi extinguida.

"Estoy seguro que los de mi edad, cuando miran para atrás y evocan estas cosas, lo hacen con una sonrisa. Sencillamente porque éramos felices. Porque nos arreglábamos con poco. Porque en la escuela confluían sin problemas ricos, pobres, rubiecitos y morochitos, burros y sabelotodo. Porque nos matábamos de risa de todo, aunque no nos sobrara nada. Eran otras épocas", cerró.

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