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CONIN, una organización humanitaria y solidaria que lucha contra el flagelo de la desnutrición infantil

Hace años que en nuestro país el nombre Abel Albino es inescindible de “lucha contra la desnutrición infantil”. En 1993 este pediatra argentino decidió crear la Fundación CONIN, una organización sin fines de lucro que intentaba replicar aquí los resultados obtenidos en Chile por el Dr. Fernando Mönckeberg, el médico que puso al país trasandino en el podio de los índices más bajos de desnutrición de Latinoamérica.

El proyecto se inició en Las Heras, provincia de Mendoza, en el Algarrobal, un Centro de Prevención de la Desnutrición Infantil y Promoción Humana que luego se trasladó a la localidad de El Plumerillo, que tenía una capacidad de atención de 300 niños en forma semanal.

Guillermo Andino y Carolina Prat visitaron uno de los Centros CONIN
Guillermo Andino y Carolina Prat visitaron uno de los Centros CONIN

Años más tarde sería inaugurado el primer y único Centro de Recuperación para Lactantes Desnutridos Madre Teresa de Calcuta, un sitio en el que se recuperaron, hasta la fecha, más de 17 mil niños.

Con el tiempo, distintas organizaciones se fueron sumando y adoptando el Método CONIN hasta conformar una red de Centros que quedó distribuida en todo el país. Cada uno de ellos, luego de ser evaluado y aprobado, se convierte en una franquicia solidaria. Actualmente son más de 100 los Centros CONIN franquiciados distribuidos en 18 provincias de la Argentina.

CONIN lucha contra la desnutrición infantil
CONIN lucha contra la desnutrición infantil

Para esta organización la malnutrición incluye todas las formas clínicas de desnutrición, lo que abarca también el sobrepeso y la obesidad. En Argentina, la prevalencia más alta de desnutrición es la que se manifiesta por déficit de talla o retraso del crecimiento, consecuencia de una desnutrición crónica. Paralelamente se observa en una tendencia al aumento de casos de sobrepeso u obesidad infantil.

Ya desde los inicios del proyecto, los doctores Mönckeberg y Albino plantearon lo que se convertiría en el sostén de todo el sistema: los primeros años de la vida de una persona constituyen la fase más dinámica en el proceso de crecimiento y éste resulta extremadamente vulnerable a las diferentes condiciones. Los déficits o excesos en el estado nutricional infantil están asociados a múltiples factores del ambiente en el que el niño vive desde su concepción.

La malnutrición incluye todas las formas clínicas de desnutrición, lo que abarca también el sobrepeso y la obesidad
La malnutrición incluye todas las formas clínicas de desnutrición, lo que abarca también el sobrepeso y la obesidad

Por eso es que, según los fundadores de CONIN, gracias a las propias características del desarrollo cerebral ese es el período “crítico” en el que se puede intervenir positivamente: a nivel nutricional, a nivel familiar, fortaleciendo vínculos y lazos, y también a nivel del desarrollo, estimulando al niño a nivel psico-afectivo y motor. En esta etapa (“antes del cableado del cerebro del niño”, según la expresión que Albino siempre repite) es posible revertir el daño. Lo que es lo mismo que decir que una vez pasado ese período las secuelas que pueden quedar podrían ser permanentes y dificultar la adaptación a la sociedad, la habilidad emocional y el aprendizaje.

En materia de desnutrición infantil no se puede perder tiempo. Se habla mucho de educación, pero la semilla de la formación jamás podrá fructificar si no hay tierra fértil que la reciba. Donde la malnutrición daña el cerebro de un niño no hay posibilidades ni plan educativo que resuelva ese problema.

Por eso la falta de comida es un problema que deja tantas secuelas. Porque lo que se logra en esos primeros mil días de una persona ya no se podrá hacer jamás.

Hace décadas que la fundación CONIN inició una batalla. Primero en Chile, país en el que existían los peores resultados de América Latina en materia de desnutrición infantil. Luego cruzó la cordillera y lo tenemos aquí. Sin embargo la pregunta es qué hace nuestra sociedad y nuestro Estado por los 750 mil niños que nacen por año.

Carolina Prat junto a una de las profesionales de CONIN
Carolina Prat junto a una de las profesionales de CONIN

No se trata del hambre, que se combate con un plato de comida. Se trata de la desnutrición un fenómeno que requiere de un abordaje complejo e integral como el que propone CONIN. Y para ello hay que recordar todo el tiempo lo que el Dr. Abel Albino viene repitiendo hace años: “Primero se debe preservar el cerebro del niño, y luego educarlo”.

Allí hay que apuntar de inmediato. Es obvio que también es necesario mejorar el sistema educativo. Sin embargo ninguna medida será efectiva si no se hace hincapié en la advertencia de esta organización abocada a enfrentar uno de los grandes flagelos de la humanidad de todos los tiempos.

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