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Conocer a pedal para vivir los paisajes

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Del mar a la cordillera el cicloturismo se afianza y lleva a los visitantes a lugares que los turistas tradicionales no se enteran que existen. En los paseos, los ciclistas toman sus cascos, aceitan las cadenas, se relacionan con la gente de los lugares que visitan, se sorprenden y vuelven felices.

Varios circuitos se marcan con la delgada huella de la bicicleta en la región. Se puede pedalear frente al mar, o en la meseta de Somuncura, entre pozos de petróleo, el Norte Neuquino, o las montañas de la cordillera.

Para arrancar se necesita bicicleta, anteojos de sol, casco y protector solar. Todas las propuestas implican un desafío físico y mental, pero abren la puerta a experiencias inolvidables.

El Norte Neuquino

Está regado de paisajes inhóspitos y agrestes llenos de sorpresas. En Buta Ranquil se puede pedalear entre profundos cañadones, saltos y decenas de vertientes de agua, antiguas minas de asfaltita usadas por alemanes y hasta cráteres monogénicos.

“Las vistas son espectaculares bajo la mirada del volcán Tromen, que nos acompaña en cada pedaleada”, dijo Luis Reyes, guía de Mountain Bike de la zona y recomendó un recorrido de 45 km en el que se pasa por un valle de cactus (Pequenco) se pedalea por caminos rurales, entre cañadones y senderos de arrieros y permite acceder al afloramiento de yeso más grande de la provincia.

Manzano Amargo también propone un circuito para descubrir la Cascada Escondida. Se sale de la plaza. “Por Ruta 54 avanzamos 500 metros de sendero por bosques con dificultades para conseguir una vista panorámica del volcán Domuyo, la cascada las Fraguas, el bosque nativo Los Llao Llao. Son 18 kilómetros que se hacen en 6 horas”, dijo José Alfaro, guía de esa zona.

Bariloche

A varios kilómetros de allí, tiene paseos increíbles pero para andar en bicicleta los turistas eligen el Circuito Chico, una manera exigente y aventurera de adentrarse en el bosque y tener buenos miradores para contemplar lagos y montañas.

Se puede llevar la bicicleta o alquilarla, en la puerta del circuito que hay al menos dos locales. El paseo tiene 25 kilómetros asfaltados y exigentes subidas y bajadas, por lo que hay que estar preparado físicamente.

Partiendo de la rotonda del kilómetro 18, la primera parada obligada es frente al hotel Llao Llao para tomar la clásica postal del complejo. Si el cielo está despejado se puede ver desde allí el cerro Tronador, la península Llao Llao y el lago Moreno.

El recorrido continúa hacia el ingreso del Parque Municipal Llao Llao. La ruta está cubierta de centenarios árboles que dan la sensación de estar pedaleando dentro del bosque. Hay bifurcaciones del camino central para conocer la playa de Villa Tacul sobre el lago Nahuel Huapi, el puente Romano o el lago Escondido.

Para la foto ideal se debe hacer un stop en el Punto Panorámico, que tiene un renovado mirador desde donde se ven los lagos Moreno y Nahuel Huapi, y la península Llao Llao. La vuelta circular del paseo continúa hasta pasar el puente que divide el lago Moreno. Es un buen lugar para bajar a la costa y recuperar fuerzas para el tramo final. Y de vuelta otra vez en el inicio, en la rotonda del kilómetro 18 de la avenida Bustillo.

El mar

En el otro extremo, la opción que los turistas eligen para disfrutar en Las Grutas es recorrer la costanera y seguir hasta Piedras Coloradas, 5 km al sur. Desde la Primera Bajada se avanza por la costanera hasta la Séptima, donde se puede descender a la playa por el cañadón que flanquea la aldea de los pulperos. El puñado de casitas precarias ofrecen sus frescas mercancías. Frente a él, la entrada de un tradicional barrio privado contrasta con la rústica postal.

Al llegar al balneario Piedras Coloradas tenderse en la arena es la mejor opción para recuperarse del pedaleo y seguir disfrutando de la playa.

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