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Colectivos chavistas, golpes, robo y “cinco segundos” para huir con vida: la odisea de una periodista sueca en Venezuela

(@truthandfiction)La periodista sueca Annika Rothstein fue detenida por paramilitares, golpeada y amenazada de muerte, además de robarle su equipo. Ella misma contó su odisea en Twitter.
“Ya estoy en Caracas”, dice el primero de sus mensajes. Escueto pero con una carga implícita enorme: estar en Caracas significaba que había superado su peor pesadilla.
“Ha sido un largo día conduciendo de Táchira a Caracas y ahora estoy sentado con las emociones de lo que pasó. Como terapia, me gustaría contártelo, así que prepárate para un hilo #venezuela”, adelanta.
Lo que sigue es el detalle de cómo el 24 de febrero fue secuestrada por colectivos chavistas, amenazada de muerte, apuntada con armas y cómo le robaron lo más preciado que tiene un periodista: el material obtenido en la travesía.
Su relato en primera persona:
Debido a que los caminos hacia la frontera estaban todos bloqueados por militares, tomamos las carreteras secundarias. Fuimos guiados por los lugareños, pero tan pronto como se fuero..

(@truthandfiction)

La periodista sueca Annika Rothstein fue detenida por paramilitares, golpeada y amenazada de muerte, además de robarle su equipo. Ella misma contó su odisea en Twitter.

"Ya estoy en Caracas", dice el primero de sus mensajes. Escueto pero con una carga implícita enorme: estar en Caracas significaba que había superado su peor pesadilla.

"Ha sido un largo día conduciendo de Táchira a Caracas y ahora estoy sentado con las emociones de lo que pasó. Como terapia, me gustaría contártelo, así que prepárate para un hilo #venezuela", adelanta.

Lo que sigue es el detalle de cómo el 24 de febrero fue secuestrada por colectivos chavistas, amenazada de muerte, apuntada con armas y cómo le robaron lo más preciado que tiene un periodista: el material obtenido en la travesía.

Su relato en primera persona:

Debido a que los caminos hacia la frontera estaban todos bloqueados por militares, tomamos las carreteras secundarias. Fuimos guiados por los lugareños, pero tan pronto como se fueron los colectivos aparecieron. Eran 10 a 15, enmascarados y fuertemente armados.

Sacan sus armas y nos dicen que nos tiremos al suelo. Pusieron armas en la parte posterior de nuestras cabezas y escuché cómo les quitaban el seguro. Estoy en silencio. Congelada. Mientras tanto, nuestras bolsas se abren y todo se tira al suelo. Encuentran mis cámaras y empiezan a gritar de nuevo.

Me gritan que me estoy infiltrando en Venezuela y que estoy tratando de destruir el país y que lo que estoy haciendo es ilegal. Tengo miedo y todo lo que puedo decir es "ok". Uno de ellos, obviamente de alto rango -a juzgar por sus ojos-, quiere mi chaleco.

Tira de éI pero no logra sacarmelo porque tengo una camisa encima. Se enoja y me golpea en la cara. No dije nada. Solo me quito la camisa y me quito el chaleco. Pero no ha terminado. Él sonríe y gesticula hacia mi camisa, también la quiere. Solo porque puede.

Toman todas mis cosas: cámaras, computadora, dinero, ropa y me dicen a la cara que esto es confiscado porque es contrabando. Creo que están a punto de dejarnos ir, pero luego escucho gritos…

Han encontrado un permiso de armas en el auto, que pertenece al conductor, pero no hay armas, y los colectivos se están volviendo locos. "¿Dónde está el arma?", gritan y nos empujan de nuevo al suelo, apuntando a nuestras cabezas. Ahora estoy segura de que todos vamos a morir.

El que es obviamente el jefe le dice a los más locos que no disparen. Luego hay un breve silencio. No puedo respirar. De repente, uno de ellos nos dice que nos levantemos y grita "tienes cinco segundos y luego mueres" y grita "UNO … DOS".

Corrimos al auto y los colectivos comienzan a disparar al aire y siento como si todavía no estuviera respirando a medida que aceleramos. Los disparos se hacen al costado del auto y los oigo gritar detrás de nosotros. Pero no se ha acabado.

Cinco minutos después, algunos lugareños nos detienen en la carretera de San Antonio del Táchira y nos dicen que otra pandilla de colectivos está disparando por la carretera. Estos lugareños, a quienes debo mi vida, nos esconden en su cobertizo donde permanecemos por lo menos una hora mientras hay disparos en ambos lados.

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Las amenazas, los robos y los golpes que sufrió Rothstein se han transformado en una práctica recurrente en Venezuela. De hecho, de acuerdo al el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa de Venezuela, al menos 50 periodistas venezolanos quedaron atrapados en Colombia tras el intempestivo cierre por parte del Gobierno del presidente Nicolás Maduro de la frontera entre ambos países. El balance incluyó 21 casos de violaciones de la libertad de expresión y los derechos digitales.

Lenín Danieri, reportero de Telocuentonews, fue herido en un brazo y el rostro por perdigones; Pascual Filardo, fotógrafo de la Prensa de Lara, fue impactado en sus piernas por una bomba lacrimógena y una periodista del canal RT Redfish resultó herida al ser atropellada por un automóvil conducido por activistas opositores.

El periodista Gregory Jaimes y el camarógrafo David Guacarán, del portal digital Venezolanos Por la Información (VPI), fueron retenidos por civiles por más de 30 minutos y les robaron su equipo de transmisión, teléfonos y tarjetas bancarias.

Maryné Glod, periodista de Venevisión, y su camarógrafo también fueron robados y atacados por civiles armados. Marcos Salgado, corresponsal de la agencia alemana Ruptly, fue secuestrado y mantenido incomunicado unas ocho horas.

Alonso Centeno, camarógrafo de TVVenezuela y de VIVOplay, fue amenazado por personas armadas.

Fueron sacados del aire los canales 24 Horas y la Televisión Nacional, Chile; Radio Caracol, Colombia; Antena 3, España y NatGeo, Estados Unidos; el portal del diario El Tiempo de Colombia fue bloqueado.

A esa lista, recientemente se le sumó el ataque contra el periodista de Univisión, Jorge Ramos, que fue retenido en el Palacio de Miraflores y el régimen le retuvo la incómoda entrevista que le hizo al propio Maduro.

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