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Este roquense supo tener las manos más rápidas para embalar y boxear

“En la empresa Liguori, donde trabajé durante 50 años, llegué a ser el encargado de elegir a los embaladores que iban a estar en la temporada”.
El hombre que habla se llama Narciso Campos. El pasado 25 de diciembre cumplió 83 años y tiene una vitalidad envidiable.
Narciso es de baja estatura, delgado, siempre sonriente y muy amable. Esas características parecen contrastar con las de un boxeador avezado. Sin embargo lo fue y de los buenos.
“No sólo fui el primer ganador del concurso de embaladores que se hizo en la región, además fui boxeador. Gane varias peleas, otras empate y otras perdí, para qué vamos a mentir”, dice sonriente.
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Campos nació en 1936 en Roca. Nunca conoció a su padre, pero lleva su apellido. Su mamá, Sara Muñoz, falleció cuando él tenía 14 años.
La situación familiar, junto a sus cuatro hermanos lo obligó a tener que salir a trabajar a temprana edad. Fue así que conoció la vida en los galpones de empaque de ci..

“En la empresa Liguori, donde trabajé durante 50 años, llegué a ser el encargado de elegir a los embaladores que iban a estar en la temporada”.

El hombre que habla se llama Narciso Campos. El pasado 25 de diciembre cumplió 83 años y tiene una vitalidad envidiable.

Narciso es de baja estatura, delgado, siempre sonriente y muy amable. Esas características parecen contrastar con las de un boxeador avezado. Sin embargo lo fue y de los buenos.

“No sólo fui el primer ganador del concurso de embaladores que se hizo en la región, además fui boxeador. Gane varias peleas, otras empate y otras perdí, para qué vamos a mentir”, dice sonriente.

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Campos nació en 1936 en Roca. Nunca conoció a su padre, pero lleva su apellido. Su mamá, Sara Muñoz, falleció cuando él tenía 14 años.

La situación familiar, junto a sus cuatro hermanos lo obligó a tener que salir a trabajar a temprana edad. Fue así que conoció la vida en los galpones de empaque de ciudades como Roca, Allen, Cipolletti o Chichinales.

En 1970 se realizó el primer concurso de embaladores. El desafío se llevó a cabo en “El Prado Español”, hoy Sociedad Española de General Roca.

Narciso marcó un tiempo de 12 minutos para embalar cinco cajones con 150 manzanas cada uno. Algo así como 2:40 minutos por cajón. El premio fue un trofeo. Dicho concurso quedó reflejado en fotos y diarios, hoy amarillos, que son guardados celosamente por su esposa Mirta en una carpeta con folios.

La rápidez de Narciso le permitió tener trabajo todo el año en la empresa Liguori. “En invierno embalábamos y esa fruta se colocaba en vagones con barras de hielo para que llegara fresca al puerto de Buenos Aires”, recuerda Narciso, quien recibió una placa recordatoria por su permanencia en la empresa durante 50 años.

La pasión por el boxeo comenzó a los 16 años y fue por casualidad. Narciso tuvo una diferencia con un compañero en la fábrica de columnas de hormigón. Discutieron y se fueron a las manos, mientras los compañeros formaron una ronda alentando a cada uno de los contendientes.

En medio de la pelea apareció el encargado de la fábrica y todos tuvieron que volver a sus labores.

El encargado, de apellido Vilches, les llamó la atención, pero al terminar la jornada laboral llevó a los obreros peleadores al “Prado Español”, donde habían un ring. “Sáquense las ganas acá”, habría dicho.

“El otro era más grande que yo, pero le entré a dar de trompadas por todos lados. Vilches vió que tenía potencial y paró la pelea. Me dijo que yo tenía que entrenar para boxear. Hasta me cambió el horario de trabajo para poder ir al gimnasio”, cuenta riendo.

Así comenzó su carrera boxística, casi sin querer. Primero fue como aficionado y logró llegar al profesionalismo. Pero todo eso terminó cuando se casó con Mirta Catrifol, quien tuvo más fuerza en sus palabras que las trompadas de sus rivales.

A los 21 años Narciso tuvo que hacer el servicio militar y le tocó en una época oscura de nuestro país (1957 al 59). Fue en la Marina. En los dos años y medio de la “colimba” se hizo fama de boxeador y sus superiores vieron cierto potencial en el menudo hombre roquense.

Incluso le dieron permisos para entrenar en el famoso estadio Luna Park, no muy lejos de la base militar. “En la Marina me decían que por cada pelea que ganara, me daban 5 días de franco, así que me esforzaba. Allí pude conocer a grandes boxeadores de la época como Eduardo Lausse, Rafael Merentino y Cirilo Gil”, recuerda Don Campos.

En su servicio militar Narciso debía realizar guardias en estaciones de ferrocarril donde debía estar atento por las constantes amenazas de bombas que cruzaban peronistas y antiperonistas.

“En Buenos Aires querían hacerme firmar un contrato para seguir peleando, pero les dije que no. Yo extrañaba mi familia, así que me volví a Roca”, dice mostrando los recortes de los diarios de un tiempo de gloria.

Fotos: Emiliana Cantera

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