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Aldo Sessa: El teléfono te hace jugar, estoy mucho más experimental que nunca en mi vida”

Aldo Sessa
Aldo Sessa

El pasaje Bollini es como un viaje en el tiempo. Sus callecitas adoquinadas, sus casas bajas, de estilo, de paredes pintadas de colores alegres, recuerdan a esa Buenos Aires que todos alguna vez miramos en fotos. Es fácil imaginarse algún carruaje, el golpeteo de los cascos de los caballos. En resumen, es una pieza que desentona en una ciudad que se parece cada vez más a cualquier otra. Y eso, lo hace hermoso.

Allí, el gran fotógrafo argentino Aldo Sessa posee su taller, que se acerca más por su estética a una galería. Enormes fotos en blanco y negro de diferentes etapas engalanan paredes, dando al espacio un aire de equilibrio estético puntilloso. Balance. A esas obras, solo le faltan estar firmadas; solo le faltan la firma del artista.

Debajo de un cuadro de su época pictórica de temática espacial y, tras bajar unos escalones, enfrentada a una maravillosa serie de palomas en cables de electricidad, una vitrina protege una colección de cámaras y artilugios que en el futuro serán parte de una fundación que estará al otro lado de la callecita: daguerrotipos, extrañas farolas, máquinas fotográficas caseras, otras con fuelle, incluso un bastón, unos binoculares y hasta un reloj con cámaras ocultas, de espía. La variedad es tanta que allí hay cuerpo para realizar un viaje por la historia de la fotografía, época a época, cámara a cámara.

"Mi tercer ojo" es su primera muestra exclusiva de fotos sacadas con celular. Se presenta desde hoy en Maman Fine Art
“Mi tercer ojo” es su primera muestra exclusiva de fotos sacadas con celular. Se presenta desde hoy en Maman Fine Art

Sessa habla bajito, asegura que le encanta el silencio, y que incluso cuando ya no tiene tareas por realizar prefiere quedarse en un patiecito interno del estudio “porque le genera sosiego”. Está alegre. Saca de uno de sus tantos bolsillos un celular. Sonríe.

Y lo hace porque desde hoy, presenta Mi Tercer Ojo, su primera muestra realizada íntegramente con el celular en Maman Fine Art Gallery. En diálogo con Infobae Cultura, cuenta que esta aventura comenzó hace dos años: “Cuando aparecen las primeras cámaras en los celulares, me parece un camino muy interesante a desarrollar y empiezo a seguirlo. Pero nunca pensaba en poder usar ese potencial desde el punto de vista artístico. Empecé a usarlo como un block en el que podía hacer un boceto de algo”.

Entrevista a Aldo Sessa – La Fotografía Digital (Infobae)

“Obviamente, estaba siempre encima con mis cámaras analógicas, mis amores, una rolleiflex, una Leica y una cámara digital de alta definición para estar cubierto totalmente y el teléfono en el bolsillo. Así fui funcionando, a veces el teléfono lo usaba como una referencia, el cartel de la calle donde había estado, una dirección, como apoyo. En un momento determinado, en los últimos dos años, empecé a darme cuenta que si disparaba todos los aparatos, el que tenía el mejor balance de blancos era el teléfono”.

Si bien la cámara del celular todavía es resistida por algunos fotógrafos, tanto documentales como artísticos, para él fue un momento eureka, una epifanía. Allí, en “ese aparatito chato que lo tiene todo el mundo, tan bajo perfil” había algo más.

“Hoy en día podés hacer un libro con el teléfono. Encarando esta muestra, quiero destacar que puede ser usado con un criterio totalmente artístico, más allá de lo documental. Hablo con mi asistente, Jorge Granados, y le pregunto a cuánto puedo ampliar una foto. La hicimos de dos metros y eso es lo que vamos a exponer, maravilloso”, cuenta.

A lo largo de su trayectoria, a Sessa siempre lo movió una sensación por la incertidumbre, un deseo por experimentar y los preconceptos no iba, como no lo fueron antes, a detener de intentar satisfacer ese deseo de indagar en “el juguete”: “Este artefacto empezó a instalarse en primer plano dentro de mí. Empecé a hacer siempre las cosas que no podía hacer con las otras máquinas. Todo lo que pasa por delante de tus ojos cuando estás desarmado, que no podrías hacer foco manual, que la película no te da, que la sensibilidad, te olvidás del trípode, que necesitás más luz. Esto anda con todo, en la oscuridad, en la penumbra”.

“El teléfono lo que tiene además es que te hace jugar. Yo he vuelta a mi infancia, estoy mucho más experimental que nunca en mi vida. Siempre hice muchas cosa experimentales, pero mucho más elaboradas, con más elementos”.

Para el artista del ojo absoluto, de formación pictórica, el contacto con el celular generará toda una nueva camada de fotógrafos que ya no dependerán de una escuela o de un maestro, porque la posibilidad de la práctica constante generará, explica, que aprendan a entrenar la mirada.

“Lo más importante de la fotografía es tu formación visual, es realmente entrenar tu ojo para mirar y no solo para caminar por la calle en una dirección para encontrar el número de un edificio. Vas con anteojeras, (el teléfono) rompe las anteojeras. Por eso digo que es la revolución de la mirada, sin que pasen 60, 70 años, como pasó en mi vida que yo formé una mirada en la cual veo todo. La masa mundial miles de millones de personas que tienen el teléfono, sin darse cuenta están aprendiendo a mirar y van a hacer un curso muy rápido. Por que tardarán dos meses, un año, pero se acabó, no son 60 años de formación. Ya está. Es fantástico la difusión y esa democratización de la mirada es tal cual, esa es la cosa”.

(Infobae)

En toda existencia siempre hay puntos de inflexión. Y él tuvo el primero por una de esas casualidades que cuando suceden cambian un destino. En su caso, fue el encuentro con Jorge Luis Borges, para quien ilustró el libro de poemas Cosmogonías, en 1976. Así lo recuerda:

Todo fue “gracias a un sobrino de él, Miguel de Torres Borges, hijo de Norah Borges, que cuando yo empecé a ilustrar los poemas metafísicos y relacionados con el espacio, por interés personal, ya que tengo una gran atracción por ese tema, se lo contó a Borges y él le dijo ‘conectanos’. Y nos conectó. Eso fue un espaldarazo. Son momentos de la vida, puntos de inflexión, en donde vos te catapultás”.

Por aquellos tiempos, Sessa ya había expuesto. De hecho, en 1952 participó en su primera muestra grupal 35 Niños Pintores, en la extinta Galería Müller, una de las más importantes del momento. Su lazo con la pintura llegó a través de su madre, quien cuando era él pequeño lo llevaba “al taller de Lucio Fontana”. Luego de la nota, Sessa le reveló a los periodistas de Infobae una serie de esculturas que había realizado su madre en el taller, pero prefirió que no sean documentadas, porque, dijo, “son recuerdos que le pertenecen solo a él”.

Aldo Sessa y Jorge Luis Borges, y la pintura "Antes del principio", que hoy está en la NASA (Gentileza Aldo Sessa)
Aldo Sessa y Jorge Luis Borges, y la pintura “Antes del principio”, que hoy está en la NASA (Gentileza Aldo Sessa)

Sessa también trabajó con Manucho Mujica Láinez, Sabato y Silvina Ocampo, aunque quizá el autor con quien tuvo un vínculo más cercano fue Ray Bradbury, el padre del sci-fi, y un apasionado como él por los misterios más allá del firmamento.

“Le escribí a Syd Solow (director de CFI) si él tenía alguna forma de hacerle llegar mi libro de Borges a Bradbury y él me dijo, conozco a una persona que lo conoce mucho, soy yo. Mandamelo que se lo paso. Lo hice y (Bradbury) me manda un sobre de este espesor, lleno de textos, con una carta muy simpática que decía ‘fijate si podemos hacer algo juntos, si hay algo que puede servir de todo esto’. Y empezamos a trabajar en nuestro libro que se llama Fantasmas para siempre”.

Sobre el encuentro con el primer boceto, comenta: “Yo voy con el libro todo orgulloso para mostrárselo y entro a un boliche todo negro, sin luz. Yo no puedo ver fotos sin luz, porque me enfermo. Entonces pido 10 velas, me las ponen y lo vemos. A él le encanta y a mi me parece un horror, no me gustó nada. Pensé que estaba cometiendo grandes errores en mi concepción, porque ese libro con un visionario como Bradbury, surrealista, de la ciencia ficción y yo que tenía la suerte de estar al lado de él, tenía que tener un carácter mucho más moderno. Entonces le dije, ‘¿te gusto?, ¿cuándo nos encontramos a la vuelta de París?’ Vas a ver otro libro. Ahí ya me lanzo a Time Square por unas máquina de computación, de 1979, empiezo a pasar ilustraciones mías por esas máquinas donde se descompone la imagen y me pareció muy interesante”.

Junto a Ray Bradbury (Gentileza Aldo Sessa)
Junto a Ray Bradbury (Gentileza Aldo Sessa)

“Después decido que todas las páginas van a estar impresas, salpicadas de puntos que van a ser plateadas sobre blanco y sobre eso van los textos. Un despeloto. A Bradbury se lo muestro y le gusta todavía más. ¿Y qué había pasado además entre Borges y Bradbury que fue un gran enganche? Es que Borges presentó Las crónicas marcianas, le hizo el prólogo para la versión española, entonces sentía una gran admiración por Borges. Entonces seguimos amigos hasta que se murió y a los 25 años de esa amistad hicimos otro libros que se llama Sesiones y Fantasmas, en donde hice todas naturalezas muertas acá en el estudio”.

Asegura que en su acervo posee más de 3 millones de fotografías propias, de las cuales 400 mil son digitales y 25 mil realizadas con el celular. Este hombre, que durante seis años sacó por día entre 300 y 400 instantáneas dentro del Teatro Colón, ha recorrido tantas culturas, de Argentina y el mundo, que solo pensar en enumerarlas le hace mirar al techo, tratando de acomodar de alguna manera todas las imágenes que le surgen en la mente.

(Infobae)

Pero el mundo creativo de Sessa no siempre fue fotográfico. Durante 12 años fue un pintor, con más de 200 obras, aunque -explica- que “el problema de la pintura con respecto a la fotografía es que hablás por telegramas. No te podes expresar más largamente que con un telegrama, en todo sentido, en el concepto y en la imagen. Podés pintar 30 ó 40 cuadros en un año, pero en el momento en que estás mostrando algo que fue elaborado en dos años, estás en la cabeza en los próximos cuatro años. A mí me resultó muy dura la pintura”

Aunque admite que esa experiencia, la de trabajar con colores primarios y formar sus propias combinaciones, fue esencial para su formación fotográfica: “Se te instala en el cerebro en el que aprendés composición, el equilibrio de todos los elementos. Tenés una tela en blanco, la paleta, por ejemplo”.

El ojo absoluto
El ojo absoluto

“Esa práctica ya te deja la paleta instalada en la cabeza. En todas las artes es un camino infalible a recorrer, en que vos puedas largar todo lo que tenés en tu interior lo que vos sentís, ese mundo que sentís, lo sentís en tu mente, en tu corazón y en tu cerebro mandas un click que es bajar el dedo medio centímetro. Todo eso te queda absolutamente incorporado. En fotografía cuando estás haciendo retratos estás entrando en la persona. Eso de que le robás el alma que dicen los aborígenes es absolutamente verdad. Mucho más que verdad”, cuenta.

También, tuvo una aproximación al cine. Se confiesa un “director frustrado”, pero acepta que su corto desarrollo en la industria audiovisual estuvo ligado a su incapacidad para relacionarse con grandes equipos de trabajo.

“Yo estuve muy conectado con el cine, soy un director de cine frustrado por mi carácter, soy un tipo bastante tímido aunque no parezca y solitario. Deteste el sonido, el sonido es mejor en el silencio. Yo no podía resolver el problema de mi personalidad con el equipo de filmación. Cuando lo conocí a (Ingmar) Bergman en Los Angeles y lo vi trabajar ese problema lo hubiera podido solucionar diciendo ‘por favor, el equipo lo quiero a 30 metros’”.

Y retoma: “Yo estaba muy involucrado en la industria del cine, porque mi abuelo fundó los laboratorio Alex en Argentina en 1928. Estuve 15 años ahí. En un momento fui a Los Angeles invitado por uno de los grandes de Hollywood, que era director del laboratorio más importante, CFI, y trabajé con él, viví en su casa un año y medio. La producción nuestra anual, ellos la hacían en 15 días”

Para Aldo Sessa su exposición en Maman es como la primera. Esa nueva juventud que le regaló fotografiar con un celular se hace presente en sus ojos. Chispean, sus ojos chispean, cuando en medio de la entrevista saca con sigilo el teléfono y comienza a fotografiar a los artistas. “Deberías sacar tus propias fotos”, recomienda. Respondo que lo hago, me pide que se las muestre. Da consejos, hace preguntas, en cuestión de segundos pasa de ser entrevistado a maestro. Asegura que siempre le gusta mirar fotos ajenas, que las personas tenemos tesoros que ni nosotros sabemos y que deberíamos colgarlas en nuestras casas. La pasión lo desborda.

Más de 60 años de carrera: pinturas, libros, millones de fotos. Uno de sus cuadros, incluso, puede verse en la NASA, su obra Antes del Principio fue obsequiada Estados Unidos con motivo del bicentenario de la Independencia de ese país y hoy se exhibe permanentemente en el Centro Espacial Lyndon Johnson.

¿Lo queda algo por hacer?

-La vida nunca te alcanza, he trabajado tanto tanto que no me puedo quejar. Yo ya viví, yo ahora tengo 80 años prácticamente en un mes. Ya viví 160 años, no se preocupen. Estoy re hecho, ya cerré el círculo también. Luché, luché, luché para hacer esto. Ya lo hice, acabo de hacerlo, ya está. No me falta má nada, pero me voy a divertir, quiero vivir muchos años más.

Fotos y video: Gastón Taylor

Edición de video: Iván Orloff

*Mi tercer ojo, de Aldo Sessa se presenta en Maman Fine Art Gallery, Av. del Libertador 2475. Entrada gratuita.

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