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Entendiendo el boom económico de EEUU

Para los críticos de la globalización y del capitalismo son tiempos de consolidación del sistema después de la crisis 2008-2009. La mayoría apuesta a la continuidad del sistema capitalista con un lógico y deseable aprendizaje, en particular en el campo de la regulación de los frágiles mercados financieros.
Entre las causas más de fondo aparece el desequilibrio de cuenta corriente norteamericana que Donald Trump quiere corregir con mayor proteccionismo. En Estados Unidos la explicación de agujeros negros que relativiza el impacto del déficit de cuenta corriente (Hausmann-Sturzenegger) es sugerente pero no aceptada. Se advierte que una cuenta corriente negativa en algún momento termina ajustando. El déficit comercial norteamericano, recordemos, en un 30% es explicado por el comercio bilateral con China. Algunos analistas observan que la presión para corregir este desajuste es desmedida.
China debería crecer más en su mercado doméstico. Como bien sabemos, el consumo está más restringido e..

Para los críticos de la globalización y del capitalismo son tiempos de consolidación del sistema después de la crisis 2008-2009. La mayoría apuesta a la continuidad del sistema capitalista con un lógico y deseable aprendizaje, en particular en el campo de la regulación de los frágiles mercados financieros.

Entre las causas más de fondo aparece el desequilibrio de cuenta corriente norteamericana que Donald Trump quiere corregir con mayor proteccionismo. En Estados Unidos la explicación de agujeros negros que relativiza el impacto del déficit de cuenta corriente (Hausmann-Sturzenegger) es sugerente pero no aceptada. Se advierte que una cuenta corriente negativa en algún momento termina ajustando. El déficit comercial norteamericano, recordemos, en un 30% es explicado por el comercio bilateral con China. Algunos analistas observan que la presión para corregir este desajuste es desmedida.

China debería crecer más en su mercado doméstico. Como bien sabemos, el consumo está más restringido en el proceso de crecimiento de ese país, donde la inversión es la variable más dinámica y alcanza el 43% del producto.

La afirmación de Alan Greenspan, allá por el 2006, sobre la probabilidad cierta de recesión en Estados Unidos generó un intenso debate académico en el mundo de los negocios —el economista asignó en su momento un tercio de probabilidad a la recesión. Por una parte, invita a la reflexión sobre la responsabilidad en la formación de expectativas de los propios actores de Wall Street. Por otra, no podemos dejar de señalar que la baja de tasas que impulsó Greenspan entre 2002 y 2004 tuvo que ver con la burbuja de crédito a la vivienda materializada en la expansión desproporcionada de préstamos subprime que fueron el origen de los activos tóxicos.

No es el momento de hacer una autopsia de la crisis. Lo claro es que Barack Obama se jugó en sus años al frente del país, junto a la Reserva Federal, a favor de recuperar la credibilidad. Sostener la confianza fue clave. Un equipo sólido, con sentido común y con vocación de fortalecer al sector real es lo que hemos visto desde la crisis hasta ahora en Estados Unidos.

La comunidad de negocios mira con optimismo hacia Estados Unidos. Tuvo un gran desafío Bernanke, experto en la crisis del 30, y se lo vio sólido. La inevitable comparación con Alan Greenspan estuvo presente.

La inflación norteamericana está contenida. Es probable que se necesiten mayores subas en la tasa de interés en el futuro y parece ser este el escenario más probable hasta fines de 2020, a pesar de la visión crítica de Trump.

El panorama norteamericano continúa siendo favorable y se ve continuidad en la expansión con mayor dinámica de las exportaciones. Hay motivos válidos y coherentes para sostener la dinámica exportadora. La principal economía del mundo fue responsable de la bonanza global 2002-2008, sin lugar a dudas gracias a una recuperación desde la última recesión del 2001. La productividad y la eficiencia norteamericanas son destacables. Desde mediados de los 90 la productividad crece a una tasa de 2,5%, cuando entre 1970 y 1995 lo hizo a 1,5 por ciento. Dicho aumento es naturalmente diferente por sectores, más elevado en industrias de mayor desarrollo tecnológico y menos en la manufactura tradicional. Se relaciona con la incorporación de IT por el mayor uso de capital por persona empleada y por el incremento de la eficiencia. Sin embargo, la variable productividad no es mágica y no suple a los fundamentals preocupantes de la macro que con buen olfato inquietan a muchos analistas.

En definitiva, el tablero de control de la macro norteamericana tiene como elementos destacables la tasa de interés creciente de la Fed, la inflación moderada y la creación neta de puestos de trabajo con un desempleo cercano a 3,8%, que es récord. La evolución de la Bolsa norteamericana es previsible. El petróleo relativamente de precio estable y la presencia del shale son claves en esta reactivación junto a la propia productividad del sistema de Estados Unidos. El crecimiento de su PBI del año 2019 estará más bien cerca de tres por ciento.

El autor es director del Área Economía del IAE Business School de la Universidad Austral.

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