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El amoroso vínculo de Mirtha Legrand y su hermano mayor, José Martínez Suárez

Por Susana Ceballos

José Martínez Suárez y Mirtha Legrand
José Martínez Suárez y Mirtha Legrand

Dicen que los hermanos no se eligen, pero construir un vínculo fraterno con ellos, sí. Quizá por eso los tres hermanos Martínez Suárez, la Chiqui, Goldie y Josecito lograron una relación amorosa y compinche que se afianzó con los años y se transformó en un pilar en la vida de cada uno.

Los comienzos de ese lazo tan fuerte hay que rastrearlos en la casa familiar en Villa Cañás, en las tardes compartidas en el club Sportman, en la catequesis en la iglesia parroquial para tomar la Primera Comunión y en el recorrido cotidiano hasta la escuela 178 donde eran alumnos y su mamá, maestra. Si bien José era dos años mayor que sus hermanas, ellas además de cuidarlo lo mimaban mucho.

La comunión de los hermanos Martínez Suárez: Silvia, José y Mirtha
La comunión de los hermanos Martínez Suárez: Silvia, José y Mirtha

El 20 de enero de 1937 los tres hermanos aprendieron de una vez y para siempre lo que significa crecer de golpe. Ese día su papá falleció, y su mundo tranquilo y casi sin sobresaltos se rompió. Con su madre, los hermanos vendieron su casa de Villa Cañás y se instalaron en el barrio porteño de La Paternal, en una casa en Médanos y Donato Álvarez.

Tiempo después las mellizas comenzaron a participar en distintas películas. Mientras Chiqui protagonizaba Los martes orquídeas, José ganó cinco pesos en la misma película actuando de extra. Un día su mamá le pidió que acompañara a sus hermanas mientras filmaban en los estudios Lumiton y Josecito, fanático del cine, se coló en la filmación.

A partir de ese momento comenzó una carrera en paralelo. Mientras Mirtha se convertía en una estrella de la pantalla grande y con el tiempo de la televisión, José comenzaba su camino detrás de las cámaras como guionista y director. Al principio solo era considerado “el hermano de Mirtha”, tanto que lo apodaban Mirto. Pero con los años, por sabiduría y talento llegó a ser considerado no solo uno de los hombres que más sabía de cine en la Argentina sino el gran maestro de las nuevas generaciones. Mientras José y Mirtha delante o detrás de cámara hacían del cine su vida, Goldie prefirió retirarse del espectáculo y dedicarse a su familia.

Aunque los Martínez Suárez eligieron distintos caminos siguieron unidos de forma estrecha. Mirtha, que nunca tuvo problemas en hablar de su vida o incluso en poner en aprietos a su nieta Juanita Viale, preguntándole en medio de su programa si estaba enamorada, o en retar en público a su nieto Nacho, siempre fue muy discreta y respetuosa con la vida de sus hermanos.

Con José mantenían un vínculo amoroso matizado con algunas picardías del hermano mayor. Como aquella vez que, conocedor de la negativa tajante de Mirtha de dar a conocer su edad, la confesó en el Festival de Cine de Mar del Plata.

El hecho fue así. En medio de una conferencia, Ricardo Darín le dijo si podía hacerle una pregunta y Martínez Suárez, pícaro, contestó: “Menos la edad de mis hermanas puedo responder todo”, para rematar un rato después con un “aunque en honor a la verdad, yo soy de 1825 y mis hermanas de 1927”.

Martínez Suárez, una de las pocas veces que fue a la mesa de Mirtha Legrand; a su derecha, el director Juan José Campanella, uno de sus discípulos. “Estoy emocionada con que estés acá”, le dijo ella esa noche; “Ah, no, no te olvides que tenemos una cita para el 2063, así que consolate con que nos vamos a volver a ver”, retrucó él, pícaro
Martínez Suárez, una de las pocas veces que fue a la mesa de Mirtha Legrand; a su derecha, el director Juan José Campanella, uno de sus discípulos. “Estoy emocionada con que estés acá”, le dijo ella esa noche; “Ah, no, no te olvides que tenemos una cita para el 2063, así que consolate con que nos vamos a volver a ver”, retrucó él, pícaro

En otra oportunidad, y también en el Festival de Cine, Mirtha era la invitada de honor. José desde el escenario le agradeció con un: “Estoy muy contento de que acá esté mi hermana mayor”. Hizo una estudiada pausa y ante la cara de desesperación de la diva repitió la frase: “Estoy muy contento de que acá este mi hermana mayor… mayor alegría no podría tener”, y se ganó la risa de Mirtha y la ovación del público.

A la diva siempre la llamaba por su apodo de infancia, Chiquita, y jamás por su nombre artístico. Siempre la presentaba como “La señora de Tinayre” y nunca como “La señora Mirtha Legrand”.

Es conocida la generosidad de Mirtha para hacer fantásticos regalos a su familia. Cuando su hija Marcela cumplió 67 años le regaló una camioneta alemana de 71 mil dólares. Con su hermano no fue menos generosa, y le obsequió un departamento sobre Avenida Libertador muy cerca de donde vive ella. Josecito reconocía su generosidad, aunque solía comentar, entre risas: “Lástima que no tuvo en cuenta que media jubilación se me va para pagar las expensas…”.

Mirtha y Josecito se querían con sus defectos y no a pesar de ellos

En ese departamento José daba sus reconocidos talleres de cine y guión. Sobre su escritorio, en un lugar no central pero bien visible, tenía el recorte de un diario con el recordatorio de la desaparición de Julio Enzo Panebianco, su yerno. Ese fue seguramente uno de los episodios más dolorosos de su vida. Durante más de 30 años, al menos públicamente Mirtha no habló de esta tragedia, pero en 2010 en uno de sus almuerzos reveló que su sobrina María Fernanda Martínez Suárez, hija de José, fue secuestrada el 2 de marzo de 1977 junto a su marido.

Mirtha relató que le pidió “a un general de la Nación a quien circunstancialmente habíamos conocido” (Albano Harguindeguy, en ese momento Ministro del Interior de la Dictadura) que intercediera. Antes lo había intentado con el interventor de Canal 13. “Pero no me ayudó por temor”, dijo. Y agregó: “Todo el mundo tenía miedo”. La respuesta que obtuvo del ministro de Rafael Videla fue: “Déme un tiempo, Mirtha, lo voy a averiguar”. Finalmente, “a mi sobrina la liberaron, pero al marido no”.

Dicen que en ese momento, desesperado, José le escribió una carta a Emilio Eduardo Massera para suplicar por su hija y su yerno y la llevó a su casa, pero el almirante lo ignoró. Entonces, y según un relato que apareció en la revista Anfibia, “fue al departamento de María Fernanda y dejó una nota que decía: ‘Si buscan a mi hija vengan a mi casa’, y anotaba su dirección“. Al poco tiempo y gracias a la gestión de su tía, Julieta fue liberada pero su marido continúa desaparecido como lo recuerda ese pedacito de diario que José conservaba en su escritorio.

Pese a estos dolores familiares, la relación entre los hermanos siempre fue entrañable. Digamos que se querían con sus defectos y no a pesar de ellos.
En los últimos años Mirtha puso un auto con chofer a disposición de su hermano pero él prefería viajar en colectivo y jamás aceptó ese servicio.

Josecito toma la palabra; a su derecha, sus hermanas, Mirtha y Silvia
Josecito toma la palabra; a su derecha, sus hermanas, Mirtha y Silvia

José jamás renegaba de la fama de su hermana pero si le molestaba cuando solo se lo reconocía por ese vínculo: “Yo tengo mi propia personalidad. Me molesta cuando dicen que soy ‘el hermano de Mirtha…’. A veces la gente me reconoce, pero como me da vergüenza digo que se confundieron de persona. Otras veces, que me agarran con mejor gana, digo que soy yo”.

Aunque casi no hay fotos los tres juntos -tanto Goldie como José siempre se mostraron reacios a participar de los almuerzos televisivos-, los hermanos se veían todas las semanas y hablaban casi todas las noches. Le hacían críticas y comentarios acerca de su programa o le daban ideas como el término “mesaza”, que se le ocurrió a Silvia.

Era frecuente que en medio de la noche José recibiera un llamado. A diferencia de la mayoría de las personas que se sobresaltan al escuchar el teléfono a medianoche porque saben que seguramente será el anuncio de una desgracia o de un secuestro virtual, José atendía tranquilo. Es que que del otro lado de la línea siempre estaba la Chiqui para preguntar el nombre de una persona o un dato que no podía recordar con certeza.

La memoria de los Martínez Suárez era legendaria. Los hermanos solían organizar concursos sobre quién recordaba más datos y aunque peleaban cabeza a cabeza por el primer puesto, era Josecito el que terminaba imponiéndose.

Josecito cuenta una anécdota de sus comienzos en el cine, incentivado por su hermana (Video: “La noche de Mirtha Legrand”, El Trece)

Como su hermana, también era fanático de Racing, pero a diferencia de ella no le gustaba salir en revistas. En algún evento en que participaron juntos en las fotos se la ve a Mirtha ocupando el centro de la escena y a él en un discreto segundo plano que elegía, y no que se le imponía.

Otro cita ineludible era cada domingo, y cuando Mirtha terminaba su programa, reunirse los tres a tomar el té. “En esos encuentros hablamos de la actualidad, de la situación del país. De cómo salir del pozo en el que nos encontramos, de la ineficacia en la lucha contra la pobreza. Contra el pobre jubilado, de los asaltos a plena luz del día…”, contaba José.

Hoy Mirtha seguramente se quedara en un rincón mientras Chiquita llora y despide a su hermano, quien murió este sábado 17 de agosto. Porque la fama es puro cuento, pero el amor entre hermanos, no. Y ella… ella lo sabe. Y lo siente.

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