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Es hijo de un héroe de Malvinas y armó el primer mapa que ubica dónde murieron su papá y los otros 648 argentinos en la guerra

Ezequiel Martel Barcia, con uno de los mapas de su autoría detrás (Fotos: Nicolas Stulberg)
Ezequiel Martel Barcia, con uno de los mapas de su autoría detrás (Fotos: Nicolas Stulberg)

Ezequiel Martel Barcia perdió a su papá en la guerra de Malvinas cuando era apenas un bebé. Sus recuerdos son vagos, atravesados por las fotos de la época y la ausencia, un peso específico sostenido en la frase que escuchó toda su vida, como un consuelo: “Los héroes de Malvinas murieron por Dios y por la Patria”.

Pero para él esa idea nunca fue suficiente reparo. Siempre necesitó materializar la falta de Rubén Héctor Martel, piloto de un Hércules derribado el 1º de junio de 1982, pisar las islas, buscar rastros, llenar el vacío con acción. Y un día de 2012, sentado frente a un mapa de las islas, empezó a marcar en el papel, casi sin pensarlo, como un juego inventado durante una sumersión al ocio, los datos que tenía en su memoria sobre dónde fue que murieron su papá y los otros 54 miembros de la Fuerza Aérea caídos en combate.

Pronto el juego se transformó en un motor cuya tracción a sangre es la búsqueda de la identidad; la de Ezequiel y la del resto de los hijos de los 649 muertos en combate. “Para 2011 o 2012, estaba en mi oficina, tenía un viejo mapa de Malvinas y me puse a sacar la posición donde cae papá y así empecé con el resto. Cuando me descuidé tenía las 55 posiciones donde habían muerto todos de Fuerza Aérea. Lo fui chequeando con información de los libros y pensé qué puedo hacer”.

Podía hacer más. Y no sólo con los 55 caídos de la Fuerza Aérea. Entonces consiguió imágenes digitales de Malvinas y empezó a trabajar sobre estas con los datos del resto de las fuerzas: Ejército, Prefectura, Gendarmería, Marina Mercante y Armada.

“El fin es histórico y didáctico. Para muchos de nosotros, que perdimos a nuestros viejos, esto también es un alivio. Sé que mi viejo se quedó allá. Si el día de mañana tengo un hijo y me pregunta dónde se quedó el abuelo tener un mapa puedo mostrarle donde está haciendo guardia”, comenta Ezequiel en los pasillos de la sede Medrano de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), que exhibe los mapas, donde él cursa la tecnicatura en Gestión Aeronáutica.

Martel Barcia (38) hizo un mapa para cada fuerza. Consultó con ex combatientes de cada una para conocer dónde murieron sus soldados. “Lo armé con la idea de conservar el rigor histórico. Yo tenía la zona, me juntaba con los ex combatientes y terminábamos de corregir”, detalla.

Nadie antes en 37 años que pasaron del último disparo de la guerra, pensó en diseñar estos mapas. Excepto Ezequiel. “Nunca se hizo. Es extraño, pero cada uno es bueno en algo o tiene diferentes inquietudes. Y a mí me surgió, tenía algo que me generaba hacerlo y tuve el apoyo de todos. Me siento reconfortado cuando veo el trabajo en el rostro de los demás y sé que les gusta”, se enorgullece Martel Barcia, que trabaja como personal civil en la Fuerza Aérea.

Para el caso de los aviadores, el trabajo fue ubicar tentativamente el lugar donde cayeron. “No podés poner la coordenada, como en el caso del avión de papá, que es aproximada. Porque desde el impacto hasta que el avión cae, más el movimiento del mar, puede variar mucho, son los puntos en las zonas”, detalla.

En el caso del Ejército la complejidad fue otra. Ezequiel no podía plasmar a todos los que murieron en el mapa, porque fueron muchos: 16 oficiales, 35 suboficiales y 143 soldados conscriptos. “Entonces puse las zonas donde peleó cada regimiento y a los caídos los puse a los laterales del mapa. Es un trabajo que se hizo con mucho respeto hacia todos los héroes, y traté de buscar la forma en que fuera lo más visible y educativo para todos, sobre todo para las generaciones que vienen, para que vean que en ese lugar hubo argentinos peleando. Están enterrados en el cementerio, pero el lugar donde pasaron a ser guardia eterna fue en ese punto del mapa”, explica.

A Martel Barcia le llamó mucho la atención “la entrega que tuvo cada fuerza”. Cuando tuvo confeccionados todos los mapas superpuso como si fueran capas cada uno y se dio cuenta la enorme distribución en un territorio que, explica porque estuvo dos veces, es inmenso. “Te hace generar conciencia: empezaba a ver los puntos y después de la vez que viajé en 2017, te deja la duda: cómo pudieron haber hecho lo que hicieron contra uno de los tres ejércitos más importantes del planeta, peleando en lugares muy jodidos, pensás en la logística, el despliegue y el accionar”, dice con asombro.

El agujero de Malvinas ocupa una gran parte del corazón de Ezequiel. No es lo primero que activa sobre la Guerra. Dos veces fue para surfear en las playas cercanas a donde el Hércules que piloteaba su papá fue derribado. Y también consolidó una amistad con el oficial inglés que tiró abajo el avión de su padre. Contra todo lo que pueda creerse, Martel Barcia entabló muy buenas relaciones con los isleños, que lo recibieron con respeto y afecto.

De mi parte me sentí muy a gusto con los kelpers. Si me decís con qué me vine del viaje, te voy a decir que me trataron muy bien. Yo fui a buscar que me trataran bien. Me puse a disposición de ellos. Yo quería que me acompañaran. Fui con esa postura. Y ellos sabían y me sorprendieron todos los gestos que tuvieron conmigo”, relata.

El trabajo que hizo sobre los mapas no se lo guardó. El mapa con los 55 caídos de Fuerza Aérea lo presentó formalmente en 2014 en una jornada de puertas abiertas en la Base de Morón. Al año siguiente entregó a Gendarmería en un acto de bautismo de fuego, el mapa con los siete caídos de esta fuerza. “Cuando pasé al frente me presenté y le dije ‘soy hijo de un caído de otra fuerza pero el orgullo es el mismo’ y hoy vengo a entregarle la lámina y estaba el hijo de un caído de Gendarmería y nos emocionamos juntos”, cuenta.

El año pasado hizo lo mismo con el mapa que localiza los dos caídos de Prefectura Naval y este año entregará los propios a Ejército, Armada (375 muertos) y Marina Mercante (18).

Para Ezequiel Martel Barcia haber terminado de ubicar a los 649 héroes de Malvinas es una satisfacción, casi un sueño cumplido. Pero no el único al respecto. Su tarea no se termina con la exhibición. Cada mes ahorra dinero extra y manda a imprimir las láminas de Fuerza Aérea con un fin: “Quiero que en cada unidad de la fuerza esté el mapa. Ya lo hice en tres unidades: Tandil, Villa Reynolds y Palomar y me falta el resto. La idea es que el mapa esté en cada brigada. También en los institutos de formación”.

El piloto Rubén Martel, caído el 1º de junio de 1982, cuando Ezequiel tenía 10 meses de edad
El piloto Rubén Martel, caído el 1º de junio de 1982, cuando Ezequiel tenía 10 meses de edad

Días atrás le pidieron copias de cada uno para exponer en Aeroparque, lo que lo enorgullece. Pero su objetivo máximo es otro: “El sueño más grande sería que pudieran estar en todas las escuelas, que haya un lugar en cada escuela que muestre dónde se quedaron para siempre nuestros héroes. Y que sea un motivo de orgullo. Ahora sabemos dónde está cada uno. Sabemos que en esa parte de ese mapa tan grande quedó nuestro ADN”.

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