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Eduardo Costantini: “Hacia adelante, no veo un cambio estructural para mejor; no hay consenso político sobre un diagnóstico correcto”

(Infobae)

El empresario Eduardo Costantini confiesa que, hace cuatro años, le dio el “beneficio de la duda” a Mauricio Macri y creyó que podía implementar las medidas para cortar una historia de cuatro décadas de fracasos económicos. Pero se equivocó. Hoy, con la llegada del nuevo Gobierno no tiene demasiadas expectativas de que Alberto Fernández pueda hacer un “cambio estructural” para mejor, aunque luego del anuncio del Gabinente encontró algunas señales positivas. Hacia delante, ve un país sin los consensos necesarios para salir del rumbo que lo tiene atrapado.

Costantini recibió a Infobae en sus oficinas del barrio de Catalinas, el mismo donde en la década del ’90 desarrolló dos de los rascacielos más emblemáticas de la zona con Consultatio, su empresa de real estate. Y muy cerca de su próximo proyecto de torres corporativas, uno de los más grandes del país, con 92.000 metros cuadrados propios y una inversión de USD 380 millones.

—¿Qué expectativas le genera la llegada del nuevo Gobierno?

—La Argentina logró la estabilidad de un sistema político democrático. Vamos a cumplir 40 años de democracia, es un logro significativo. Con buena representatividad, incluso mirando los problemas que hay en los países vecinos, donde la política no logra representatividad en los momentos actuales, por las demandas sociales. El caso sobresaliente es Chile.

Sin embargo, la Argentina ha continuado con su desencuentro económico. No ha ido para ningún lado, ha retrocedido. La pobreza ha aumentado, ha gobernado el peronismo, el radicalismo, una nueva fuerza Cambiemos y estamos en esta situación. La Argentina no encuentra su rumbo, su estabilidad económica, que a su vez es una manifestación de problemas políticos, de corrupción en casi todos los niveles, de funcionamiento de la justicia. Dentro de ese fracaso económico, los últimos ocho años han sido peores que el promedio de los 40 anteriores.

Hacia adelante, no veo un cambio estructural para mejor, no hay consenso político sobre un diagnóstico correcto de qué es lo que nos tiene atrapados, trabados, para lograr un crecimiento de largo plazo, una estabilidad a 20 años. No solo un ciclo de siete u ocho años, que tal vez fueron los más longevos. En el último ciclo, en dos años, la administración chocó la calesita. Desde comienzos del año pasado que ya estamos mal.

(Infobae)

—¿Cómo evalúa al Gabinete presentado por Alberto Fernández?

Hay elementos positivos como la intención de lograr un equilibrio macroeconómico. Va a haber una mirada con un coordinador, que es el Ministro de Economía, lo que no ocurría en el Gobierno de Mauricio Macri. También tienen el objetivo de mejorar la situación social, de renegociar la deuda externa y reactivar la economía, que viene de la mano del primer objetivo. Y tener un equilibrio o un desequilibrio fiscal moderado, al mismo tiempo que lograr una reducción de las tasas.

Para lograr una mejora social, con aumento de sueldos o algunos programas selectivos para distintos sectores de la población, van a tener que recurrir al no pago de la deuda, ni el capital ni los intereses; aumentos de impuestos, como retenciones o bienes personales; y a emisión monetaria moderada. El approach es heterodoxo, salir a través de la expansión de la economía. La Argentina está en una situación muy complicada, con poco margen. No tiene recursos. Todo esto simultáneamente no se puede maximizar, es contradictorio.

La economía probablemente tenga una mejora relativa, pero si no hay cambios estructurales, no va a tener esa transformación necesaria que no la ha acompañado durante tantas décadas.

—¿Cuáles considera que fueron los errores de Cambiemos que llevaron a la Argentina a esta situación?

—Crecimos más allá de nuestras posibilidades. La Argentina gasta más de lo que tiene. El sector público creció enormemente en los últimos 17 años, generando un déficit y aumentando impuestos; entonces hoy te queda una estructura productiva que no es eficiente y los margenes son muy bajos en términos generales.

Entonces la buena voluntad de tratar de darle a la población una calidad de vida se traduce en un aumento de precios. No en un aumento de la producción. Estamos con un nivel de inflación que es casi récord en el mundo, entre los cinco países de mayor inflación. No tenemos moneda. Desde la convertibilidad, que el dólar valía uno a uno, y hoy que el dólar libre está a $70, la moneda perdió el 98,5% de su valor. El ahorro está en el exterior, el sistema financiero esta totalmente diluido. Es un paciente que está intubado por distintos lados, con una normalidad significativa única en el mundo. Sin embargo, los argentinos no tenemos una mirada macro y un diagnóstico correspondiente para hacer los cambios estructurales para reducir la pobreza.

(Infobae)

—Al principio hubo mucha expectativa del sector empresario de que Macri podía hacer esos cambios

Yo mismo le dí el beneficio de la duda. Decía que era un sendero de bifurcación y angosto que podía resistir. Pero me equivoqué, lo reconozco. Cambiemos planteó una solución donde buscó lograr un equilibrio a partir del crecimiento, entonces no redujo el tamaño del Estado, por ejemplo. Eso lo pudo hacer porque podía financiar el exceso del gasto. El país no estaba tan endeudado, ya que la administración anterior no era confiable al exterior y a la Argentina no le prestaban.

Financió con deuda, lo que produjo una inflación que desarticuló los precios, atrasó el valor del dólar y cuando el inversor se dio cuenta de que el plan no era consistente estuvo la corrida hacia el dólar, que precipitó la crisis financiera y la crisis en la economía real. Macri, en el fondo, hizo una propuesta que va dentro de las soluciones que todos los Gobiernos le proponen a la Argentina que es no sacrificarse , no pagar el costo social y fracasar.

—Pero finalmente hubo un costo social altísimo

—A la postre, el remedio es peor que la enfermedad. En definitiva, la inflación produce un gran perjuicio. Aumenta la pobreza, lo que la gente gana no le alcanza, produce una suba en la tasa de interés, una corrida hacia el dólar, una lucha de aumentos y una espiral inflacionaria. En la agenda empieza a tener más importancia cómo remarcás que cómo producís. Le afecta siempre al sistema productivo de lleno.

Con el diario del lunes, puedo decir que fue un sistema ingenuo porque estaban convencidos que la inflación convergía. Lo que falló fue técnicamente el modelo macroeconómico

Y también al sistema financiero, porque lo licúa. El dólar sube y la gente retira depósitos para compras dólares.La inflación es un cáncer y la Argentina tiene siempre inflación. El año que viene, ¿qué inflación va a haber? ¿un 30%, un 40% anual? La inflación promedio mundial es del 2%. Le preguntas que es inflación a una persona joven en el exterior, no conoce el término. No lo tiene incorporado y no figura en los diarios ni en ningún lado.

—¿Hubo un exceso de optimismo sobre el efecto del endeudamiento?

Ahora, con el diario del lunes, puedo decir que fue un sistema ingenuo porque estaban convencidos que la inflación convergía. Lo que falló fue técnicamente el modelo macroeconómico. Porque se emitió de más, entraron capitales financieros, se gastó de más y se tuvo que devaluar significativamente, de $9 a $14, a pesar de que había dos mercados. Ajustaron tarifas que estaban en el piso, totalmente desarticuladas, pero al sufrir un aumento monstruoso eso se traduce en inflación y si a los sectores asalariados se le reconoce la inflación, en el fondo… ¿quién pagó el ajuste de tarifas?

La vista de Puerto Madero desde las oficinas de Consultatio, la empesa de Costantini (Lihue Althabe)
La vista de Puerto Madero desde las oficinas de Consultatio, la empesa de Costantini (Lihue Althabe)

El país estaba viviendo de prestado, porque el gas era regalado, el agua era regalada y se estaba descapitalizando. Subir las tarifas es una medida antipopular y si no suben los sueldos en proporción, el país tiene que hacer un ajuste y reconocer lo que vale el gas, la electricidad, la nafta. Ese es el problema de la Argentina. No queremos tomar la medicina correspondiente y este nuevo Gobierno tiene esa misma visión.

Se quiere salir hacia adelante aumentando el consumo. Está muy bien desear que haya menos pobreza, que la gente viva mejor y que tenga la dignidad que tiene que tener. Pero eso no nos lleva a un cambio estructural donde haya un antes y un después.

—Del nuevo Gobierno trascendió la intención de “poner dinero en el bolsillo de la gente”, ¿qué opina del efecto de este tipo de medidas?

—En el corto y el mediano plazo puede funcionar bien, porque como la deuda no se paga, se alivia el costo financiero. Como se va a patear la deuda y los intereses, va a quedar el déficit de ingresos y egresos del Estado, los sueldos, las jubilaciones y eso podría ser un puntos y pico del Producto.Entonces, con emisión monetaria se va a poder tener el mismo Estado con inflación. Obviamente la emisión va a producir inflación.

Ese es el problema de la Argentina. No queremos tomar la medicina correspondiente y este nuevo Gobierno tiene esa misma visión

Al principio, con un acuerdo de precios, la gente con programas sociales va a tener una mejora en sus sueldos y va a estar en capacidad de consumir un poco más y eso va a dar lugar a un aumento de la producción por una mayor demanda; pero no va a ser una reforma estructural y, en definitiva, la inflación va a producir una suba del dólar, una suba de la tasa de interés, un retraso en los sueldos y el sistema productivo va a seguir teniendo poco margen porque el Estado no se va a achicar.

—En el contexto actual, ¿hay margen para ese cambio?

—Creo que que sí. Lo que es difícil es vislumbrar la ecuación política porque, en realidad, el Frente para Todos es casi como una coalición con distintas tendencias con una visión económica un poco diferente. Hay que ver la suerte de la implementación de este programa dentro de este frente; ver cómo cambian los pesos específicos. Me refiero concretamente a La Cámpora, un ala un poco más a la izquierda.

El empresario junto a la obra de acrílico de Rogelio Polesello que tiene en su escritorio (Lihue Althabe)
El empresario junto a la obra de acrílico de Rogelio Polesello que tiene en su escritorio (Lihue Althabe)

—¿Cree que será más parecido a los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner?

—Las transformaciones se producen cuando los distintos partidos políticos tienen un acuerdo metahistórico acerca de cambios estructurales que el país requiere. Y eso no lo veo. Es como on y off.

Y cuando Macri era jefe de Gobierno de la Ciudad también agrandó sus gastos. La provincia de Buenos Aires agrandó menos porque no le daban presupuesto cuando estaba Daniel Scioli. Se maneja más por la agenda individual de cada político que por esa mirada al país a largo plazo.

También toda la discusión de querer politizar al Poder Judicial. Hay una estrategia que claramente se ve con la actitud de la vicepresidenta. No es un tema menos institucional que tenga causas y que su visión sea que la Justicia se ha politizado.

—¿Le parece que puede haber una nueva suba del dólar luego del cambio de Gobienro?

—El valor del dólar está alto. La Argentina es barata por el tipo de cambio. Pero otra cosa son la productividad y los márgenes. Cuando las expectativas son desfavorables, el dólar sube y la Argentina se pone barata pero no en base a eso vos vas a generar un aumento de la producción. El dólar va a subir o bajar de acuerdo al grado de acierto que tenga el nuevo programa económico.

Las transformaciones se producen cuando los distintos partidos políticos tienen un acuerdo metahistórico acerca de cambios estructurales que el país requiere. Y eso no lo veo

Al principio, al dólar no lo veo en una disparada. Eso ocurriría si hubiera un fracaso ostensible y una suerte de aumento de precios enorme. El déficit fiscal, sin el financiero, no es tan grande. Va a haber acuerdo de precios y respaldo político. Pero no va a haber un cambio de expectativas para bien hacia la Argentina de una manera significativa. No va a cambiar la ecuación.

—El mercado inmobiliario va a cerrar como uno de los peores años en ventas y con mucha incertidumbre

—Nuestro sector es muy cíclico. Anduvo mal a partir 2011 y en 2015 mejoró con la expectativa del cambio del Gobierno. El 2018 fue malo y el 2019 fue el peor después de 2001-2002, que fue la crisis más profunda de la Argentina desde la década del ’30. Hacia el año que viene puede haber una recuperación parcial con relación a este año. Pero nuevamente al año que viene lo veo con menores ventas que un año promedio.

Tenemos un proyecto de departamentos en la avenida Ingeniero Huergo pero no estamos viendo que haya una demanda razonable para lanzarlo

—¿La baja en los costos de la construcción y las restricciones a la compra de dólares podrían impulsar el mercado?

—El problema es la falta de demanda. El sector inmobiliario es un caso extraordinario en el mundo porque está sustentado sin el crédito hipotecario. Accede un segmento de la población que tiene ahorros, que están capitalizados. Ese segmento compra por necesidad o por inversión. Cuando las expectativas son desfavorables o cuando sube el dólar, dejan de comprar y eso produce el ciclo. No es que baja 10 o 12 puntos, son bajas muy sustanciales. Ahora estamos en una época recesiva de ese ciclo. Las expectativas no van a cambiar tanto y va a haber una mejora relativa donde va a incluir la baja del costo del la construcción.

—¿Tuvieron que frenar desarrollos?

—Al desarrollar ciudades, cuando la gente tiene terrenos, el nivel constructivo se mantiene. Las familias construyen. Pero están faltando más ventas para poder lanzar más barrios. Tenemos el proyecto más grande de oficinas, en Retiro, con una inversión de USD 380 millones. También tenemos terrenos en Nordelta esperando que haya un rebrote de la demanda. Y un proyecto de departamentos en la avenida Ingeniero Huergo que lo queríamos lanzar pero no estamos viendo que haya una demanda razonable para hacerlo.

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