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Amazonas: peligra el medio ambiente, ¿y también el acuerdo Mercosur-UE?

(REUTERS/Nacho Doce)
(REUTERS/Nacho Doce)

Buena parte del Amazonas está en llamas y los ojos del mundo se posaron sobre el gobierno ultraderechista de Jair Bolsonaro. El presidente de Francia Emmanuel Macron sostuvo que Brasil mintió sobre sus compromisos en favor del medio ambiente a la hora de cerrar el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, en ocasión de la cumbre del G20 en Osaka el pasado Junio. El primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar dijo que su país votará contra un acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur a no ser que Brasil actúe para proteger la selva de los incendios. Finlandia, por su parte, solicitó a la UE que revise urgentemente la posibilidad de prohibir las importaciones de carne vacuna brasilera. Alemania, si bien tuvo palabras duras hacia Bolsonaro fue –como casi siempre- la más técnicamente rigurosa en su postura, sosteniendo que romper el acuerdo no contribuiría de por sí a reducir la deforestación en Brasil.

¿Pero qué tiene que ver el medio ambiente con el comercio internacional? Hace algunas décadas la respuesta hubiera sido poco y nada. Hoy es bien diferente, sobre todo en Europa, con una sociedad altamente sensibilizada por este tema. Nadie puede sorprenderse por las posturas de sus líderes ante la catástrofe ya que muchas previsiones ambientales están contenidas en el acuerdo UE-Mercosur, ese mismo acuerdo que el propio Bolsonaro firmó hace menos de dos meses.

Dicho tratado ratifica en primer lugar el Acuerdo de París COP21, ante el cual el presidente brasileño se había mostrado escéptico y hasta había circulado la idea de denunciar el mismo, tal como había hecho Donald Trump, otro negacionista de la realidad del cambio climático. A su vez los gobiernos incorporaron expresamente el principio preventivo ambiental que permite a las autoridades tomar medidas para proteger a los humanos, los animales, las plantas o el medio ambiente de potenciales riesgos ambientales, aún cuando no exista certeza científica concluyente. Esto funciona puertas adentro de cada país, y genera un alto riesgo que Europa imponga restricciones y barreras para arancelarias a nuestros productos en el futuro.

Además dice expresamente el texto firmado que no debe aumentarse el comercio a costa del ambiente. En particular el acuerdo se propone trabajar contra la deforestación, dejando sentado que se regulará que no entre a Europa carne ni soja que hayan sido producidas en áreas recientemente deforestadas, en especial del Amazonas, tal como ahora piden los finlandeses. Justamente allí está una de las razones detrás de las cuales muchos ven la posible intencionalidad de los incendios: deforestación ilegal para que avance la frontera agrícola y se sumen nuevas tierras para el pastoreo vacuno.

Ni bien se conoció el acuerdo al que se llegó en Osaka, Greenpeace expresó que se trata de un desastre ambiental y denunció: “Negociaron autos por vacas a costa de entregar la deforestación del Amazonas”. Si la más conocida organización ecologista del planeta sostuvo esto antes de los incendios, es fácil imaginarse como se han extremado luego las posturas actuales en Europa contra el Mercosur.

Las ONG ambientales tradicionales no están solas. Aparecen nuevos actores disruptivos en la lógica política clásica. Greta Thunberg, una adolescente sueca de 16 años, habló en el Foro de Davos y pidió a los líderes: “Quiero que entren en pánico. Vengo a pedirles que actúen como si la casa estuviera en llamas. Porque nuestra casa está en llamas”. Luego de eso inicio un movimiento de estudiantes “Fridays for Future”, que viene protestando todos los viernes para forzar a los gobiernos a tomar acciones concretas.
Hace décadas los partidos verdes europeos cuentan con apoyo creciente, basado a una agenda coherente en el tiempo, cercana a la gente con temas cotidianos como alimentación, reciclaje de basura y uso de medios de transporte alternativos, y con altísima adhesión entre los jóvenes. Esto es muy fuerte en Alemania, donde en las últimas elecciones al Parlamento Europeo salieron segundos, tras lo cual ahora pelean el primer lugar en las encuestas. Si Los Verdes logran liderar el próximo gobierno alemán, podría haber un veto al acuerdo por parte de dicho país, y el impacto político de un gobierno verde en esa potencia retumbaría en todo el continente. Aún si llegan a ser socios menores de una coalición también tendrán una influencia relevante para bloquearlo.

Pero Los Verdes no son la única fuerza política que puede socavar el acuerdo comercial. El avance nacionalista y de la ultraderecha, que ya gobierna en Polonia y Hungría, cogobierna en Austria, y tiene cada vez más fuerza en Holanda e Italia, allí con la figura discriminatoria, antiinmigrante y antieuropea de Mateo Salvini, es naturalmente contrario al libre comercio. Pueden ser que no lleguen a liderar Europa, pero quizás consigan la fuerza suficiente paran tener poder de veto en varios asuntos, entre ellos el comercio.

Paradójicamente, aunque los verdes son socialmente liberales y pro-europeos, y se presentan asimismos como garantía democrática y de tolerancia ante esta nueva derecha nacionalista-xenófoba, se puede dar una “alianza táctica” no dicha: que ambos grupos se opongan al tratado con el Mercosur y logren bloquearlo (unos por cuidar el ambiente, otros por rechazar la apertura comercial). Otra alianza impensada pero que ya está ocurriendo es entre verdes y agricultores europeos. En sus países son enemigos, ya que los verdes pretenden estándares y limitaciones de producción que son más costosas para quienes viven de la agroindustria, pero ante los productores sudamericanos el argumento ambiental de los verdes es tomado por los agricultores asegurando que ellos producen de manera más amigable con el ambiente, y por eso deben ser protegidos. Incluso ya se comenzó a hablar del “eco-dumping” de los productores de Mercosur: los productores europeos no aceptan ser menos competitivos que argentinos o brasileros, sino afirman que los menores costos de producción nuestros no son por tecnología o competitividad, sino por uso y explotación indiscriminada de los recursos naturales y bajos niveles de cuidado ambiental, calidad de productos y bienestar animal, entre otros. Con ese argumento están requiriendo ser cuidados por sus gobiernos, y es un argumento mucho más atractivo para la sociedad y los políticos que el simple y anticuado proteccionismo.

Las llamas en Amazonas pusieron el cambio climático en el centro de las noticias globales. Desde Sudamérica debemos atender más y mejor los temas ambientales, sin buscar excusas ni minimizar las preocupaciones que legítimamente tiene el resto del mundo y nuestra propia región. Tenemos mucho que aportar para enfrentar el cambio climático: además de sus recursos naturales, nuestras técnicas de producción, la innovación y productividad de nuestra agroindustria, y la capacidad de proveer de alimentos a un mundo que los requiere y donde millones aún pasan hambre. Todo eso debe ser conjugado con la protección ambiental, sin discusión. El gobierno de Brasil no puede seguir negando la realidad ni cerrarse a la ayuda internacional, o jugar a la política chiquita enredándose en rencillas menores con otros países, casi en un juego de egos entre Bolsonaro y otros líderes. Es demasiado lo que está en juego para tamaña irresponsabilidad. El resto de la región debe tener una voz firme en esto, porque tenemos un destino compartido y una obligación común de cuidado de la naturaleza y la vida.

No sólo es nuestra obligación con el planeta y las futuras generaciones: está también en juego nuestra propia conveniencia. Si somos vistos por el mundo como los nuevos “villanos ambientales” pagaremos las consecuencias, si no es directamente por sanciones ambientales será a través de limitaciones al comercio, o porque algunos consumidores directamente rechazarán nuestros productos como forma de protesta. No podemos dilatar respuestas y acciones concretas con una mirada sistémica del problema para mejorar la situación ambiental de la región y del planeta. Es hora de actuar, en conjunto, con protagonismo sudamericano, sin prejuicios, de cara a la realidad y toda la complejidad del problema. Sin exagerar ni un ápice: en esto nos va la vida.

El autor es director de RED Consultora y docente de Comercio Exterior en la Universidad de Belgrano

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