Noticias De Bariloche

Elogio de los modales

El presidente Mauricio Macri (Gustavo Gavotti)
El presidente Mauricio Macri (Gustavo Gavotti)

La administración Macri ha sido moderadamente socialista. Pruebas de ello son su intervencionismo en los mercados, los elevados impuestos para sostener un gasto público infinanciable y, para no extendernos, el afortunadamente postergado Plan Belgrano, un proyecto propio de una economía planificada y de espaldas al mercado que describía con precisión la orientación de la gestión. Que quede claro: de mercado y libertad hubo muy poco.

Sin embargo, tener buenos modales desde el poder no es una cualidad menor, sino un cambio trascendental para la Argentina, un país muy alejado del orden republicano que establece la Constitución Nacional. La frase marketinera de Espert mostró una profundidad mayor a la que seguramente esperaba su autor.

Dicen de Macri que no fue claro al describir el desastre que encontró cuando se hizo cargo de sus responsabilidades. Es cierto: equivocado o no, priorizó no ventilar ante el mundo lo estructuralmente dañado que estaba el país. De alguna manera lo hizo por buenos modales. Macri no despidió a decenas de miles de militantes camporistas que poblaron la administración pública sin tener la mínima preparación; probablemente fue un error y debió despedirlos a todos de un plumazo, pero también podría haber dañado a personas útiles, tal vez procedió así por tino y buenos modales. Macri no ha tenido un solo funcionario como Guillermo Moreno (D’Elía, De Vido, Jaime, López…), que con la pistola sobre su escritorio recibía a sus conciudadanos, intimidaba mujeres, irrumpía en las reuniones de accionistas de las empresas con participación estatal y un largo etcétera. Podría haber designado gente de “choque” para imponer sus condiciones –siempre se consigue esa gente en las orillas de la política– y no lo hizo para no espantar potenciales inversores y/o porque sencillamente no está dentro de sus modales. Macri podría haber negociado con Moyano, Juan Pablo “Pata” Medina, Cristóbal López, políticos como Sergio Massa y tantos otros; es más, seguramente trató de hacerlo con algunos, pero las exigencias de estos ciertamente estaban lejos de toda razonabilidad y, por supuesto, de los buenos modales.

Los buenos modales nos hicieron acercarnos un poquito al régimen republicano. La Justicia –que tiene un presupuesto per cápita similar a la de los Estados Unidos– está mayormente corrompida, pero hoy es bastante más independiente de lo que era en tiempos K. Los buenos jueces han podido trabajar sin presiones, los malos complotaron, incluso desde los más altos estrados. El Congreso estuvo fragmentado, Macri no tuvo mayoría, ni automática ni manual, cada ley tuvo que ser negociada y muchas logradas a cambio de mayor gasto público, exigencias de provincias y políticos insaciables. El Poder Ejecutivo fue una y otra vez al Parlamento a dar explicaciones sobre su gestión conforme lo manda la ley, nunca rehuyó un debate, ni esquivó una explicación. Todo el sistema fue respetado en función de la recuperación de los roles en la división de poderes y la Ley, lo cual también puede ser tomado como buenos modales. El periodismo no fue restringido, vilipendiado, amenazado y/o asfixiado, todos pudieron decir su “verdad” con libertad; hasta la señal C5N fue respetada y gozó de pauta publicitaria estatal sin que se pidiera moderación a cambio, es más, casi se pagó para que se pudieran manifestar panfletariamente una impronta cuasi destituyente. Télam, agencia oficial de noticias, fue orientada con prudencia para lograr una modernización acorde a la comunicación de la era digital luego de soportar años el tremendo incremento de personal (de 479 a 926 empleados) que produjo el kirchnerismo antes de partir. En la TV pública hasta Hebe de Bonafini disfruta de un programa. Además, se sostuvieron otras voces opositoras y no se creó ni un sólo programa intimidatorio para con la oposición o contra posiciones de grupos políticos, religiosos o raciales diversos. Hay muchos otros ejemplos, cada quien debería rastrearlos por sí mismo y verificar el costo que tienen los buenos modales y también ponderar sus imprescindibles beneficios para el régimen republicano, democrático y federal.

Quien esto escribe no profesa por Mauricio Macri esa pasión incondicional de sus más fervientes partidarios, pero profesa por la república y la libertad un amor racional e inconmovible. No se dirá aquí que el Presidente es lo que se esperaba, sólo es posible decir que es un Presidente de buenos modales que ha trabajado por la república; lo ha hecho él y lo han secundado la mayoría de sus colaboradores y aliados. Ha trabajado Elisa Carrió, intentando reconstruir los fundamentos republicanos; ha trabajado Emilio Monzó, articulando un fragmentado Parlamento; ha trabajado Ernesto Sanz, convenciendo a los radicales; ha trabajado María Eugenia Vidal luchando contra mafias y gestionando un distrito patológicamente inviable. Ha trabajado una legión de gente que cree en el orden de la Constitución. Tal vez no sean liberales, quizá no simpaticen con los mercado abiertos como el “escribidor” que aquí reflexiona, pero se ha visto un claro esfuerzo por hacer un país más normal para quien lee esto, para quien lo redacta y para los hijos de ambos.

Los buenos modales son importantísimos. Los buenos modales acercan. Presenta más civilizada a la Argentina ante el mundo, modificando la burda imagen de la reina sin estirpe y la mala educación en el medio diplomático, presentando a un mandatario más pulido, educado, democrático y respetuoso, en fin, de buenos modales.

La verdad es que cuesta entender que los buenos modales no hayan sido considerados en su justa dimensión y se haya optado por otros que prometen ser distintos a los sufridos por más de una década. El mercado lo advirtió.

Sarmiento dijo: “Las naciones pueden ser criminales y lo son a veces y no hay juez que las castigue sino sus tiranos o sus escritores”. Parafraseándolo, tal vez podamos decir: las naciones suelen ignorar la importancia de las formas y las instituciones que las moldean y son moldeadas por ellas, y no hay juez que castigue tal ignorancia sino sus tiranos o sus escritores. Ojalá que lo que viene sea mejor, los buenos modales no se abandonen y podamos ver a la Argentina de pie y avanzando. Se verá.

El autor es director de la revista y portal Aeromarket, licenciado en Ciencias Políticas, master en Economía y Ciencias Políticas e investigador asociado de la Fundación Atlas 1853.

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