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Maratón de la pizza: cinco historias de una particular competencia por la mejor muzzarella

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Una noche de 2012 dos amigos, el arquitecto Franco Antolini y el cronista gastronómico Martín Auzmendi, se encontraron subidos a una acalorada discusión que los enfrentó en un ida y vuelta de argumentos, refutaciones y hasta algún exabrupto, el debate: cuál era la mejor muzzarella al corte de la Avenida Corrientes.

Como no se ponían de acuerdo, decidieron que la única forma de saberlo era probarlas todas. Días más tarde, Auzmendi le contó la idea a otro amigo, Joaquín Hidalgo, también periodista, que se le ocurrió que eso podía ser una maratón. Y palabras más, palabras menos, primero por Twitter, contando la idea por radio, logrando la atención de los medios, hicieron de esa discusión de una noche de domingo, una competencia.

(Nicolas Stulberg)

El 15 de septiembre de 2012 desde pizzería el Imperio se lanzó la primera maratón. El Palacio de la Pizza se alzó ganadora, seguida por Güerrin (2013), La Santa María (2014), un empate entre Pin-Pun y Güerrin (2015), y el Imperio de la Pizza (2016).  En esta última maratón los cupos para “correr” se agotaron en sólo 4 minutos, en los que 1500 personas se anotaron para estar entre los encargados de definir la mejor muzzarella de Buenos Aires.

Un inglés fanático de la muza 

(Nicolas Stulberg)

Se llama Dick Stroker y nació en Brighton, Inglaterra, una ciudad cercana a Londres, al sur de la isla británica. Sin embargo hace tres años que conoció a Belén, porteña, y desde hace un año y medio su esposa. “Era su sueño“, le comentó ella a Infobae, que hace unas semanas y sin previo aviso se encontró con que su marido la había anotado en la competición.

“En Inglaterra no hay de esto”, comentó Dick segundos antes de largar. Lo máximo que logró comer hasta ahora el inglés, en las semanas previas durante las que admite estuvo “entrenando”, fueron sólo cuatro porciones, aunque cree que este domingo va a poder romper su récord. Belén en cambio tiene una técnica: “voy a hacer degustación, comer completas sólo las que me gusten”.

En Familia

(Nicolas Stulberg)

Pablo y Sandra, con dos cochecitos en los que van Julián (5) y Maitena (2), se tomaron el colectivo en Parque Chacabuco y llegaron hasta pizzería Imperio, en Chacarita, desde donde largaron apenas pasadas las 11 de la mañana con los primeros bocados de muzarela, dispuestos a dar los últimos en el Obelisco, la meta final.

“Hace cuatro años que venimos acumulando ganas de comer pizza”, aseguró Pablo, que el sábado a la noche no cenó, para poder dar lo mejor en la competencia. “Estoy a dieta, bien vacío, menos los nenes que ellos sí comieron porque si no nos comen a nosotros, pero estamos bien preparados”, dijo, al tiempo que dejó saber que según las versiones que escuchó por radio de participantes anteriores “no llegás a la tercera pizzería porque es muy intenso”.

Una pizza antes del partido

(Nicolas Stulberg)

Aldana, Victoria y Natalia, son parte del equipo de voley femenino de Juventud de Belgrano, un club del barrio de Colegiales que está puntero en su zona y que este mismo domingo a las 19:30 intentará mantenerse en lo más alto de la tabla de Unilivo frente a Sunderland de Villa Urquiza. La confianza es tal que cinco de ellas se van a comer una pizza entera, ocho porciones, antes del encuentro.

“El entrenador se quiere matar, porque hoy tenemos partido, me mandó 58 mensajes pidiéndonos que comamos mucho”, contó Aldana entre risas, agregando que el año pasado hicieron lo mismo y les fue bien, por lo que la maratón de la pizza estaría casi por convertirse en una cábala del conjunto de Colegiales.

Todas llevan pantalones anchos en los que sólo se ven porciones de pizza. “En abril compramos la tela y nos los hicimos”, contó Natalia, mientras que Victoria sumó “queríamos venir cómodas y nos hicimos estas carpas de pizza, el elástico está flojísimo, podemos comer lo que queramos“.

Maratonistas de la pizza

(Nicolas Stulberg)

Matías y Carolina se conocieron estudiando Ingeniería Civil, pero encontraron que tenían algo más en común que la carrera. “Desde la primera vez que salimos a comer nos dimos cuenta que comíamos por cuatro siendo dos nada más”, admitió él, con una toalla al cuello mientras se seca el sudor, con cuatro pizzerías que lleva recorridas y cuatro por recorrer.

“Hace un mes prácticamente nos convertimos al veganismo” acotó Carolina, que al igual que su compañero de aulas y de almuerzos, lleva puesta una vincha deportiva de las que supieron estar de moda en los 80, que eligieron como parte del outfit de runner pizzero con el que participan.

Inclusive, ante la preguntan de si hubo algún tipo de entrenamiento, la pareja de amigos improvisa algunos ejercicios y en medio de la vereda, mientras Carolina sostiene en alto una porción de muzarela, Matías salta, se contorsiona y estira el cuello en el aire al borde del desgarro para intentar morderla.

Vestidos para la ocasión

(Nicolas Stulberg)

Es la segunda vez que participan, cuatro amigos que eligieron la maratón para ponerse todo lo que tenían, que aseguran “lo sacamos todo de canje de amigos nuestros”.

Fue así que una amiga que tiene una casa de cotillón les preparó gorros personalizados. Sombreros que van desde la clásica calabresa, pasando por la primavera, la tradicional muza y hasta una con huevo para los más exigentes.

Los lentes de colores fueron cedidos por otro compañero del club en el que juegan al rugby, que vio en estos cuatro participantes la oportunidad ideal para promocionar su producto y ellos una buena forma de amortizar los gastos de la inscripción.

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(Nicolas Stulberg)

Fotos: Nicolás Stulberg // Edición video: Thomas Khazki 


Fuente: Infobae | Información General

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