Noticias De Bariloche

Entre la justicia y el resentimiento

Alberto Fernández y Cristina Kirchner (REUTERS/Ueslei Marcelino)
Alberto Fernández y Cristina Kirchner (REUTERS/Ueslei Marcelino) (UESLEI MARCELINO/)

Voté a Mauricio Macri, quien incrementó la deuda externa, la inflación y la pobreza, transitó la mediocridad cabalgando la soberbia y terminó instalando su único logro inesperado: devolverle el poder a Cristina Kirchner. Tuvimos suerte, mucha. Cristina lo eligió a Alberto y hoy se van desarmando los temores y los odios, esos que Durán Barba y Marcos Peña exasperaron como sustitutos de sus logros, como expresión de su impotencia. Si hubiera ganado Macri, sin duda, habríamos llegado a su norte, Chile, no en la versión de sus logros sino en la de sus estallidos. Si hubiera ganado Cristina, el riesgo también era grande: la pacificación no hubiera sido fácil. Tuvimos suerte, y mucha, al elegir a Alberto Fernández. Cristina logró el triunfo y la pacificación, tuvo el gesto que Macri jamás hubiera tenido, una expresión de grandeza que los comerciantes exitosos no incorporan entre sus royalties. Y hasta Macri se volvió dialoguista y compartió un vaso de jugo con Alberto. La misa de Luján inaugura una nueva y digna sociedad, donde los dirigentes se hacen cargo de la responsabilidad de ayudar a pacificar a sus seguidores. De esa tarea encomiable nunca se encargaron ni Néstor ni Cristina, y mucho menos Macri, y recién ahora asumimos que es esencial a nuestro destino colectivo.

No soy de los que consideran que la falta de ética es la causa de la pobreza, al menos en la versión a la que con ingenuidad o ignorancia se refieren algunos. Los miles de millones de dólares que se fugaron y habían sido prometidos como inversión, ese saqueo a la sociedad está en los bancos y las grandes empresas privatizadas, esa deuda externa que nos destruye es el fruto amargo de privatizaciones sin control, de robos al Estado que no figuran en ningún cuaderno ya que fueron realizados por especialistas apoyados en la verdadera corrupción del poder.

El macrismo estaba empecinado en la idea de meter presa a Cristina, objetivo que no podía ocupar el lugar de todos los fracasos. Eran demasiado inútiles o, mejor dicho, perversos para lograr algo que no les fuera rentable. Expertos en negocios y odios, supieron completar los unos sin ser demasiado eficientes para los otros. Nos dejan una sociedad empobrecida y enfrentada. Si Cristina estuviera presa, no quiero imaginar la disolución social que nos estaría atravesando. La casualidad nos permitió arribar a un espacio semejante a un remanso de paz. Alberto cumple muy bien su función; los opositores podrían ya enterrar el hacha de guerra, dejar de asustar y asustarse con Cristina y participar de la reconstrucción de la sociedad, de una sociedad que destruimos entre todos, pero a los derrotados, si algún derecho no les asiste, es el de dar cursos de moral.

Las sociedades deben asumir que lo más importante es aquello que sirve al bien colectivo. Esta muletilla de moralina que imponen algunos no sirve de nada ni a nadie, solo les permite derramar en público sus resentimientos que de sobra, se hacen merecedores de un diván psiquiátrico. No sigan con el cuento de “hacer justicia”. “El que esté libre de pecado que tire la primer piedra”.

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