Noticias De Bariloche

Alberto Fernández: desafíos y oportunidades en materia internacional

El presidente electo Alberto Fernández (REUTERS/Mariana Grief)
El presidente electo Alberto Fernández (REUTERS/Mariana Grief) (MARIANA GREIF/)

América Latina pasó de ser una región considerada como relativamente estable en términos de institucionalidad democrática a encabezar los principales titulares de los medios internacionales por una sucesión de acontecimientos que plantean serios desafíos a nuestras jóvenes democracias.

Desde las fuertes reacciones populares ante medidas de ajuste económico seguidas por la represión de fuerzas militares o policiales en Ecuador y Chile, pasando por la crisis constitucional aun no resuelta en Perú tras la destitución de Kuczynski y la tensa situación en Brasil tras la liberación de Lula, hasta la lamentable reaparición en la escena política de las Fuerzas Armadas forzando la “renuncia” del presidente constitucional en Bolivia: en el lapso de apenas dos meses se ha configurado un convulsionado clima en la región que ya trasciende ampliamente la situación que desde hace un buen tiempo atraviesa Venezuela.

Las venas abiertas de América Latina

El último episodio que ensombrece el horizonte democrático en la región se registró en el vecino país de Bolivia. Tras un proceso electoral cuyos resultados habían disparado toda clase de especulaciones y denuncias de irregularidades como las de la OEA, le siguió una ola de violencia inusitada, que ni siquiera el llamado a nuevas elecciones pudo acallar.

Un Evo Morales cada vez más horadado en su legitimidad tras la derrota en el referendo de 2016 y la para muchos forzada intrepretación constitucional que lo habilitó a competir nuevamente por la presidencia, fue “invitado” a renunciar por los comandantes de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. La asunción de una nueva mandataria por un mecanismo de sucesión de dudosa legalidad, la apelación a símbolos religiosos, y las declaraciones de varios ministros en relación a una supuesta cacería de ex funcionarios de Morales y del rol del periodismo avizoran un futuro complejo en dicho país.

En un Chile que muchos presentaban como un “modelo a imitar” aun continúan las protestas que se derivaron tras el anuncio de un aumento en el transporte pero que, en realidad, operó como el catalizador de una sociedad jaqueada por las desigualdades. Aun está por verse si el anuncio del Presidente Piñera en relación a la reforma de la Constitución heredada de Pinochet podrá apagar las llamas.

En el Brasil de Jair Bolsonaro, el ex mandatario Lula da Silva logró obtener su excarcelación, anticipando su vuelta a la arena política y movilizando a los millones de brasileros que ven en él el líder que el país necesita. En México, la tensa convivencia entre bandas de narcotraficantes que controlan parte del territorio y el gobierno mexicano se ha evidenciado como el desafío más grande de la gestión de López Obrador. Basta recordar el confuso episodio vivido en el país azteca en los últimos meses con la detención del hijo del “Chapo” Guzmán, que desató una reacción violenta de un verdadero ejército narco en la principal ciudad de Sinaloa, y obligó al gobierno nacional a dar marcha atrás.

A ello se suma la tensa calma que se vive en Ecuador tras los 12 días de protestas que siguieron al anuncio de la eliminación del subsidio al combustible, la crisis constitucional aun irresuelta en Perú de cara a las elecciones presidenciales convocadas para enero de 2020, y la persistencia de la dramática situación que padecen muchos venezolanos y que ya ha provocado que más de 4 millones de ciudadanos hayan emigrado del país desde 2015.

5 presidentes argentinos, 5 escenarios internacionales

No cabe dudas de que la Cancillería es una de las carteras más difíciles de dirimir para los titulares del Poder Ejecutivo. Cada época tiene sus desafíos y parte del futuro político de los gobiernos se dirime a partir de la habilidad que los mandatarios tienen en materia de política exterior y de las alianzas estratégicas construidas en el sistema internacional.

A lo largo de casi 40 años de democracia continuada, cada presidente se colgó la banda presidencial con un escenario internacional tan desafiante como distinto entre sí.

En 1983, cuando Raúl Alfonsín asumió los atributos de mando, el mundo se regía aun por la lógica de la guerra fría y el mundo bipolar. Estados Unidos y la Unión Soviética se dividían los países y regiones en torno a su ideología e intereses geopolíticos. Al líder radical le tocó un difícil momento regional, en el cual los países vivían sus transiciones entre los procesos dictatoriales de la década de 1970 y las florecientes democracias de la década de 1980. Además de la difícil transición que el gobierno tuvo que sobrellevar con el resabio del gobierno militar aun poderoso –el cual tensaría la precaria estabilidad democrática-, la región atravesaría, en términos generales, una década marcada por escenarios económicos poco favorables y el peso agobiante de deudas externas contraídas por los gobiernos de facto.

Cuando Carlos Menem ingresó al recinto del palacio legislativo para recibir el bastón de mando en 1989, el Muro de Berlín estaba a punto de sucumbir, y con él emergía una nueva reconfiguración del poder mundial con una clara preponderancia de los Estados Unidos. En este período presidencial –comprendiendo los dos mandatos consecutivos que el riojano logró obtener tras impulsar la reforma constitucional- se estrecharon los lazos con el país del norte, al punto tal de calificar dichas relaciones como “carnales” y enviar tropas nacionales a participar de las Guerras del Golfo Pérsico.

Si bien la globalización no es un fenómeno de los últimos años, sí lo es la revolución tecnológica que se aceleró en los últimos 30 años del siglo XX, y que alteró los vínculos políticos, económicos y sociales tal y como se venían dando. En ese contexto y en una Argentina hastiada de la corrupción asumió Fernando De la Rúa, quien además de un conflictivo escenario interno marcado por la salida de la convertibilidad, tuvo que convivir con un mundo convulsionado por el fenómeno del terrorismo y las nuevas amenazas globales, cuya imagen más representativa fue el ataque terrorista a las Torres Gemelas en 2001.

Al asumir el poder el kirchnerismo en 2003 y lograr la primera elección de Cristina Fernández en 2007, el contexto internacional estuvo marcado por el boom de los commodities que tanto el gobierno criollo como sus pares de la región supieron aprovechar, en un contexto caracterizado además por las inocultables afinidades políticas entre la mayoría de los gobiernos. Así, tanto Venezuela con el petróleo, Chile con el cobre, Bolivia con el gas y Argentina con la soja –sólo por nombrar algunos ejemplos- se beneficiaron del despertar del gran gigante asiático –China- cuya industrialización y apertura económica planteó la necesidad de alimentar a la masa de personas que progresivamente se trasladaba a grandes centros urbanos industriales.

El 2015 marcó un cambio de rumbo en materia internacional para la Argentina. La apuesta del gobierno de Mauricio Macri fue la de virar la mirada del Palacio San Martín desde el eje latinoamericano hacia el liderado por el Estados Unidos de Donald Trump y la Europa de Emmanuel Macron y Ángela Merkel. En el plano regional dicha política fue acompañada por la buena sintonía con Bolsonaro y la participación en la gestación del denominado “Grupo de Lima” que busca presionar por la salida de Maduro del poder en Venezuela.

La agenda internacional de Alberto

Ya durante la campaña electoral, Alberto Fernández fue marcando una suerte de “hoja de ruta” en materia internacional. Sin duda, y sin desconocer lógicamente los conflictos internos que demandarán su mayor atención, prestará privilegiada atención al plano internacional, como lo demuestran los viajes que ya realizó o realizará como Presidente electo: México, Uruguay, Chile, Francia, Italia y, probablemente Alemania.

Si bien Argentina consolidará su presencia en el Grupo de Puebla no se esperan cambios bruscos en lo que respecta a la relación con los Estados Unidos. De hecho, el presidente electo ya mantuvo un diálogo cordial con el mandatario estadounidense -que incluyó la relación con el FMI- y por ahora descarta el abandono del “Grupo de Lima”, aunque dejando muy en claro que no avalará ninguna solución bélica para Venezuela. Tampoco se esperan cambios en relación al buen vínculo que Macri supo construir con su par francés.

Asimismo, es de esperar una apuesta decidida a revitalizar la integración regional, lo que a la luz de los previsibles obstáculos que encontrará en el Mercosur, probablemente transcurra a través de la CELAC -Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños-, que desde 2020 será presidida por un nuevo aliado, Andrés Manuel López Obrador.

Las relaciones internacionales nos han enseñado que no existen escenarios internacionales puramente beneficiosos, como tampoco los hay perjudiciales en su totalidad. Como en cualquier rama de la política, existen oportunidades, fortalezas, debilidades y amenazas.

El nuevo gobierno encabezado por Alberto Fernández deberá hacer frente un escenario regional turbulento. Algo que no necesariamente entraña una amenaza sino también una gran oportunidad para que Argentina recupere un liderazgo que permita la defensa del interés nacional en pos de garantizar la prosperidad de los argentinos y de -como reza el Preámbulo constitucional- “todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar nuestro suelo”.

*Sociólogo, consultor político y autor de Comunicar lo local (Parmenia, 2019)

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