Noticias De Bariloche

Aprendiendo de los errores

Desde siempre hemos percibido los errores como fracasos. El miedo a que nos critiquen, a que nos culpen, a que piensen que no somos demasiado inteligentes. Si les pasó, es muy probable que también les pase a sus hijos.

Mucha gente tiene miedo a fracasar. Mucha gente ha dejado de intentar cosas —hacer un deporte, aprender un idioma nuevo, pedir una oportunidad, un ascenso o hablar con alguien que les gusta— por miedo.

Algunos chicos están mejor predispuestos a enfrentar desafíos, a aprender de los errores y a ver las críticas como algo útil, en lugar de verlas como un motivo para rendirse. Este es el tipo de pensamiento que mantiene motivados a los niños, incluso cuando el aprendizaje significa esforzarse.

Sin embargo, hay otros niños que creen que los errores son fracasos. No creen en la habilidad de esforzarse para mejorar y, cuando se frustran, por lo general, abandonan.

La infancia es el momento de la vida en el que los chicos deben aprender a equivocarse y a aprender de los errores. De lo contrario, serán adultos sin perseverancia y no creerán en sus habilidades y sus capacidades para tener éxito. Los niños necesitan tener la confianza necesaria en sus posibilidades. Y esa confianza viene de la percepción que tienen de sí mismos.

Necesitamos transmitirles a los chicos lo mucho que valen. Que sepan, sientan y crean que son valiosos. Como adultos, somos guardianes de su autoestima. Es importante que los niños tengan bien en claro que siempre estaremos con ellos, que siempre los amaremos y nos preocuparemos por ellos, aunque a veces no nos guste lo que estén haciendo. Eso es la base de una personalidad segura, independiente y con una autoestima capaz de soportar obstáculos y adversidades.

Los niños, cuando se equivocan, no lo hacen para nosotros. Sus errores son de ellos, no nuestros. La mejor manera de acompañarlos es saber que cuando ellos se equivocan, es una oportunidad de aprendizaje para ellos. No debemos los adultos frustrarnos a la par de sus errores, sino acompañarlos a salir de sus equivocaciones.

El efecto Pigmalión

El efecto Pigmalión es un fenómeno psicológico demostrado mediante un experimento que el psicólogo Robert Rosenthal realizó en los años 60. Rosenthal buscaba comprobar que las expectativas propias modifican la realidad, provocando que se produzca una profecía autocumplida.

El experimento que diseñó Rosenthal consistió en comunicar a unos educadores que, durante el año escolar, tendrían que instruir a unos alumnos “retrasados”, según indicaba un supuesto test de inteligencia que se les había pasado con anterioridad.

Los educadores, pasado el periodo de instrucción, recogieron en sus observaciones que el grupo estaba, efectivamente, retrasado, cuando en realidad su nivel era normal.

Con este experimento, podemos ver que los educadores actuaron desde una creencia errónea, y que esa creencia determinó su conducta y contribuyó a la mala calificación final de los alumnos, lo que corroboró las expectativas iniciales de los educadores.

Este fenómeno, conocido como efecto Pigmalión, muestra cómo las expectativas de los adultos respecto de los niños operan como una profecía autocumplida, moldeando las expectativas que los chicos tienen sobre su propio desempeño en una tarea en particular.

Lo que viene a demostrar el efecto Pigmalión es que la creencia construye la realidad, y la realidad refuerza la creencia; es decir, la profecía autocumplida. Si un padre le dice a su hijo que es tonto, es muy posible que se comporte como tonto y termine creyendo que es tonto.

Por eso, es muy importante que, como padres, estemos conscientes de la percepción que tienen nuestros hijos sobre ellos mismos. Para ellos debemos:

-Hablar, percibir, identificar y comprender qué percepciones tienen sobre ellos mismos.

-Comprender cómo esas percepciones afectan su autoconfianza

Desarrollar estrategias para lograr que tengan una buena percepción acerca de sí mismos, lo que refuerza la autoconfianza

Como adultos, debemos comprender la importancia de dignificar, naturalizar y capitalizar los errores. Cuando lo hacemos, les estamos enseñando a los niños que, a través de los errores y los fracasos, podemos aprender, mejorar y ser cada vez más inteligentes.

Debemos enseñarles a nuestros niños a amar los desafíos y a sentirse cómodos con el esfuerzo.

La autora es capacitadora y especialista en educación. Su último lanzamiento es “Fuertes y Felices, el manual que no te entregaron cuando tuviste hijos”, de editorial Bonum.

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