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Ante una crisis agravada, en Líbano “revolución” rima con “solidaridad”

Golpeado por una crisis socioeconómica aguda, Líbano resiste gracias a la solidaridad de su ciudadanía. En lugares como Sidón (sur) los manifestantes que protestan contra una clase política incompetente y corrupta, también han empezado a organizar restaurantes y centros médicos gratuitos para los más necesitados.

“Nuestro objetivo es crear una solidaridad social” para hacer frente a la crisis, explica Wael Kasab, unos de los organizadores de una cantina a cielo abierto instalada en la principal plaza donde tienen lugar, de forma regular desde hace más de dos meses, las manifestaciones en Sidón.

“Unos amigos donaron alimentos, algunas mujeres se ofrecieron voluntarias para cocinar”, añade.

A lo largo y ancho de Líbano, de forma similar a Wael, decenas de voluntarios en los campamentos levantados por los manifestantes tratan de suplir las deficiencias del Estado y toman el relevo de las organizaciones caritativas, que han debido reducir sus actividades o incluso cerrar en los últimos meses por las dificultades económicas que atraviesa el país.

La situación, que ya era muy precaria antes del inicio de las protestas el 17 de octubre, se ha deteriorado fuertemente en las últimas semanas.

– “Restaurante de la bondad” –

En Sidón, los manifestantes han creado un banco de sangre donde las personas enfermas pueden recibir cuidados gratuitos. A pocos metros, un “restaurante de la bondad” ofrece platos de comida gratis cinco días por semana.

Abu Ahmad, de 83 años, forma parte de los “clientes” diarios. “Hoy no puedo permitirme comprar mi propia comida”, admite el anciano.

En la misma plaza, varias personas distribuyen ropa a familias sin recursos. Zainab Najm, voluntaria de 45 años, señala que empezó con solo diez artículos. “Ahora, tenemos casi una boutique”, bromea.

La “alegría de los niños cuando encuentran juguetes” entre la ropa donada es lo que más la enternece, asegura.

Desde hace unos meses, Líbano atraviesa su peor crisis económica desde el final de la guerra civil (1975-1990).

El país se está viendo confrontado a restricciones bancarias, una devaluación de la moneda nacional de más del 30 % en el mercado negro, una creciente inflación y una ola de despidos y reducciones salariales.

– “No hay otra solución” –

En este contexto, los manifestantes están redoblando su solidaridad con quienes más sufren la situación económica.

En Trípoli (norte), donde más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, los voluntarios distribuyen cada día 2.500 platos de comida en la plaza Nur, uno de los principales puntos de protesta en la ciudad.

Ante la creciente dificultad de los comerciantes, un grupo de personas recolectó el equivalente a 4.500 dólares para comprar productos de una treintena de pequeñas tiendas locales a punto de cerrar en los barrios más pobres de la ciudad.

Jamal Saqr fue uno de los beneficiarios. “Estaba a punto de echar la persiana por la inflación y la devaluación de la libra”, admite el hombre de 50 años, que ahora podrá resistir al menos unas semanas más.

En Beirut, en la plaza de los Mártires, epicentro de la protesta, voluntarios vestidos con chalecos cargan un camión con alimentos. Y cerca del Banco central, los paquetes y sacos repletos de donaciones cubren la acera. Los manifestantes gritan eslóganes contra la clase política mientras reparten ropa, mantas y colchones entre la gente necesitada.

“Es nuestro deber nacional, movilizarnos y ayudarnos entre nosotros”, afirma Sarah Assi, voluntaria. “No hay otra solución”.

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